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Rafael Moreno Izquierdo periodista y profesor universitario

“El Periodismo y la Historia son complementarias: buscan contar historias humanas con rigor y agilidad”

Su libro ya ha llegado a las librerías. El trasfondo de sus motivaciones tiene que ver con la intuición y rapidez periodística elevada a rango de investigación científica.

Txus Iribarren - Domingo, 2 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

Rafael Moreno es profesor de la Complutense.

Rafael Moreno es profesor de la Complutense. (Foto: ©Silvia Varela)

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  • Rafael Moreno es profesor de la Complutense.

Pamplona- ¿Por qué este libro?

-Nadie había mirado este tema desde esta óptica, es decir, no poniendo el foco en la evacuación sino en el retorno…

En su trabajo cuenta que el detonante fue una llamada…

-Me interesé en la historia buscando documentar el origen de la apertura oficial de la primera oficina de la CIA en España que, posteriormente, descubrí que había sido un año antes de llegada de los primeros Niños de Rusia, en 1955, coincidiendo con la entrada en servicio de las bases aéreas norteamericanas. Ello me llevó a encontrar una colección de informes policiales españoles con los primeros interrogatorios de los retornados a los que me dirigió un archivero del Archivo General de la Administración (AGA) de Alcalá de Henares. Me centré en el retorno porque, tras documentarme sobre el tema, consideré que la salida durante la Guerra Civil y estancia en la URSS había sido ya bien estudiada y contada por otros historiadores. Respecto al tema de la llamada de teléfono, fue una coincidencia en realidad. Leyendo la prensa de la época para conocer cómo se informó del regreso, me llamó la atención que las crónicas periodísticas identificaban al primero que bajó del primer buque que atracó en Valencia. Cecilio Aguirre Iturbe, de Bilbao. Me intrigó. Se me ocurrió poner su nombre en Google y aparecieron cinco nombres. Empecé a llamar uno a uno preguntando si era uno de los Niños de Rusia,y a la tercera me contestó: “Sí, yo soy”. Se me puso la carne de gallina. Sobre todo cuando me dijo con toda amabilidad que si iba a verle me contaría su historia. Así empezó realmente el libro porque pude poner rostro humano a los informes.

El trabajo es por un lado el reflejo de un drama humano y personal que supera fronteras y tiempos pensando en otras noticias de actualidad. Apunta una frase de un testimonio de un niño retornado la idea amarga de que “cuando uno ha emigrado es emigrante para siempre…”

-Bueno, quizá es también algo autobiográfico. He vivido cerca de 16 años fuera de España y en cierta manera he experimentado el mismo sentimiento. Está claro que no es lo mismo. En mi caso fue voluntario y por trabajo, pero con respecto los retornados me contaban sus vivencias, encontraba muchos paralelismos. Ellos hablan de ausencia, no de exilio… y por encima de planteamientos ideológicos y políticos. La verdad es que casi todos los niños con los que he conversado no recuerdan esta etapa con amargura: la gran mayoría se siente agradecida y hasta orgullosa hacia la URSS por lo que hicieron por ellos o los años pasados allí. Querer venir a España no implica, en su planteamiento, rechazar su pasado.

De las historias humanas y particulares salta a lo que es pura geopolítica, de la Guerra Civil a la Guerra Fría con España en el centro y las desventuras de estos cientos de personas como monedas de cambio…

-Creo que para entender en su totalidad lo que vivieron estos españoles hay que comprender el contexto que les tocó. Los condicionantes políticos de un tremendo y convulsivo siglo XX que impactó en sus vidas y las opciones que pudieron tomar. Tanto unos como otros -Franco, Stalin, Moscú, Washington, el PCE, el PCUS… - se aprovecharon de estas circunstancias para sus propios intereses y ellos tuvieron que adaptarse como pudieron a estas realidades.

La imagen de la dictadura franquista también queda retratada con una mezcla de seguimiento policial casi paranoico y políticas paternalistas de acogida con toques propagandísticos: el palo y la zanahoria.

-Si uno se pone en la cabeza de un comisario de la Brigada de Investigación Social de la Policía de esa época del régimen de Franco, posiblemente lo entendería igual. El comunismo era el “diablo” para Franco, la piedra angular de su política exterior, de su justificación de cara a Estados Unidos… y, de pronto, más de 2.000 personas educadas y preparadas en el país del comunismo llegan a España para infiltrarse en todas las capas de la sociedad y dispersarse por toda la geografía. Para los de arriba era una excelente oportunidad para mostrar internacionalmente la imagen de un régimen más liberal y humanitario, pero para los de abajo -cuya única y principal misión era la seguridad del sistema- era una amenaza formidable y un posible “caballo de Troya”. Lo que sí me ha llamado la atención es que es la propia Policía y los servicios de seguridad del régimen quienes fueron los primeros que denunciaron la falta de apoyo oficial que sufrían muchos de los retornados, aunque fuera -parece lógico- por puro interés egoísta. Era evidente que una mayor adaptación social y laboral implicaba que “buscaran menos jaleo”, como afirmaban sus informes.

Los casos de niños y niñas navarros documentados son escasos, aunque Navarra tuvo su frontera y estaba muy cerca de la CAV, de donde hubo una salida masiva al caer el frente norte… ¿destacaría algún caso concreto?

-Los documentos que he encontrado mencionan que en los años 50 retornaron como una docena. Bastante pocos teniendo en cuenta el total (más de 2.600). Sin embargo, alguno de ellos me ha parecido muy singular. Hablo del caso de Julia Alaiz García, que aunque bilbaína, se la sitúa viviendo en Zubieta (Navarra). La he incluido entre los 20 informes policiales que transcribo literalmente en el libro. La Policía española la incluye en la categoría de “sospechosos, inadaptados y peligrosos”, al reconocer que su situación es “verdaderamente lamentable” por las condiciones de “miseria, estrechez e inmundicia” en que vive la familia. La Policía califica su situación de “francamente deprimente” y asegura que solamente se sostiene por el apoyo de las gentes del lugar que en todo momento la ayudan y animan. A pesar de ser una obrera especializada (tornera o barnizadora), no encuentra trabajo y tiene que vivir a expensas de su cuñado. Creo que refleja bastante bien las penurias que sufrieron algunos de estos retornados, especialmente las mujeres.

Usted es profesor de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, pero también ha sido periodista en el ámbito internacional. Historia y Periodismo. Pasado y Futuro. ¿Cómo encajan ambas profesiones o vocaciones?

-Lo que me apasiona de verdad es contar historias. Historias reales y humanas que nos ayuden a entender nuestro pasado y nuestro presente. En ese sentido, ambas cosas son complementarias. Entiendo mis libros como una sucesión de grandes reportajes que se pueden leer casi independientemente y que escribo aprovechando lo que he aprendido como periodista, pero con el sosiego y la reflexión que te concede la Universidad. Mi aspiración es complementar la investigación, el rigor en las fuentes… con el relato rápido y ágil de los reportajes periodísticos.

las claves

“Los que volvieron nunca renunciaron a hablar de forma agradecida y orgullosa de la URSS”

“Para la Policía Social, la llegada de 2.000 jóvenes educados allá era como un enorme Caballo de Troya”

“El libro comenzó al buscar en Google el nombre de un repatriado tras ver crónicas, llamarle, y que me cogiera”

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