El origen de una tradición

Sábado, 24 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

El Tarambana sobre el escenario, cuando estaba junto a la parroquia de San Juan Bautista, sentado con los dantzaris en el año 2004.

El Tarambana sobre el escenario, cuando estaba junto a la parroquia de San Juan Bautista, sentado con los dantzaris en el año 2004.

Galería Noticia

El Tarambana sobre el escenario, cuando estaba junto a la parroquia de San Juan Bautista, sentado con los dantzaris en el año 2004.El Diablo vestido de Blancanieves en el año 2010.La Pepa y El Alcalde en la representación de 2006.Mayoral y Rabadán al inicio del Paloteado en el año 2002.Diablo, Rabadán, Mayoral y Ángel en la despedida de León en 2006.Los dantzaris del Paloteado en un momento del baile en 2008.El Diablo trata de llevarse al infierno al público en 2005.
  • Flecha Ver anterior
  • Flecha Ver siguiente

“Creemos necesario redescubrir los valores del hombre de la Ribera y convencernos de que son algo único en Navarra. A la hora de pensar en un intento de resucitar en toda su pureza nuestros paloteados habría que pensar en reestructuraciones y readaptaciones de textos, poniéndolos al día y enriqueciéndolos con danzas de la tierra, manteniéndoles fieles al espíritu y al temperamento del hombre de la región, tanto en la forma como en el lenguaje para que realmente sea espontáneo, renacido de la entraña popular y representativo de nuestra tierra”. Estas palabras pronunciadas por José María Jimeno Jurío en Tudela en enero de 1975 fueron el empujón necesario para que un grupo de jóvenes inquietos vieran la necesidad de profundizar y sumergirse en el folklore ribero. La idea, como señala Pedro Miguel Sánchez en el libro El dance de Tudela, era “recrear o hacer un dance nuevo, que tuviese sus raíces inmersas en los paloteados tradicionales, aunque con una clara proyección actual”. Así, en 1978, algunos componentes del Grupo de Danzas Anayak, que tenía su sede en la parroquia de San Juan Bautista, se pusieron manos a la obra poniendo su mirada en el Paloteado más antiguo de la Ribera y que perduraba, el de Cortes. El 24 de junio de 1978, domingo por la mañana, la calle Robles Pintado acogió la celebración del primer Paloteado que contó solo con los personajes de Mayoral, Rabadán, Ángel y Diablo y con no demasiados bailes. El éxito fue tal que en 1982 el Ayuntamiento ya lo declaró Fiesta de Interés Municipal. El Grupo Anayak desapareció el mismo 1978 pero algunos de sus integrantes crearon la Asociación Cultural de Amigos del Dance y Paloteado de Tudela que perduraría hasta hoy, cuarenta años después, con cientos de miles de versos y palos en el camino.

el origenLa intención de quienes crearon el Paloteado en Tudela era, según afirma el propio Pedro Miguel Sánchez en el libro, “conseguir un espectáculo vivo, enraizado en el pueblo y esperado con ilusión, emoción e intensidad, seguido con expectación y sobre todo que la gente sintiera que le pertenecía”.

Así ha sido. Los tudelanos esperan cada año la celebración de El Paloteado con sus críticas al Ayuntamiento, a las políticas ocurridas durante el año y los versos irónicos sobre los danzantes. Pese a todo, los alcaldes han sido fieles a la cita y nunca se han quejado de las afiladas flechas, en forma de verso, que les lanzaban desde el escenario y en numerosas ocasiones han sido duras, aunque también atinadas. Como Sánchez apuntaba en su libro, lo que comenzó siendo un “dance del pueblo” ha terminado siendo un “dance cada vez más urbano”.

A los cuatro personajes iniciales se añadieron otros tres, Tarambana, Alcalde y La Pepa).

Jimeno Jurío ya defendió en 1975 la necesidad de recuperar los valores de la Ribera

Cada Paloteado tiene su propia personalidad, pero también un nexo común que les une

Una decena de paloteados coexisten en la Ribera, cada uno con su personalidad propia y su idiosincrasia, con más peso de las críticas al Ayuntamiento, a los sucesos del pueblo, a los bailes, con distintos personajes... Pertenecen a una misma cultura pero destacan por sus diferencias.

los personajesPese a comenzar en 1978 con menos personajes, poco tiempo después se añadieron nuevos y el plantel de quienes suben al escenario para recitar los versos ha quedado ya fijado.

El Mayoral representa la cordura, comparte los planteamientos del poder (El Alcalde) y suele aliarse con él para tratar también de atacar al Rabadán, al que califica de perezoso y embustero y que representa, en parte, al pueblo. El Rabadán, pastor, busca siempre el beneficio personal y en ocasiones se alía con La Pepa para atacar al poder establecido. Precisamente este personaje femenino, el único de la representación, es la voz popular, descarada, atrevida, la antítesis de el Alcalde y firme en sus decisiones, críticas e intenciones. Como suele decir ella en el desarrollo de la representación “canto las verdades al lucero del alba”.

El Alcalde, al igual que la Pepa, se estrenó sobre el escenario en el año 1985 y son personajes únicos en todos los paloteados de la Ribera. Los enfrentamientos entre ambos frentes, el pueblo y el poder, son los que más atraen a los espectadores tudelanos. Pese a su denominación, representa al poder y no al Ayuntamiento o al primer edil de Tudela en concreto. Frente a su seriedad, uno de los personajes más extrovertidos es El Tarambana, que se incorporó a los protagonistas en 1981. Es el más dinámico de los personajes, abre los ojos a las injusticias y saca a la palestra temas sociales de mayor calado que los que puede criticar La Pepa. El Tarambana es el único que no tiene su contrario.

Otros dos personajes enfrentados como el bien y el mal son el Ángel y el Diablo. El primero trata de salvar al pueblo, proteger al santo y eliminar al Diablo al que siempre vence en un duelo de espada contra tridente. Suele estar representado siempre por una mujer y sus enfrentamientos tienen gran acogida entre el público por su vistosidad. Su oponente el Diablo es sin duda el protagonista del Paloteado. Es el elemento más cómico y grotesco de la representación, amenaza a todos los que están sobre el escenario y también al público. Surge desde una trampilla simbolizando los infiernos y es el que más se mimetiza y transforma para entrar también en las críticas al poder establecido. Su aparición entre petardos y humo marca un punto de inflexión en la seriedad de la representación. Los actores que los han representado han sido algunos de los más aclamados sobre el escenario y para el recuerdo quedan las actuaciones de José Antonio León y Carlos Martínez (el actual).

Todos ellos han ido teniendo grandes momentos a lo largo de estos 40 años. Hoy 24 de junio, a las 20:00 horas, el parque Perrinche volverá a acoger la representación, pero en esta ocasión se tratará de reunir a varios de los actores antiguos sobre el escenario.