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Gamazo nunca descansa en Madrid

Por Joseba Santamaria - Domingo, 2 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

Seguramente no es casual -en política no existen las casualidades- que el Tribunal de Cuentas de Madrid impulse una absurda polémica de competencias con la Cámara de Comptos de Navarra ahora. Más allá del conflicto político entre las capacidades propias del autogobierno de Navarra y el impulso recentralizador de los sectores conservadores del Estado, forma parte también de una estrategia de acoso al Gobierno de Barkos y a las políticas de cambio político y social azuzada desde UPN y PP en Madrid. La acusación de rebeldía al Gobierno de Navarra es insostenible y solo una cortina de humo para situar en el mapa de la política de Madrid a Navarra bajo el paraguas de un falso conflicto con el Estado. Ni rebeldía ni desobediencia. Solo defensa de las capacidades políticas que aún mantiene Navarra en el Amejoramiento. Su artículo 18, la ley foral de la Cámara de Comptos, y la disposición adicional primera de la Constitución de 1978 avalan la posición del Gobierno de que es la Cámara de Comptos el órgano responsable de fiscalizar las Cuentas de Navarra. De hecho, esta polémica competencial ya se ha producido con los anteriores gobiernos de UPN, que mantuvieron la misma posición política que ahora el Gobierno de Barkos sin que entonces las amenazas y acusaciones del Tribunal de Cuentas llegaran al nivel de ahora. Es, antes que una polémica de competencias, un nuevo intento de recortar el autogobierno de Navarra, devaluando el papel de una de sus instituciones más antiguas, la Cámara de Comptos, y uno de los símbolos políticos aún activo de los tiempos anteriores a la conquista militar y pérdida de la independencia. Con todo, lo peor de este caso no es la actitud prepotente de un juez del Tribunal de Cuentas -un tribunal cuestionado por su politización y nepotismo-, sino la coincidencia entre esta nueva arremetida al sistema foral con los insistentes viajes a Madrid de Esparza y Beltrán para demandar ayuda política y mediática contra el Gobierno de Barkos. Fracasada en Navarra la estrategia de crispación permanente de UPN y PP -las encuestas muestran que la sociedad navarra no sigue ese camino-, se exige a la desesperada que Madrid intervenga en Navarra y, desde entonces, aumentan los ataques a la presidenta Barkos y al Gobierno de Navarra. Es un mal camino, no ya para Barkos o el Gobierno, que pese a lo que pregonan con estridencia Esparza y Beltrán, muchas veces con el eco del PSN de Chivite, avanza razonablemente en positivo hacia una situación social, política y económica mucho mejor que la que dejaron ellos como herencia;sino para los propios intereses generales de Navarra. Devaluar aún más un Amejoramiento que tras 35 años ha quedado obsoleto -ni siquiera fue votado- ante las nuevas realidades sociales y las nuevas demandas de las generaciones de navarros y navarras de este siglo XXI y que aún mantiene importantes transferencias pactadas entonces sin cumplir, solo acrecentará la respuesta social contra los intentos de recortar el autogobierno en una sociedad que muy mayoritariamente reclama lo contrario, más capacidad de decisión y autogobierno. El espíritu de Gamazo, acompañado de los navarros que siempre han antepuesto sus intereses personales a los de Navarra, nunca descansa en los pasillos y salones de esa microEspaña irreal que anida en Madrid. Siempre nos quedará la vieja Gamazada.

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