Gobierno de detritus

Por F. Javier Aramendia Gurrea - Domingo, 2 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

en un artículo titulado Imbecilidad idiomática, publicado recientemente en la revista XL Semanal, que como saben es el suplemento dominical de los periódicos del Grupo Vocento y tiene una difusión de varios cientos de miles de ejemplares, el periodista Carlos Herrera, habitual columnista de la publicación, se permite manifestar con todo desparpajo lo siguiente: “Atentos, también, a Navarra y a la imposición del vascuence que pretende el Gobierno de detritus que allá se ha formado”. En el texto del artículo se denuncian algunos casos de estupidez y fanatismo de determinados representantes políticos en la Comunidad de Valencia y Baleares, que se niegan a hablar en castellano, a pesar de que lo conocen perfectamente y que él considera que encierran un “pavoroso odio al español”, como expresión del “nacionalismo más cerril junto con la ideología de izquierda revolucionaria”. El artículo termina con la andanada transcrita en el primer párrafo y que avisa de posibles desaguisados semejantes en nuestro Viejo Reino. Como es bien sabido, el señor Herrera está relacionado por vía conyugal a nuestra tierra y por lo tanto, se considera especialmente concernido por el tema.

En primer lugar, nos choca la dureza del léxico que el ilustre periodista utiliza al catalogar a nuestro Gobierno, integrado por los cuatro partidos del cambio, como “Gobierno de detritus”, ¡nada menos! Así pues, mi primera reacción ante una expresión tan descalificadora fue acudir a uno de los diccionarios más seguros por su reputación de rigor, al de María Moliner, que en su página 981 dice lo que sigue: “Detritus: forma latina de detrito, inapropiadamente usada como plural”, y prosigue definiendo el término: “desechos, residuos, restos que quedan o que resultan de la descomposición de algo (de una fábrica o domésticos)”. Otros diccionarios, como el de la RAE, inciden igualmente en la idea peyorativa de descomposición de algo. Parece claro, pues, que esta calificación de detritus tiene una fuerte connotación de desprecio, arrogancia e intolerancia, análoga, por cierto, a la por él vituperada en su artículo. Como se suele decir “los extremos se tocan”.

Haciendo un poco de memoria recordamos que no hace mucho al comentar el resultado de las elecciones, destacados dirigentes del Partido Popular sacaban pecho de que ellos habían ganado las elecciones, confundiendo el ser la minoría más numerosa con ser capaces de gobernar con su victoria y denominaban a los partidos menos votados como restos o saldos y a sus coaliciones como “agrupaciones de perdedores”, que, supuestamente, por serlo no tenían derecho a gobernar, por ser “perdedores”. Es un hecho que quienes así se expresan demuestran un rotundo desdén por la soberanía popular y los millones de votantes cuyos representantes, a través de alianzas y búsqueda de coincidencias o afinidades programáticas, superan en número, en el Congreso, a través de coaliciones, los escaños del partido, supuestamente “ganador”. Son las reglas del juego. Cuando, como en el caso que nos atañe de Navarra, se ha logrado, a través de una coalición, un Gobierno del cambio plenamente legítimo, después de una veintena de años en el poder de UPN, fiel aliado del PP, que según es de sobra conocido, fue sobre todo en los últimos años, ejemplo de mala administración, con derroches notorios de dinero público en obras faraónicas e inútiles, quiebra de instituciones señeras como la Caja de Ahorros de Navarra, abusos de dietas y otros, lo menos que se merece este Gobierno es un respeto, no insultos y descalificaciones gratuitas. Estamos en el siglo XXI y en una sociedad civilizada, ¿o no?

La frase de referencia tiene otra lectura evidente: ¿Qué pretende, supuestamente, este “Gobierno de detritus”? ¿imponer el vascuence? ¡Horror! El verbo imponer u obligar sería rechazable, si fuera verdad, como no lo es, pero la cosa, según el señor Herrera, se convierte en nefanda, si además, la imposición es del euskera. Parece que ahí le duele a nuestro periodista. Me recuerda este hecho aquellas declaraciones chuscas que un día leí de algún destacado dirigente ultramontano, quien decía que el idioma vasco se había extendido a Navarra, por vecindad del País Vasco, olvidando que el euskera estaba enraizado en Navarra desde tiempo inmemorial, considerándose nuestro Viejo Reino como su cuna u origen histórico.

Contenga su enfado, señor Herrera, ni el Gobierno de Navarra va a imponer el vascuence como hizo el Caudillo, forzando manu militari el uso excluyente del castellano en los territorios vascohablantes, sino tratar razonablemente de recuperar este idioma ancestral, por ser una riqueza linguística e identitaria de Navarra, especialmente tras muchos años de desatención por los gobiernos anteriores, ni mucho menos es un “Gobierno de detritus” sino una institución plenamente democrática y querida con sus votos por la mayoría de los navarros. Así pues, señor Herrera, más respeto, ¡por favor!

El autor es abogado

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