Mesa de Redacción

Reprobaciones inútiles

Por Joseba Santamaria - Jueves, 29 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

La reprobación es un instrumento de crítica política para censurar la conducta de un miembro del Gobierno. En un sistema parlamentario, si la reprobación de un ministro o de un consejero sale adelante por mayoría, debiera tener consecuencias políticas, bien la dimisión, bien la destitución. Por supuesto, en el Estado español -ni en el Gobierno central ni en los gobiernos autonómicos- ninguna de ambas posibilidades se lleva a cabo y todo sigue como antes de la reprobación. Como si no hubiese ocurrido nada. En Navarra han sido reprobado consejeros -alguno logró acumular hasta tres reprobaciones del Parlamento de Navarra en una Legislatura-, e incluso Barcina cuando era presidenta, sin consecuencia alguna. Es una fórmula que da juego al debate político y a los medios, pero poco más. Ahora se ha reprobado en el Congreso al ministro Montero -el segundo ministro en los ocho meses de andadura de este Gobierno de Rajoy tras la censura a Rafael Catalá por sus tejemanejes para controlar políticamente la justicia- y él se lo tomó con la sorna habitual. Sabe Montoro, como todo el mundo lo sabe, que una reprobación, por muy ruidosa que sea en el hemiciclo y en los medios, es apenas un mal trago que en nada afectará a su situación política. La reprobación es otro instrumento de control político que con la devaluación de la democracia española ha perdido su utilidad real.