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Editorial de DIARIO DE NOTICIAS

Empecinarse en el error del inmovilismo

Las críticas del PP a la reunión entre Urkullu y Puigdemont o la llamada de Rajoy a Sánchez a la “unidad de España” sólo buscan ocultar el alcance de la corrupción y la inútil obstinación en no solucionar ambos problemas del Estado

Sábado, 24 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

la lectura crítica realizada desde el Partido Popular a la reunión mantenida el pasado lunes entre Urkullu y Puigdemont y la apelación del presidente del Gobierno español al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, para llegar a un acuerdo de Estado “en defensa de la unidad de España” vuelven a poner de manifiesto la incomprensión con la que se trata desde el poder político y mediático de Madrid la realidad de un Estado plurinacional y las aspiraciones de autogobierno -y de incrementarlo- de territorios como Navarra, la CAV o Catalunya. Evidencian al mismo tiempo el problema continuado que para el Estado supone la contención de esas pretensiones y lo fallido del intento de encajarlas que supuso la configuración de la estructura autonómica en 1978, así como el error de su transfiguración paulatina, a partir de 1981, limitando las capacidades de autogobierno a través de la normativa básica y del incumplimiento de los acuerdos estatutarios establecidos hace ya cuarenta años -el Amejoramiento contiene aún importantes transferencias de competencias pactadas entonces sin cumplir y se ha quedado ya obsoleto para la realidad de las nuevas generaciones de Navarra hoy- con el fin de lograr la homogeneización de las entonces denominadas nacionalidades históricas con las regiones conformadas como comunidades autónomas. Finalmente, también la equivocación de ignorar o diluir respectivamente las reformas estatutarias que con el fin de solucionar dicha desviación fueron aprobadas por las mayorías políticas de la CAV en 2004 y Catalunya en 2006, hace ya más de diez años en ambos casos. La misma negativa de Rajoy a la idea de la plurinacionalidad que ha planteado el Partido Socialista en su último congreso denota que quienes ostentan responsabilidades en el Estado se mantienen aún hoy empecinados en el error. Apelar a la soberanía única de España, negar la realidad de las mayorías que se dan en otros territorios del Estado, cada cuál con modulación y vía propias como deja patente por ejemplo Navarra, y cerrar las puertas a un diálogo que abra la puerta a soluciones consensuadas solo serviría para incidir en la equivocación. Porque no se trata de que millones de ciudadanos se topen con un problema en la presunción de que la legalidad no permite sus aspiraciones, sino de que la legalidad deba proporcionar cauces a sus aspiraciones para dar solución al problema.

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