Revolución de cuento

La literatura infantil experimenta un ‘boom’, no solo como cultura y entretenimiento, sino también como herramienta pedagógica, ocupando en los últimos tiempos un lugar preferente tanto en escuelas como en las propias familias.

Un reportaje de Paula Etxeberria - Domingo, 25 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

Ilustración de Noemí Villamuza del libro ‘Caperucita Roja’ editado por Nórdica.

Ilustración de Noemí Villamuza del libro ‘Caperucita Roja’ editado por Nórdica. (REDACCIÓN DNN)

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Ilustración de Noemí Villamuza del libro ‘Caperucita Roja’ editado por Nórdica.

Nunca hubo tanta oferta ni tan variada. La literatura infantil ya hace unas décadas que tomó impulso, y hoy experimenta un boom no solo como cultura y entretenimiento, sino también y sobre todo como herramienta pedagógica, de acompañamiento de los niños y las niñas en su desarrollo y en su crecimiento, ocupando un lugar preferente tanto en las escuelas como en el propio entorno familiar.

Cada vez se tiene más en cuenta qué contenidos se transmiten en la etapa infantil y de qué manera, y la oferta literaria se ha ido adecuando a este cambio en la pedagogía y en la crianza, volviéndose, como éstas, más consciente, más conectada con las emociones y los valores de diversidad e igualdad que tanto se reivindican y que, precisamente porque no se respetan todo lo que sería deseable, son claves en la educación más temprana. La literatura infantil se conecta hoy más que nunca con la realidad con todos sus matices, sin obviar aquellos que hacen de este mundo a veces un lugar difícil y doloroso. Porque en la infancia hay mucho de emoción, de sentimiento, de proceso de cambio, de duelo, de reto, de avance y de retroceso para seguir dando pasos adelante.

Si en esos pasos los niños se sienten acompañados, mejor. Y la literatura vivida en colectividad, en familia o en la escuela, es muy buena compañera. “En clase se disfruta mucho. El momento de la lectura se convierte en algo mágico. Si desde pequeños aprenden a amar los libros, esto seguro que les quedará cuando sean adultos”, asegura Belén Antón Lara, educadora de 2º de Infantil en el Colegio Público Hermanas Úriz Pi de Sarriguren. “Además de ese punto principal de disfrute, las temáticas de los libros también nos ayudan (a los educadores) a afrontar problemas o preocupaciones que vamos viendo que aparecen en los alumnos;como miedos, el trato hacia los compañeros o la muerte”, añade Belén Antón. El imaginario que le transmitimos al niño desde pequeño a través de los cuentos -contenidos e ilustraciones- tiene, dice esta educadora, “mucha importancia en su desarrollo posterior” y en su futuro como ser humano adulto. “El cerebro del niño se está formando en esta etapa y nosotros lo vamos enriqueciendo con buenas muestras que amplían su lenguaje oral y visual. Hoy en día las ilustraciones de los cuentos infantiles cobran gran importancia, les introducen nuevas técnicas de expresión artística que les enriquecen, les aportan ideas.... Los alumnos están muy receptivos ante todos los lenguajes y captan a la perfección los pequeños detalles de la obra. Esto les da herramientas y enriquece todos sus lenguajes, además de que les ayuda a empatizar con otras realidades y fomenta su imaginación”, destaca. Consciente de esa importancia, ella, como otros educadores sensibles al tema, selecciona todos los libros que lee y ofrece en el aula. “No todos los cuentos infantiles son válidos, algunos muestran muchos estereotipos sobre hombres y mujeres o simplifican demasiado las historias, no emplean un vocabulario adecuado o presentan ilustraciones muy simplistas.... Para ayudarme en la selección participo en tertulias de literatura infantil”, dice Antón, quien visita “mensualmente” librerías y sigue “por Facebook novedades editoriales o libros que se reeditan” para estar al tanto de la oferta.

Una oferta que se ha multiplicado en los últimos años. “Se publican unas cien novedades al mes, y hay una gran diversidad tanto estética como de contenidos. Leerse todo lo que sale y seleccionar lo que quieres que esté en la librería es un trabajo cada vez más costoso...”, cuenta Maider Díaz Ameabe, de la librería Chundarata, especializada en literatura infantil y juvenil, ilustración, cómic y novela gráfica. En su opinión, el boom de la literatura infantil responde a una realidad: “Cada vez se utilizan más los cuentos para tratar diferentes temas que quizá es más fácil y divertido abordar con los libros que de otra manera: las emociones, los miedos, el duelo por la separación de los padres o por una muerte, y cambios cotidianos como el hecho de quitarse el pañal o el chupete, el comienzo de la escolarización... Cada vez hay más cuentos que se anticipan a los cambios para acompañar estos procesos, y se demandan más que los cuentos que son puramente de fantasía, un aspecto que se está olvidando y que también tiene su importancia en la infancia”, reflexiona la librera.

las emociones

Una temática que no es nueva pero está de moda

En este giro que ha dado en los últimos tiempos la literatura infantil destaca el fuerte resurgimiento del álbum ilustrado -y en este marco, la aparición de interesantes libros sin texto que invitan al niño a ser guionista de sus propias historias- y, en cuanto a temáticas, la que más impulso ha tomado es la de las emociones. Ha sido el mayor boom, a juzgar por la gran cantidad de propuestas dedicadas a acompañar a los niños en la comprensión y el reconocimiento de sus emociones y sentimientos y, sobre todo, a ayudar a las familias en la gestión emocional de los hijos. Entre ellas, una colección de cuentos cien por cien navarra, Emociónate, creada por la periodista Asun Egurza y la pedagoga Leticia Garcés.

Pero esta moda no inventa nada nuevo. Como recuerda el librero de Auzolan y editor del sello denonartean Unai Pascual, “antes también se hacían libros que tocaban el tema de las emociones. Y buenísimos libros. Ahí estáDonde viven los monstruos, que se publicó en 1963, aunque es verdad que hasta el año 2000 no se editó en castellano, y en euskera vio la luz seis años más tarde”, dice sobre el célebre libro infantil ilustrado por Maurice Sendak que en los 60 se publicó generando controversia. Era políticamente incorrecto para la época, dado que no mostraba una historia demasiado amorosa, pero Sendak defendió su obra diciendo: “Los adultos son personas que tienden a sentimentalizar la infancia, a ser sobreprotectores y a pensar que los libros para niños han de amoldar y conformar la mente a los modelos aceptados de comportamiento, logrando niños sanos, virtuosos, sabios y felices”. Un discurso tan actual y vigente hoy como el propio libro, que retrata los temores y deseos de la infancia: los particulares monstruos de los niños, las incomprendidas rabietas, el miedo al abandono.

“Libros sensibles a estas realidades de la infancia ha habido siempre, pero no llegaban a las casas, no se popularizaron porque no había la demanda que hay ahora. Todo esto tiene mucho que ver con el boom de la pedagogía y la maternidad y la paternidad, mucho más conscientes y cuidadas. También ahora se está rescatando la pedagogía Montessori, que cuenta con más de cien años... Desde finales de los 90 hay un resurgimiento de todo esto desde las escuelas y las familias, y en esa tendencia de los padres y madres al apego, a una crianza más consciente, el libro ha sido un gran protagonista. De ahí el impulso que ha tomado la literatura infantil, con la aparición de librerías especializadas, editoriales con apuestas muy diversas... el panorama se ha enriquecido. Primero ha habido una demanda que viene de la base familiar y de la pedagogía actual, y luego se ha creado la oferta”, añaliza Unai Pascual. Sí reconoce que ahora se matiza mucho más que antes “el tema de roles y géneros en los cuentos infantiles. “Porque hay muchas más editoriales que las que tradicionalmente editaban infantil y que venían del ámbito religioso”, dice aludiendo a SM, Edebé o Edelvives, dependientes de la Iglesia católica. “Kalandraka, que nació en el 98, fue la primera que rompió con eso. Ahí comenzó a crearse este escenario tan bonito y rico que tenemos ahora”, dice el librero y editor.

los clásicos

De un extremo al otro...

La revolución de los cuentos ha afectado en especial a los clásicos, que en los últimos tiempos se reinventan o se reinterpretan, surgiendo Caperucitas Rojas renovadas, con estéticas y actitudes más modernas, o Cenicientas que no quieren comer perdices, como la creada por la ilustradora navarra Myriam Cameros junto con Nunila López en su exitoso cuento.

“Está bien que se reinventen los clásicos, pero tampoco hay que despreciarlos. Es injusto meter a todos en el mismo saco. Una cosa es Disney, que ha sido una especie de opio infantil, con historias demasiado edulcoradas y simplificadas, con muchos estereotipos nocivos, y otra cosa son clásicos como los de los hermanos Grimm;si coges sus obras originales, ahí hay muchos matices y mucha calidad. De Cenicienta hay 600 versiones en el mundo... Hay que saber leer los clásicos, saber elegir la edición interesante. Hay clásicos maravillosos: El Mago de Oz, Alicia en el País de las Maravillas, toda la base de los Grimm... Lo que pasa es que Disney es la gran empresa, la que ha fastidiado esto y ha sacado millones y millones de los clásicos, haciéndolos suyos de alguna manera. Para mucha gente solo existen los clásicos a través de Disney”, lamenta el librero de Auzolan. Con él coincide su colega de Chundarata: “A veces se llevan las cosas al extremo y se ven los clásicos con unos ojos que no hacen justicia a la realidad”, comenta. Ambos apuestan por cuidar la elección de la editorial, y ahí entra la importante labor del librero. “Pero la realidad es que mucha gente compra online, en Amazon, sin recibir consejo ni orientación de nadie”, apunta Unai Pascual.

Precisamente frente a la peor parte de la tecnología, el libro es el mejor antídoto. El antivirus más potente. Ahí no entran banners, ni spams, ni publicidad de ningún tipo. Un espacio libre para los niños, y para que los adultos disfrutemos de su compañía.