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Una plaza que da frutos

Varios vecinos del Casco Antiguo trabajan en conjunto en Piparrika, un huerto comunitario

El Rincón de Pellejerías acoge varios bancales de cultivo construidos manualmente por los voluntarios

Cristina Jiménez Iñaki Porto - Lunes, 26 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

Los vecinos realizan la rotación de cultivos en un bancal circular dividido en cuatro secciones, para enriquecer la tierra.

Los vecinos realizan la rotación de cultivos en un bancal circular dividido en cuatro secciones, para enriquecer la tierra. (Iñaki Porto)

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Los vecinos realizan la rotación de cultivos en un bancal circular dividido en cuatro secciones, para enriquecer la tierra.

Pamplona- “Una plaza verde en medio del casco viejo en la que la gente trabaja conjuntamente”. Así es Piparrika para Daniel Beaumont, uno de los vecinos que participa en el proyecto de un huerto comunitario. Beaumont compagina su vida laboral con el trabajo vecinal en esta plaza, en el que colabora activamente: “es un espacio vivo gracias a las ganas de la gente”, asegura.

Esta iniciativa popular surgió en junio de 2013, a raíz de una reunión entre varias personas del barrio. El proyecto fue entregado entonces al Ayuntamiento y, aunque la idea gustó, no terminó de cuajar. Dos años más tarde, poco antes del cambio de corporación municipal, se realizaron en el Casco Antiguo unas jornadas llamadas ¿Cómo quieres que sea tu barrio?, en las que se expusieron 25 proyectos y participaron 150 personas. En ellas se expuso el planteamiento del huerto comunitario y la idea empezó a tomar fuerza. El nuevo Ayuntamiento facilitó el avance, explica Beaumont, pero era necesaria la constitución como asociación privada para lograr la cesión de un espacio en el que trabajar. “Nosotros éramos una iniciativa popular y los trámites burocráticos nos retrasaron bastante las cosas”, afirma este vecino. Finalmente, en diciembre de 2016, Piparrika encontró un hogar en el corazón de Iruña: el Rincón de Pellejerías, en la trasera del Palacio de Condestable.

Durante sus inicios, la cooperación vecinal fue esencial y poco a poco comenzaron la construcción de un bancal piloto. “Yo soy carpintero y puedo controlar el tema de la madera, pero otros saben más de tierra, plantas... Con la aportación de todos fue creciendo Piparrika”, comenta Beaumont. Además, desde el grupo motor se hizo hincapié en la importancia de una buena relación con el entorno, por lo que hablaron con los vecinos circundantes y organizaron una charla informativa. “La reacción vecinal fue fantástica. No hemos tenido nunca ningún problema con nadie y todos los que nos visitan nos felicitan”, explica este colaborador.

sí, el proyecto comenzó a andar a través de tres líneas básicas de trabajo. Por un lado, es comunitario, y todas las labores se realizan en grupo. La segunda es la sostenibilidad. La intención es reciclar materias que estén inutilizadas para evitar comprar nuevas, por lo que los materiales que se utilizan en Piparrika pertenecen al Ayuntamiento. “Es verdad que queremos reciclar, pero también tenemos en cuenta que es una plaza pública;queremos que sea vistosamente agradable”, apunta Beaumont. La última de las cuestiones que se trabaja en el huerto es la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer, fomentando la participación femenina y favoreciendo la integración de los dos sexos en el trabajo comunitario.

En cuanto a su plantación, es variada: lechugas, habas, ajos, cebollas, remolachas, tomates, calabacines, espinacas o alubia verde. También cuentan con un bancal dividido en cuatro espacios que utilizan para la rotación de los cultivos y mantener la tierra enriquecida. Sin embargo, asegura Beaumont, la producción no es lo más importante. “El huerto está más orientado hacia lo divulgativo y educativo”, comenta este voluntario, que destaca la buena relación del huerto con los dos colegios del barrio.

espacio abiertoPiparrika es un espacio abierto y disponible para todos los vecinos del Casco Antiguo que quieran acercarse a formar parte de él. “La respuesta ha sido increíble y la aportación, tanto humana como material, es enorme: desde gestos de cariño hasta semillas que nos ceden los vecinos. Se acercan personas muy variadas a interesarse. Es reconfortante que un padre te diga que no podía sacar a su hijo del sofá y que ahora está enganchado al huerto”, confiesa Beaumont. En un principio se valoró la idea de ceder alimentos a colectivos precarios, pero llegaron a la conclusión de que es más interesante que esas personas acudan al huerto, “porque no le das solamente una lechuga, le das una red social y unas conexiones sociales”.

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