A la contra

Perolo

Por Jorge Nagore - Miércoles, 28 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

Jorge Nagore

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Los periodistas nos quedamos tan vacíos de palabras como los que más. Por mucho que sean nuestras herramientas de trabajo, cuando muere alguien al que queremos y admiramos y respetamos las palabras no nos hacen caso y no saben contar con la profundidad y la exactitud que nos gustaría lo que sentimos. Es como si por unas horas o días nos enfadásemos con ellas por no tener el poder sublime de expresar la tristeza. No hay palabra alguna que exprese la tristeza. Mucho menos la tristeza ante la muerte. Solo hay aproximaciones, que se quedan muy lejos de lo que significa no ya solo la muerte sino la ausencia perenne de un ser querido. Como muchos y muchas compañeros y compañeras -de este medio y de otros- que han trabajado con Pedro Lanas Perolo, fallecido ayer a la joven edad de 58 años, no tengo mucho más allá de pena, rabia, lágrimas y un beso enorme para Kati y para sus hijos y familiares. Tengo decenas de recuerdos de Perolo de los 4 años que trabajamos juntos, pero todos se resumen en esto: un periodista honesto y tenaz hasta el desfallecimiento, un compañero leal y solidario y una buena persona, algo muy parecido a lo que sentirán las centenares de personas que hemos tenido la suerte de verle actuar en esta profesión, una profesión -sobre todo Osasuna- a la que dedicó lo mejor de sí mismo, los últimos 22 años en esta casa, en la sección de Deportes, a la que también mando un abrazo inmenso. Cambié con él unos mensajes no hará un mes, pero la última vez que le vi hace unos meses llevaba una capa y un sombrero medieval y se comía un pincho de jamón pasado por la sartén en un puesto del mercadillo medieval de su pueblo, Aibar, del que era feliz y entregado alcalde. Buen viaje, Perolez, siempre serás un valiente que mira a la muerte con una capa y una sonrisa puestas contándome que “lo único que no puedo comer es lechuga”. Eres un puto Lanas. Te querremos siempre.