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Cuando ellas sí se divierten

El Palacio Condestable acoge una muestra formada por 37 obras de 20 artistas que reivindica el sentimiento del ser festivo desde la condición de mujer.

Un reportaje de Ana Jiménez. Fotografía Javier Bergasa - Jueves, 29 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

a solo unos días de que la locura y alegría de San Fermín tome las calles de Iruña, la muestra Ponte en mi lugar/Nire tokian jarri. Cuando ellas se divierten/Neskek ongi pasatzen dutenean ha tomado el Palacio Condestable para proponer una reflexión sobre la participación de las mujeres en la fiesta. Entre las paredes de la sala Noble, 37 obras de 20 artistas diferentes proyectan una particular mirada. Fotografías, instalaciones, vídeos y pinturas cedidas de colecciones públicas y privadas componen la muestra, que puede verse desde ayer y hasta el 18 de agosto. Una selección que hará dejar a un lado estereotipos tradicionales femeninos.

La exposición está comisariada por Mariano Navarro y Javier Balda, encargados de presentar ayer la muestra junto a Maitena Muruzabal, directora del área de Cultura del Ayuntamiento de Pamplona. Muruzabal recordó la proximidad de las fiestas y quiso reivindicar la intención de la muestra de “poner a la mujer en un punto diferente: no de víctima, sino de una mujer que, en libertad, disfruta como quiere”. Un tema que a su juicio es importante resaltar, pero que no se había tratado especialmente, por lo que agradeció a los comisarios el trabajo y esfuerzo realizado durante la selección de las obras que acoge la muestra.

En ese sentido, Javier Balda mostró su especial satisfacción por el resultado, ya que este proyecto era “un empeño” que siembre había tenido: el “vincular a las fiestas de San Fermín”, masivas e internacionales, “una antropología social”. Balda destacó la posibilidad de “interpretar desde el arte contemporáneo la identidad y los comportamientos” humanos, y también abogó por la necesidad de “una revisión de todos los aspectos y actitudes” en las fiestas. El proyecto surgió a través del tema de la libertad de la vivencia de las mujeres en el espacio festivo. Balda desveló que en un principio la muestra estaba enfocada “de una manera más directa a cómo afrontan las mujeres ese espacio desde lo íntimo y privado, hacia el espacio festivo público y común”, pero que la articulación de la exposición fue creando su propio camino.

Esta conducción fue supervisada por Mariano Navarro, hasta que dio con las 37 obras que completan la muestra, de 20 artistas -17 mujeres y 3 hombres- diferentes, distribuidas de forma distinta en catálogo y montaje. Por ello, Navarro destacó “cómo las piezas dialogan entre sí o establecen conexiones” cuando las ves en la exposición. El recorrido comienza con dos fotografías de Maruja Mallo, de 1925, quien fue “una figura principal de la cultura española y de la libertad de la mujer”, señaló Navarro. A partir de este homenaje, “ e fueron articulando una serie de espacios, de forma sutil, jugando a romper estereotipos sobre la mujer”, apuntó el comisario.

Desde desmitificar la idea de cómo las mujeres se maquillan y visten de manera especial para la fiesta, con Hermanas españolas de Victoria Civera, o el juego con los zapatos de Karine Arabian de Natacha Lesueur;hacia sobrevolar las tribus urbanas o creación de personajes con los retratos de Alberto García Alix o Miguel Trillo y las Pequeñas historias bucólicas de Laura Torrado;e incluso tocar temas más provocativos como la destrucción del espacio doméstico con La anarquista de Cristina Lucas, y un revés a las bodas y novias con El amor en vértigo, de Carmen Mariscal, quien ayer fue partícipe en la presentación de la muestra.

‘El amor en vértigo’

Un vestido de novia que regresa a su ‘origen’

La artista mexicana Carmen Mariscal ayer se mostraba feliz no solo por ver su pieza El amor en vértigo formando parte de la muestra, sino por lo que implicaba ello hacia su propia historia. “Quise venir para traer el vestido de mi bisabuela, quien era española y emigró a México”, comentó Mariscal. Desde esa faceta sentimental, su visita a Pamplona se tornó más especial, siendo la segunda vez que la mexicana expone en la ciudad, tras un debut en la Ciudadela años atrás.

La artista señaló que le pareció “lógico” que Mariano Navarro hubiese escogido su obra ya que “es una pieza que habla sobre la vestimenta, sobre el matrimonio”, y realiza una “crítica a las tradiciones”, pero a su vez es también “un diálogo”, porque “está el vestido en verdad” y además “hay un espejo” donde llega el espectador y “te tienes que poner en tu lugar”.

La pieza está compuesta por cinco fotografías en blanco y negro, semitrasparentes, ya que hablan “del pasado”, apuntó Mariscal, y están colocadas “muy seguidas” y “en capas”, porque tratan “de la memoria y del tiempo”, llevadas “al presente”, donde el espectador puede verse reflejado en el espejo, como si portase el vestido expuesto. “Trabajo mucho con los espejos -comentó la artista-, me gusta que el espectador y su imagen estén en la obra”.

La protagonista de las fotografías que completan la pieza es la propia Mariscal, vistiendo el vestido de su bisabuela, “una mujer que se casó en 1927” y que le regaló el traje “cuatro días antes de morir”. Años más tarde, la artista decidió sacarlo de la caja donde lo había guardado, y se lo probó. “El vestido estaba arrugado y aplastado”, comentó Mariscal, “pero era como todas estas tradiciones que se exigían a las mujeres, donde la única manera de existir era a través del matrimonio”.

Desde este punto de partida, la mexicana comenzó a cuestionarse estas tradiciones , ese “salir de casa de tus padres protegida, directa al matrimonio y a otra casa”. Era en cierto sentido, el “salir al ruedo, a ver si te atrapa el toro o no”, comentó Mariscal, haciendo un guiño a las fiestas de San Fermín -muy conocidas en su país, “las Pamplonadas”-, sin saber “qué toro feroz te iba a tocar”. Pero, como apuntó la artista, entendiéndose el toro no como el hombre, “sino aquellas circunstancias que te atrapaban”.

Mariscal destacó el diálogo que se produce así en su pieza, “un ir y venir”, donde se habla “de la nostalgia, de la memoria de un objeto que perteneció a alguien más”, pero también “hay que ponerse en el lugar de la otra persona”, e ir más allá y ponerse en el lugar “de las otras personas”, en general.

Se trata de la cuarta vez que El amor en vértigo se expone en 20 años, en un marco inmejorable, como concluyó su autora, rodeada de obras de diferentes artistas y creando un diálogo donde hay un hilo común a todas: la figura de la mujer.

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