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Republicanismo

Ahí están los armarios

Por Santiago Cervera - Domingo, 25 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

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Día del orgullo y, para celebrarlo, algunos medios publican listas de “Los 50 homosexuales más influyentes de España” y “El mapa del poder homosexual en la España de las autonomías”. La gracia se le ocurrió a Pedrojota hace ya tiempo, y cada vez que veo tales ristras pienso que es algo tan casposo que seguro será el último año que se publiquen. Pero no, siempre hay una renovada edición. Incluso se territorializa, para que nadie se quede sin saber qué hay en rededor. Estas piezas periodísticas son esencialmente embusteras. Quienes las publican dicen hacerlo en nombre de la normalización de la homosexualidad, presentando a aquellos que al parecer han tenido éxito social, empresarial, cultural o político sin ser heteros. De ahí que digan que son los más influyentes, expresión indeterminada donde las haya. Me he propuesto no citar nombres aquí para no incurrir en lo que deploro, pero me preguntaba cuánto me influye a mí un determinado director de cine, por muy gay que sea, cuyas películas me parecen un truño y jamás las veo. O el modisto de la reina, o un activista de no sé qué chiringuito. Ponen en el titular “influyentes” por no poner “esos que ya conoces”. De manera que la mendacidad que articula esos reportajes consiste en elaborar un listado apelando a la sin duda respetable proyección social que tengan los citados, pero sabiendo que en el fondo lo que se está mercando es el cotilleo público, la lectura interesada sólo en saber quién es gay y quién lesbiana. Cualificar al personaje según su sexualidad. Idóneo para la vieja del visillo, para el lector que aún considera que tiene un punto morboso descubrir que se puede ser personaje público cualquiera que sea tu orientación afectiva. Pocas cosas tan hipócritas y a la vez tramposas. Y tan lindantes con la homofobia. Me pregunto dónde está la línea que separa estos reportajes de los archivos en los que el franquismo apuntaba a quienes consideraba personas de conducta desviada. Porque si la diferencia es sólo que en el titular periodístico aparece la palabra influyente, el matiz es irrelevante. Lo idéntico es que sin ninguna consideración al ámbito privado de las personas se confeccionan catálogos, y éstos se exponen al dominio público. De hecho, en unos y en otros han aparecido personas que no lo deseaban. Los avispados que hoy redactan los que se publican dirán que son una muestra de normalización, la reivindicación de la salida del armario, cuando saben que lo único que buscan es alentar la curiosidad sobre cuestiones que nunca deben trascender desde lo íntimo a lo común. Diríase que aquí tenemos a nuestros homosexuales, los que son capaces, incluso, de desarrollar una vocación profesional o social a la vista de todos. Como si su condición sexual fuera elemento relevante en ello. Nefasta y anacrónica premisa.

Hace unos años coincidí en Copenhague a mitad de agosto, cuando allá celebran su fiesta del orgullo, algo que se nota bastante en la ciudad. No hace falta decir que Dinamarca es el país más avanzado del mundo en materia de derechos a la igualdad y respeto a la diversidad, el primer lugar en el que se aceptó el matrimonio homosexual, y donde cualquier rasgo de hipocresía social en materia de sexualidad quedó amortizado hace décadas. Tanto en relación con la igualdad de género, como en lo relativo al respeto a las personas independientemente de sus preferencias sexuales, los rangos de protección legal y, sobre todo, de compromiso civil son los más avanzados de la tierra. Durante el fin de semana del orgullo se realiza un desfile. Y en ese desfile, en el que participan miles de personas desde calzadas y aceras, no hay nadie que aparezca con correajes, ofreciendo el culo o en actitud promiscua. De lo que se trata es de representar la aceptación social de cualquier condición, y de refrendar que los daneses constituyen un país en el que nadie será discriminado por el contenido que quiera darle a sus afectos. En el desfile de Madrid, en cambio, el homosexual está cosificado, y lo principal que de él se exhibe es su apelación más genital y corporal. Decía un modisto gay que estos días se marchaba de Chueca porque no le gustaba ver gente follando en los portales. Así es como algunos entienden lo de salir del armario a estas alturas, en una sociedad que tienen más normalizada la homosexualidad que muchos de los que la constituyen en la referencia identificativa de determinadas personas. Ahí es donde están los verdaderos armarios.