Música

Arma de baile masivo

Por Javier Escorzo - Jueves, 29 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

Concierto de SWINGARAIA

Fecha: 22/06/2017. Lugar: terraza del Caballo Blanco. Incidencias: lleno absoluto en el último jueves de primavera. El público abarrotaba las mesas y disfrutaba de pie del concierto de Swingaraia.

Imagínenselo: una tarde preveraniega en Pamplona, cálida y agradable, con un cielo azul como el de tantas canciones. Sitúense en uno de los parajes más hermosos de la ciudad y añadan música en directo como banda sonora. Estamos hablando, claro, del ciclo de conciertos que, como cada verano, se organiza en el Mesón del Caballo Blanco. La cita se repetirá todas las semanas hasta septiembre (con obligado parón sanferminero). El pasado jueves le tocó el turno a Swingaraia, sexteto pamplonés dedicado a rescatar estilos de las primeras décadas del siglo pasado. La banda, que ha conocido distintas formaciones desde su creación en 2009, se encuentra ahora en uno de sus períodos de mayor actividad, tocando frecuentemente en directo y preparando un próximo lanzamiento discográfico, que al parecer constará de versiones y temas propios. Así fue el repertorio que ofrecieron en el Caballo Blanco. Salieron inicialmente sin Eva, la voz principal, y ejecutaron una pieza instrumental que ya anticipó que en los siguientes minutos sería difícil mantener los pies quietos. El ritmo acelerado se mantuvo en Mess around, que fue cantada por Mikel, el pianista. Chickens comenzaba con aires más calmados, como de jazz, pero fue solo un espejismo, ya que entonces apareció sobre las tablas un ciclón llamado Eva, dando muestras de su poderío vocal. También brilló David en el saxo (lleva poco tiempo en el grupo, pero ya domina el repertorio), que deleitó a la concurrencia con un solo endiablado. Swingaraia no esconde sus armas, sino que las muestra en todo momento. A saber: una base rítmica incendiaria formada por los dos Oscar en batería y contrabajo, respectivamente. La guitarra de Iñaki, que dibuja sutiles dibujos que complementan al ya mencionado saxo de David. Mikel, de formación rockabilly, se encarga de tocar salvajemente el piano, generalmente con las manos, aunque a veces recurre a los pies para hacerlo (por ejemplo en My baby, todo un espectáculo visual y sonoro). Y no solo eso, porque también canta, como volvió a hacer en Cadillac.

Pero, continuando con el símil bélico, lo más mortífero de su arsenal es la potente voz de Eva, caudalosa y pasional, capaz de contagiar al público su entusiasmo. La suma de los seis miembros conforma un arma de baile masivo ante la cual uno solo puede rendirse y entregarse al swing, al twister, al rockabilly, al soul y al sinfín de estilos que combinan de manera magistral. Eso fue lo que hicieron los centenares de personas que abarrotaban la terraza del Caballo Blanco, que no pararon de aplaudir temas como Hallelujah, el soul oscuro Cry to me (con gran solo de guitarra), Will you still love me, When you’re smiling o Slinky saxophone, tema propio que, presumiblemente, verá la luz dentro del disco que están grabando. El apoteosis definitivo llegó en el bis con Route 66, en la que prendieron la traca final de una fiesta que había explotado en baile hacía ya bastante tiempo.