La historia de Doneztebe en un minuto

El síndico Eduardo Almandoz ondeó la bandera y 16 dantzaris bailan el ‘Trapatan’ ante la emoción de todo el pueblo

Lander Santamaría Juan Mari Ondikol - Viernes, 30 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

El síndico o ‘bandelari’ Eduardo Almandoz hace ondear la enseña a base de giros de cintura, fuertes brazos y riñones, ante la emoción de las autoridades y pueblo de Doneztebe.

El síndico o ‘bandelari’ Eduardo Almandoz hace ondear la enseña a base de giros de cintura, fuertes brazos y riñones, ante la emoción de las autoridades y pueblo de Doneztebe.

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El síndico o ‘bandelari’ Eduardo Almandoz hace ondear la enseña a base de giros de cintura, fuertes brazos y riñones, ante la emoción de las autoridades y pueblo de Doneztebe.Los mozos en uno de los movimientos laterales del precioso ‘Trapatan’ autóctono.Juez, alcalde y párroco vuelven a la casa consistorial tras finalizar los actos.

doneztebe- El llamado Baile de la bandera y la interpretación del precioso Trapatan autóctono fueron, igual que todos los años en la festividad del patrón San Pedro Apóstol, el acto más relevante y carismático de las fiestas de Doneztebe. Tras la misa muy bien cantada por la Coral Mendi, decenas de personas formaron círculo, presididas por el alcalde Xanti Uterga, el juez Pedro Bañares y el párroco Juan Zabala, en la plazoleta que se forma frente a la parroquia para presenciar con emoción contenida dos actos que todos los doneztebarras llevan en el corazón.

¿Puede un pueblo vivir su historia en un minuto? Pues sí puede, porque cuando el síndico o bandelariEduardo Almandoz, igual que cuando empezó hace 15 años y contaba con 19, enarboló el mástil y al son del txistu y tamboril de Itziar Irigoien y Oskar Mindegia, hizo ondear la enseña local. El vuelo de la bandera es tan espectacular como el despliegue de fuerza de sus brazos, cintura y riñones de Eduardo, dispuesto a seguir “hasta que me echen” y lo hace con idéntica ilusión. Sustituyó a Juan Luis Odriozola “por el pueblo y por mis padres”, orgullosos de ver la exhibición de su hijo.

Apenas es un minuto, pero por la mente de todos pasan en ese tiempo que sólo se vive en esta fecha y en la del Corpus Christi todo tipo de recuerdos familiares y de acontecimientos locales, que cada uno guarda en su memoria. Y a continuación, se interpreta el antiguo Trapatan, una danza de las llamadas “de cortejo”, felizmente recuperada hace 22 años, como recuerda Juan Ramón Ostiz, 55 años y el dantzari más veterano. Casualmente el más joven es su sobrino Andrés, de 19 años, hijo de su hermano Carlos. Ostiz es el clásico vecino que por su pueblo está lo mismo “para un roto que para un descosido” y se ocupa también de acarrear uno de los gigantes de la comparsa de Doneztebe, él dice que “porque alguien tiene que hacerlo” pero sabedor de que es por algo más que se lleva muy dentro.

En el grupo de mozos y mozas que bailaron el Trapatan formaron Lorena Almandoz, hermana del bandelari, Uxue Ibarrola, Amaia Jorajuria, Lorena Juanena, Elur Mendia, Josune Gago, Izaro Martín e Irati Uharte, como siempre lujosamente ataviadas “como si fueran de boda” y luciendo unos coloristas y preciosos como pocos. Y quienes las cortejan fueron Tomás Sanz, el citado Juan Ramón Ostiz, el alcalde, remontista y dantzari Xanti Uterga -que por ese motivo acudió a los actos ya vestido con la ropa típica-, Joxe Irigoien, Joseba Legarra, Iñaki Telletxea, Tomás Ostolaza y el benjamín que ya no lo es tanto, Andrés Ostiz, que se unió al grupo el año pasado.

El baile es muy llamativo, espectacular, y sorprende particularmente uno de sus movimientos, cuando los mozos se desplazan lateralmente como para llamar la atención de las chicas y luego regresan a su posición inicial. La danza, que no tiene similitud alguna en el País del Bidasoa, que se conozca, se recuperó pasada la veintena de años y en ello algo-bastante tuvo que ver la baztandarra de Arizkun Mari Cruz Goñi. Finalizada la exhibición, hubo toricos y kilikis para la chavalería y se devolvió la bandera a la casa consistorial donde el Ayuntamiento ofreció el aperitivo de costumbre a cuantos se acercaron, todos contentos y felices por haber cumplido fielmente con lo que, desde siempre, se espera de ellos.