Las cosas del palacio

Por Javier Otazu Ojer - Sábado, 1 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

¿cómo van las cosas del palacio? Es más que sabido, ¿verdad? Pues bien, eso es lo que está ocurriendo con la economía española. En todo el tiempo que llevamos de gobierno, ¿se ha tomado alguna decisión importante relacionada con la situación económica o social que estamos viviendo? Salvo los recientes cambios jurídicos destinados a beneficiar a los autónomos (por cierto, ya era hora), no. Desde luego, si se ha tomado poca propaganda se ha realizado. ¿Cómo es posible? Son las cosas del palacio.

Es noticia que Pedro Sánchez ha hablado con Pablo Iglesias, que a lo mejor se toma un café Albert Rivera, que un aperitivo con Rajoy se tomará… Son noticia las declaraciones de un alcalde catalán relacionando Dinamarca con Cataluña y otras zonas de España con el Magreb… Es curioso: es noticia lo que dicen los dirigentes políticos, no lo que hacen. Es el periodismo declarativo. Este tipo de información está sobrevalorada, ya que las noticias deberían ser debates que generasen ideas para mejorar nuestra convivencia y para meditar cómo ser más competitivos en un mundo global. Por desgracia, los debates no tienen mucho sentido: cada político está obligado a seguir las directivas de su partido. Una forma muy sencilla de verlo es analizar las valoraciones de cada partido político después del reciente discurso de Felipe VI en el Congreso. Da la sensación de que sacaron las conclusiones antes de oírlo. Los extremos, los de siempre: para el PP, un discurso maravilloso y actualizado a los tiempos que corren. Para Podemos, un discurso trasnochado y fuera de la realidad.

Es cierto que los medios cubren con exactitud otros hechos importantes: el cambio demográfico debido al aumento de la inmigración, aspectos de la vida social o sucesos relevantes son tratados como deben. Sin embargo, se puede ver todo este enfoque desde otra forma. Y es que, pensándolo bien, también podría ser noticia lo que no es noticia. En otras palabras, los medios de comunicación informan de noticias activas (lo que ha pasado) y no de noticias pasivas (lo que no ha pasado).

Según este punto de vista, podría ser noticia que todavía no se ha tomado en consideración ninguna medida para arreglar el asunto de la politización de la justicia (los recientes acontecimientos de la fiscalía han sido un desastre). Podría ser noticia que en España no ha habido ningún atentado desde el 11-M, para valorar las causas de eso y profundizar en las mismas. Esta idea serviría para amplificar nuestra visión de la realidad, incluso tiene un matiz positivo: las noticias pasivas suelen ser buenas noticias.

Volvemos a los retos actuales. ¿Cómo afrontarlos? ¿Qué incentivos tienen los gobernantes? Deben hacer las cosas bien para salir reelegidos, aunque a veces les conviene enfrentarse a sus rivales políticos aunque eso perjudique al bien común. No obstante, existe un incentivo negativo olvidado: la falta de sensación de urgencia.

No solo el palacio está instalado en la política. En puestos de trabajo que están más o menos seguros también se acaban instalando el amarillismo y los rencores personales, y los cambios son lentos. Son las cosas del espíritu humano;funcionamos así, no podemos hacer otra cosa, a no ser que nos mentalicemos de una forma enorme. Vamos a comprenderlo con un ejemplo.

En grandes empresas existen departamentos con tareas ya prefijadas, que no cambian en exceso de un día para otro. Un contable tiene el mismo trabajo vaya la empresa bien o mal. Solo cambian los números que escribe. Cuidado: otro puesto de trabajo en peligro;las nuevas aplicaciones informáticas hacen milagros. En consecuencia si no estamos suficientemente motivados (la excepción es que el trabajo sea vocacional) es más fácil que se generen problemas entre los empleados de la empresa. No obstante, conviene conllevarlos: una discusión fuerte perjudica a todos. Lo relevante aquí es que el mecanicismo del trabajo nos lleva tener cambios lentos.

Desde luego, si estamos en un proyecto en el que debemos ir rápido ya que otra empresa puede adelantarnos las cosas cambian: en ese caso no estamos para perder tiempo. Es el viejo cuento africano: todos los días, en la selva, un león y una cebra se despiertan. Irán a comer, harán su vida de siempre. Pero en un momento dado, se juntarán. Y ahí ya saben lo que tienen que hacer: correr (por cierto, una cebra, más que con el león, compite con sus compañeras, ¿no?).

Si existe un consenso común es que los cambios que vienen son vertiginosos. La digitalización y los avances tecnológicos van a transformar nuestras vidas. Y mientras, las instituciones que deben regular estos cambios, desde la Unión Europea hasta la administración más cercana (renovación del DNI, carnet de conducir), funcionan como los palacios.

Y las cosas del palacio van despacio.

El autor es profesor de Economía de la UNED de Tudela