Mesa de Redacción

40 años de lagunas

Por Joseba Santamaría - Sábado, 1 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

Si la pretensión de los organizadores del acto conmemorativo de las elecciones de 1977 era reimpulsar el valor político de lo que se llamó Transición de la dictadura franquista a la democracia, el objetivo no se cumplió. Al contrario, el acto en el congreso dejó al descubierto las importantes lagunas que dejó en herencia aquel proceso. En primer lugar, aquellas no fueron las primeras elecciones democráticas en el estado español, lo fueron las de 1933 en plena 2ª República en las que pudieron votar por primera vez también las mujeres y que ganaron las derechas. De aquel hecho se cumplen 84 años, no los 40 que se celebraron el miércoles en el Congreso. En segundo término, Felipe VI se refirió al genocidio franquista como una dictadura, pero evitó citar a las decenas de miles de víctimas que dejó como herencia, muchas de las cuales aún están desaparecidas en cunetas y fosas;o las víctimas de la ultraderecha y los abusos policiales al amparo de las cloacas de los aparatos franquistas en la misma transición;centrándose únicamente en las víctimas de ETA. 40 años después, sigue habiendo víctimas de primera y de segunda. Y 40 años después, llamar dictadura a la dictadura se publicita como un avance importante. En fin. Además, la condecoración a un ministro franquista como Martín Villa, implicado en la muerte de cinco trabajadores en Vitoria-Gasteiz;en el ataque de terroristas de extrema derecha a los carlistas antifranquistas en Montejurra en 1976, en el que dos jóvenes fueron asesinados;o en los Sanfermines de 1978;muestra el alcance de la impostura que supuso aquel pacto oculto con los herederos de la dictadura. Igualmente, las referencias veladas a Catalunya señalan el lastre de la vertebración territorial del Estado, una realidad política sin solucionar pese a las décadas transcurridas. Y como colofón, la bronca desatada entre el anterior Rey Juan Carlos y su hijo Felipe, Rey actual, por la exclusión del primero de los actos oficiales. Es un clásico esto de las peleas familiares en el ámbito de las monarquías y solo es otro ejemplo de lo caduco de una institución hereditaria propia de siglos pasados y de imposible encaje en un sistema democrático avanzado y real. 40 años después, demasiadas y profundas lagunas todavía y poco que celebrar.