Moción de censura

Javier Orcajada del Castillo - Sábado, 1 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

A pesar de las críticas de los partidos beneficiarios de la Transición, Podemos ha dado un ejemplo de responsabilidad presentando la moción para derribar a Rajoy aunque las cifras no fueran propicias. ¿Quién duda de la oportunidad de una censura viendo el espectáculo bochornoso del presidente del Gobierno declarando ante los tribunales acusado de corrupción?

Era evidente que no prosperaría, pero asumir el riesgo ha supuesto para la población un soplo de aire fresco en el clima viciado que se respira en las Cortes. Los ataques de los demás partidos, salvo excepciones de algunos minoritarios, acreditaron que algún temor tenían y los hechos a posteriori así lo acreditan. Montero presentó un catálogo de casos judiciales en los que están involucrados el PP, el presidente del Gobierno, varios ministros e ilustres corruptos que han saqueado las arcas públicas. Pablo Iglesias tuvo una actuación intencionadamente moderada, lo que los contrarios han calificado de falto de vigor, aunque está claro que entre él y Montero han puesto cerco al PP, al PSOE y a partidos que desean mantener el statu quo. No se puede acusar a Podemos de oportunista, pues en todo momento ofreció a Pedro Sánchez la oportunidad de que fuera su partido el que la presentara y cedería el protagonismo. Pero Pedro aún está aterrizando y bastante tiene con contener el gallinero que ha inaugurado desde su inesperado paseo triunfal sobre los barones y estructuras carcomidas del PSOE. Aunque en declaraciones desde su ya efectivo nombramiento de secretario general está mostrando un perfil menos agresivo contra Podemos al que teme por la popularidad y el magnetismo de sus directivos. Pero es sintomático que Sánchez reconozca que sacar a Rajoy del gobierno solo es posible coaligándose con Podemos, aunque no llegue a tener una mayoría suficiente, pero sí una masa crítica que incitaría a otros partidos. Además de que su giro semántico a favor de las nacionalidades, aunque resulta descafeinado y poco creíble para los partidos nacionalistas, supone un cambio en las cadenas con las que ha aherrojado desde siempre el nacionalismo patriotero español que siempre ha defendido.