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Bel Borba, arte social y urbano

El artista brasileño ha visitado Pamplona durante su gira en Europa para concretar detalles de los proyectos que llevará a cabo en la ciudad. Además de una exposición en la Ciudadela, intervendrá en las calles de la capital.

Un reportaje de Clara Ayabar Rivas. Fotografía Iñaki Porto - Domingo, 2 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

El artista Bel Borba, que prepara su trabajo para llevar a cabo en Pamplona, retoca su particular bigote.

El artista Bel Borba, que prepara su trabajo para llevar a cabo en Pamplona, retoca su particular bigote.

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  • El artista Bel Borba, que prepara su trabajo para llevar a cabo en Pamplona, retoca su particular bigote.
  • Arriba, una pintura de 2,20x1,80 metros, que pertenece a ua exposición que recorre Alemania en este momento y que realizó en septiembre de 2016. A la izquierda, una escultura hecha con láminas de cinco metros de acero que representa a las 16 orixas y que
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Un saludo cercano, una mirada que aparece risueña tras las gafas de sol y un bigote a lo Dalí, herencia del padre de su abuelo, es la carta de presentación del brasileño Bel Borba, un intervencionista urbano que ha visitado Pamplona en una parada de dos días durante su gira por Europa.

La idea de que un artista como Bel Borba viajase a conocer la capital navarra surgió desde el área de Cultura del Ayuntamiento de Pamplona que, tras conocer su obra, quiere que el artista interactúe con la ciudad a través de nuevos proyectos. Aunque todavía no hay nada definido, ya se están ocupando de que todas las formas de trabajar del artista se trasladen a Pamplona. Además, de una gran exposición en la Ciudadela, trabajará con una comunidad e intervendrá en las calles de la capital.

En un perfecto portañol, Bel Borba cuenta que conoció la ciudad a través de un amigo pamplonés que vivió en Bahía, ciudad natal del artista. Con una sonrisa en la cara, asegura haberse enamorado de sus calles, de su gente, de su cocina, de su ambiente… además de haber encontrado en ella esa “hermandad” que busca siempre, según su “propio criterio sentimental”, en su lugar de trabajo con Salvador de Bahía. Para él, ambas localidades tienen muchas cosas en común, como la estructura arquitectónica o el respeto a las diferencias, pero sobre todo, la forma de vivir las fiestas. “La celebración tradicional de Bahía son los carnavales, una fiesta del pueblo y para el pueblo que se disfruta en las calles de la ciudad, al igual que San Fermín”, cuenta el brasileño.

Ese sentimiento de “hermandad” necesario para Bel Borba está presente en la mayoría de los lugares donde plasma sus obras, aunque a veces no la haya encontrado, pues este paralelismo hace posible que aparezca la creatividad del artista. “Tengo que conocer la ciudad, vivir en ella e intentar dialogar con los ciudadanos para luego, a través de la obra que realice allí, compartir con ellos un sentimiento”, explica Borba, que añade: “siempre intento buscar un lugar en el que me sienta cómodo, como en mi casa en Bahía. Para mí los miedos no son malos como dicen, yo sé trabajar con ellos, por eso siempre quiero sentirme seguro donde vaya a trabajar”.

Para todo artista es un paso importante exponer en una ciudad como Nueva York, en su céntrica plaza de Times Square. También lo fue para Borba, pero en menor medida pues asegura no haber encontrado afinidad con aquel lugar. “Encontré más hermandad con el barrio de Queens, donde coincidí con mucha gente de República Dominicana. Con ellos me sentí como en casa”, relata Borba.

Una decisión tan importante como elegir el lugar donde plasmar sus obras, él la toma en cuestión de segundos. Después de 40 años de trabajo, el artista brasileño se conoce. Sabe sus manías, sus inseguridades y sus necesidades para trabajar. Y todo se resume en un requisito: sentirse como en casa. Un sentimiento que ha encontrado en Pamplona y en sus gentes.

lugares olvidados

Materiales reutilizados

Al brasileño le gusta intervenir en las ciudades en las que está cómodo, tal y como ha hecho en tantas ocasiones en Salvador de Bahía. Borba elige lugares que han caído en el olvido de los ciudadanos, pero, sobre todo, de las autoridades que han dejado de cuidarlos. “La mayoría de los artistas busca espacios muy valorados para realizar o exponer sus obras, yo soy lo contrario. Me gusta transformar una zona olvidada. Darle una nueva vida”, cuenta. Bel Borba busca espacios que no estén bien, para que una vez él haya plasmado su obra, ese lugar se vuelva a cuidar de nuevo. “Hay que tener en cuenta que la gente se saca fotos con mis obras, porque pueden interactuar con ellas, y, claro, a las autoridades les interesa que la ciudad se vea bien”, dice. Además, aunque tiene mucha obra efímera, le gusta que duren más, que sean permanentes.

Este intervencionista urbano siempre piensa en obras para el exterior. “Aunque trabaje desde mi atelier, sea con pintura o escultura, aunque su destino final vaya a ser una exposición en un museo, siempre pienso en externo. Y así, puede dialogar más con la gente. La obra está pensada para que las personas las hagan suyas”.

Borba es especial, se mueve por impulsos, por sus sentimientos a la hora de situar su obra. También a la hora de conocer los materiales que empleará. Si al verlo le gusta, sabe que llevará a cabo esa obra sí o sí. “Todo lugar tiene materia prima”, asegura el brasileño, “para mi obra aquí, en Pamplona, ya tengo los materiales, pero no me dejan decirlo todavía. Ja,ja,ja”.

Muchos lo llaman reciclaje, pero Bel Borba se refiere a ello como “reutilización de materiales”. Con seguridad en sus palabras, explica que “la materia tiene memoria, por eso me gusta mucho reutilizar los materiales”.

“La gente tiene que ver la obra y que esta le atrape al instante para que dedique su tiempo a observar”

“Siempre intento buscar un lugar en el que me sienta cómodo, como en mi casa en Bahía”

Su primera obra, en 1975, la hizo con pedazos de motores. O su última obra presentada en Málaga, que la realizó con arcilla. “Si te paras a pensar para qué sirve un material, como en este caso la arcilla, te das cuenta de la cantidad de cosas que se puede hacer con ella. Paredes, techos, incluso comer para bajar la acidez del estómago”, explica. Otro de sus proyectos fue utilizar las velas de los saveiros (barcos) de su ciudad, que cambió por unas nuevas que los pescadores necesitaban, para pintar en ellas.

La memoria que asegura tener la materia que emplea en sus obras le permite dar entidad propia a ese lugar, ese objeto o esa pintura. “Veo la ciudad como un instrumento que te invita, te responde, que da vida”, explica.

arte como compartir

Dialogar con la gente

La cabeza de Borba funciona con rapidez. Es un sinfín de ideas, conceptos y anécdotas alrededor del arte y de lo que este le ha dado a lo largo de sus cuarenta años de trayectoria profesional pero, sobre todo, personal. El arte le ha permitido conocer el mundo a través de las personas.

El brasileño defiende el arte como un compartir. “El artista piensa, tiene que reflexionar y utilizar diferentes técnicas y medios para compartir ese sentimiento y provocar una reflexión en la gente”, cuenta. Para Borba es una responsabilidad que su obra sea entendida. Su objetivo es realizar una obra cercana, que conecte con todos y puedan entenderla.

“El arte tiene como objetivo el encuentro. Hoy estamos en una era en la que compartimos más. El arte es eso, compartir ideas, preguntas, denuncias... y utilizar todos tus recursos para conseguirlo”, asegura.

Borba dedica su tiempo a buscar estrategias en las distintas partes que forman su obra: el lugar, los materiales, la dificultad atribuida, el tamaño... “Tengo que robar sus ojos, tener ese encuentro con las personas que miran la obra”, explica el brasileño.

Sus obras dialogan con la gente de la ciudad, de la calle, aquella que camina, el trabajador diario. Busca a su público entre todos aquellos que disfrutan en las calles, en actividades fuera de casa y del trabajo. Un público que, a pesar de las lluvias y de las bajas temperaturas protagonistas estos días, encontró en Pamplona.

“La gente tiene que ver la obra y que ésta le atrape al instante para que dedique su tiempo a observar”, el brasileño, que quiere que la presencia de sus obras hagan pensar en ese aspecto concreto, que quiere trasmitir. Un diálogo físico y mental.

Su arte está al alcance de todos, no hace falta ser experto para entenderlo. Su obra no establece distancias con la gente, sino que busca la conexión con las personas. “Mi obra está completa si llega a la gente común, de la calle. Si no, no será perfecta para mí”, explica el artista brasileño.

El objetivo que persigue en cada proyecto, y que perseguirá en Pamplona, es llegar a que el espectador de su obra tenga una conexión con ella, así será perfecta. El arte es subjetivo, depende de la naturaleza de quien lo lleva a cabo, de lo que quiera compartir.

El hombre cercano que se esconde en Bel Borba busca conectar con su público. Un artista que quiere su comodidad donde trabaja, y que consigue en Pamplona, donde hará con la gente sus próximos proyectos.

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