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Un vuelo póstumo hacia la libertad

El recuerdo del comandante republicano leret aterriza en Pamplona con una placa en la calle compañía donde nació

Un reportaje de Txus Iribarren / Fotografía Unai Beroiz - Martes, 27 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

Carlota Leret deposita una rosa roja en el adoquín dedicado a su padre en la calle Compañía.

Carlota Leret deposita una rosa roja en el adoquín dedicado a su padre en la calle Compañía. (Unai Beroiz)

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E l desenlace de la Guerra civil, para muchos, se decidió en el aire por la superioridad de los fascistas apoyados por Alemania e Italia. No en vano el famoso vuelo del Dragón Rapid de Franco marcó el golpe de estado. Sin embargo, el bando republicano tiene también entre sus héroes a otro aviador que no pudo despegar de su base aérea de Melilla porque fue el primer militar leal al régimen democrático fusilado por los franquistas tras resistir a su asedio en la estratégica base de hidroaviones que capitaneaba. Es Virgilio Leret Ruiz quien curiosamente había nacido en Pamplona en 1902. Su hija volvió ayer a la capital navarra para asistir a un nuevo homenaje a uno de los personajes más notorios de la aviación española ya que en su haber está la primera patente -nunca desarrollada- de lo que hubiera sido el motor a reacción, adelantándose a los ingenieros ingleses y alemanes, que sí lo pudieron poner en práctica. La asociación AFFNA 36, dentro de su campaña “adoquines tropezones”, colocó ayer una placa en la calle Compañía, justo delante del portal donde nació este militar que, gracias al tesón de su hija Carlota, ha logrado despegar en la memoria histórica años más tarde y recibir distintos reconocimientos particulares y oficiales como éste. Su historia se recoge también en el documental Virgilio Leret, el caballero del azul, de Mikel Donazar.

“Tengo que agradecer este acto porque viene sobre todo del corazón y de la emoción de la gente”, explica Carlota, hija de Virgilio y también de otra Carlota, Carlota O’neill, feminista republicana que se casó con este piloto al conocerlo en Barcelona y que tras muchas peripecias, juicios y encarcelamientos, consiguió huir con su hijo y su hija a Venezuela en 1949. Desde allí colaboró con la causa antifascista europea todo lo que pudo y sobre todo, sembró en sus hijos sólidos principios democráticos y un deseo por conocer y hacer conocer la verdad.

Esta fuerza es la que impulsó a Carlota Leret a investigar qué sucedió aquel 17 de julio en Melilla. “Mi madre nunca supo que la versión oficial de que fue fusilado el 23 de octubre era falsa. En realidad lo mataron al amanecer del primer día de la guerra después de haber sido apresado tras quedarse sin munición defendiendo el puesto de la base de Hidroaviones del Atalayón de los regulares sublevados”, explica.

“El golpe de estado les pilló por sorpresa porque horas antes estábamos toda la familia paseando y no tenían ni soldados ni armas suficientes para defenderse del ataque una vez que tenía claro que debía ser fiel a la República”, recuerda su hija. Carlota ha dedicado los últimos años a tratar de reconstruir qué sucedió desde el momento de su rendición. Gracias a dos testimonios de otros soldados (un teniente que logró escapar y un soldado que presenció el fusilamiento) ha podido saber que fue realmente la primera víctima de la Guerra Civil y su desigual lucha, la primera batalla de la contienda.

Carlota Leret resalta también otra faceta de su padre más allá de su trayectoria militar y su compromiso político: su formación como ingeniero. “La gente tampoco sabía hasta hace poco que mi padre ideó un motor de avión que hubiera sido el precursor de los aviones a reacción. Sólo otros ingenieros alemanes e ingleses habían esbozado algo similar en los años 30 por lo que posiblemente la ciencia también se perdió una figura importante”, recuerda a pie de calle en un acto en el que otros represaliados también tuvieron su placa y adoquín como Guilló, Eguia, Urdiroz, Urla, Ramos y los hermanos Cayuela.

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