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Agresión por parte de un viajero borracho

“No le abrí la villavesa en mitad de la calle y me tiró una lata a la cabeza”

El chófer Carlos Villaín sufrió una agresión en la línea 7 el domingo por parte de un viajero borracho

Sábado, 1 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

El conductor agredido, Carlos Villaín.

El conductor agredido, Carlos Villaín. (I. Aguinaga)

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El conductor agredido, Carlos Villaín.

pamplona- Carlos Villaín Iribarren, vecino de Gazólaz de 50 años, conduce villavesas desde hace once y ha visto alrededor de su habitáculo de trabajo crecer el ambiente hostil hacia los chóferes, teniendo que aguantar amenazas, insultos y el verbo subido de tono. “Eso no es agradable para nadie, pero al menos eran solo insultos que no pasaban a más. Ahora, como lo del domingo pasado no me había ocurrido nunca”, afirma Villaín, miembro del comité de empresa de TCC por el sindicato ELA. El domingo, después de haber empezado a las 14.30 horas su turno en la línea 7, que conecta Barañáin con Villava a través de Rochapea y Chantrea, sufrió la primera agresión física en su trabajo.

El autor fue un joven de unos 20 años y que se había montado en el autocar urbano con síntomas de embriaguez. Pagó su billete y se fue al fondo de la villavesa. De repente, Carlos, tras arrancar el vehículo articulado junto al Hospital Virgen del Camino y dirigirse a la parada del Planetario, empezó a oír gritos. El joven se había colocado en mitad de la villavesa y empezó a reclamarle que abriera la puerta. Carlos, que estaba detenido en un semáforo en rojo, le explicó que no podía hacerlo. “Le dije que no podía apearle fuera de la parada, que era peligroso parar en mitad de la calle, que la ordenanza lo impedía y que pulsara el timbre si quería bajarse en la siguiente. Él entonces se acercó. Le insistí que no iba a abrirle porque no estábamos en la parada, que se esperara, y empezó a insultarme. “Te he dicho que me abras de una puta vez”, terminó por gritarme”.

A continuación, ya no hubo palabras. “Cogió la lata de cerveza que tenía y me la arrojó a la cabeza. Como estaba abierta y no me pegó con el canto, no me hizo herida, pero me puso perdido. Dejó todo manchado y, por suerte, me golpeó en la zona encima de la oreja y no me dejó marca. Pero era una lata de medio litro, de las alargadas, y me podía haber hecho mucho daño”.

Carlos no conocía qué más intenciones tenía el agresor, por lo que salió del puesto a defenderse. “Lo arrastré a la zona de silletas, estuvimos forcejeando y él me insultaba todo el rato y me sacaba fotos con el móvil”, recuerda Villaín. El chófer sufrió desgarros en la pierna al salir del mando del volante y golpearse con todos los obstáculos que se cruzó hasta que pudo detener al agresor. Se encuentra por ello de baja, con la rodilla rocada. Dice que este incidente no tiene nada de aislado y, de hecho, el lunes se concentrarán frente a la Mancomunidad para denunciarlo. Hechos así, subraya, “contribuyen a la claustrofobia de nuestro puesto. Te genera mucha ansiedad. Al igual que el cumplir horarios que son demasiado ajustados para nosotros. Muchas veces ese estrés se traslada a los viajeros. No era este el caso del domingo, pero a diario lo vemos todos. En muchas líneas no podemos dar un servicio de calidad”, reconoce, a la par que reclama más diálogo con los pasajeros y “más solidaridad por parte de ellos. De los 20 usuarios que llevaba el domingo y vieron la agresión, ninguno quiso declarar a la Policía como testigo para apoyarme”.- E. Conde