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Trabajo de investigación

Los niños de la guerra

Una trabajo de investigación analiza la peculiar operación retorno de niños republicanos evacuados a la URSS, entre los que aparecen al menos ocho relacionados con Navarra

Un reportaje de Txus. Iribarren. Fotografías. Libro ‘Los niños de Rusia’ (Rafael Moreno) - Domingo, 2 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

Dos niños.

Dos niños. (CARLOS PEEREZ ROZAS/EFE)

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  • Dos niños.
  • Campamentos de acogida en Europa.
  • Bizkaia fue el punto de salida de muchos de los barcos.
  • Salida de un barco.
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Los niños de la guerra que tuvieron que salir de la Península huyendo del avance franquista han dejado fotografías de despedidas rompedoras y muchos libros. Sin embargo, las vivencias de aquellos que, a los años, volvieron de sus países de acogida quedaron en el ostracismo. Los llamados niños de Rusiaprotagonizaron en los años 50 una de las operaciones retorno más llamativas por una explosiva mezcla de duras historias personales, geopolítica, propaganda política, espionaje y represión policial. El periodista y profesor de la Universidad Complutense Rafael Moreno Izquierdo ha puesto la lupa en este colectivo y acaba de publicar un libro titulado Los niños de Rusia. La verdadera historia de una operación retorno. En él aparecen, en diferente grado, las historias de ocho niños que, o bien tenían origen navarro o acabaron recalando aquí.

ZUBIETA y Pamplona

Hermanos Alaiz García

La difícil reinserción de una mujer formada en un ambiente rural

La historia de Julia Alaiz García (y de su hermano Mariano) es dura y muy significativa. El investigador extrae su caso de un boletín de la División de Investigación Social emitido en agosto de 1957 cuyo tono es menos agresivo que otros informes policiales, ya que los funcionarios trataban de ver cómo favorecer su integración en la sociedad de acogida para que el régimen franquista pudiera colgarse una medalla. Pero no era fácil. Sobre todo en un medio tan rural como Zubieta. Julia Alaiz García nació un 15 de febrero de 1932 en Bilbao en el seno de un matrimonio militante de la República. De hecho, su padre era un “elemento activo de los sindicatos marxistas en Baracaldo”, pero falleció por heridas en la “guerra de liberación”. Esto motivó que tanto ella como sus dos hermanos (el otro, José Luis, falleció en Rusia por lo que no consta más información en el expediente) fueran embarcados en una expedición de “niños vascos” desde Santurce con apenas 5 años. Tras cursar la enseñanza básica en Leningrado, estudió en Moscú la especialidad de tornera y trabajó en sendas fábricas de maquinaria agrícola y de instrumentos musicales. En 1956 retornó a la Península Ibérica, recalando en la localidad navarra de Zubieta. Según el expediente policial, tuvo que padecer dos grandes dificultades. La primera, la falta de trabajo adecuado para su cualificación profesional inusual en una mujer en esta época y lugar. “Se lamenta de no poder trabajar de barnizadora o tornera y detesta entrar a servir por considerarla una profesión demasiado baja”. La segunda tuvo que ver con “la estrechez, inmundicia y miseria de su vivienda, una chavola (calle Askonsoloa, 21) con una cuadra debajo y una habitación dividida en dos con tablones arriba, por razones de moralidad”. Y es que Julia tenía que compartir habitáculo con su cuñado y con su hermano Mariano, cuya trayectoria personal y profesional fue similar, ya que a su vuelta a Navarra no podía ejercer de conductor en una fábrica de material bélico como hizo en Moscú pese a trasladarse a la capital, Pamplona (calle Mayor, 8).

Mendavia

Alfredo Rupérez Mateo

De la URSS a Mendavia y de Navarra a Barcelona

La información policial recabada en torno a Alfredo Rupérez Mateo es mucho más escasa, dado que proviene de otro archivo: el que recogía los cambios de residencia que realizaban los retornados. La mezcla del interés de la propia CIA y la paranoia de los propios servicios de seguridad franquista, que también veían posibles espías soviéticos por todas la partes, volvió locos a miles de agentes de la brigada social que tenía que realizar un seguimiento de estos repatriados por toda la Península. Es el caso de este de este joven (nació el 18 de julio de 1928 en Donostia) que volvió en 1957 de la Unión Soviética, donde no se sabe cuál fue su trayectoria más allá de que trajo la formación de Ingeniero Técnico Industrial. Fue acogido en la casa de su tío José Mateo Valerio, en Mendavia. De esta localidad navarra, y tirando también de la red familiar, se instaló más tarde en Barcelona (la policía sí sabía que se domicilió en la calle Rosellón nº 275, 5º piso), donde vivía su también tía Margarita Romeo Mateo. En Cataluña logró un trabajo dentro del ámbito de la “especialidad del cristal”, relata el informe.

tudela

Carmen Osta Bermejo

El viaje de ida y vuelta de una enfermera por amor

Carmen Osta Bermejo nació el 25 de junio de 1933 en Tudela. Sus padres se llamaban Martín y Justa. Se sumó a la 3ª expedición de repatriados y se domicilió en Bilbao, concretamente en la calle Barrencalle, nº 30, 2º. En el expediente no se recoge la fecha de su primera salida con la Guerra Civil, aunque el historiador ha podido saber algo sobre su devenir en la Unión Soviética. De hecho, tras vivir en las localidades de Jefson y Barnaul, estudió técnica de Medicina y Enfermería en Kiev. Su reingreso a la España franquista no resultó bien y, de hecho, en 1957 volvió a pedir su salida hacia la URSS “alegando” que deseaba “reunirse con su esposo”, ya que estaba casada con el “súbdito soviético Ogorodnicov Víctor Bladimerovich”. La documentación descubierta muestra que en 1991 volvió de nuevo a la Península Ibérica en compañía de su hermana Eloisa Osta.

Burlada

Hermanos Novas López

Faustino, un soldador que viajó en el Habana con 4 años y volvió a casa

Faustino (Bilbao, 1932) era el menor de tres hermanos (Elena y Aquilino) que subieron al buque Habana cuando se veía perdida la guerra. Tras desembarcar en Leningrado, acabó en una Casa de Niños. Faustino creció en la URSS, donde se formó como soldador y ajustador muy especializado, desempeñando diferentes trabajos en una fábrica de aluminio, en otra de ladrillos y en una central eléctrica. A diferencia de sus hermanos, Faustino decidió volver a su tierra y acabó en el domicilio de su hermana María Luisa Novas López, en Burlada (calle General Mola 7,2º derecha), según el atestado policial que incluso concreta que en “el dorso de su mano izquierda lleva un tatuaje con dos pájaros en una rama que se lo hizo a los 12 años”. Su hermano Aquilino, chófer de autobús en Moscú, volvería en 1993 ya con la democracia.

nombres propios

Los que volvieron. La documentación base del libro recoge ocho casos: Carmen y Eloisa Osta Bermejo;Faustino Novas López (y sus hermanos Aquilino y Elena);Julia y Mariano Alaiz García;y Alfredo Rupérez Mateo.

Los que salieron. Los archivos vascos de Euskal Memoria recogen al menos otros 26 casos de niños navarros que salieron al extranjero, una parte de ellos a la URSS: Ardaraz, Josefina;Armendáriz, Elena;Barballo, Alicia y Juana;Caret, Anselmo;Dorronsoro María y Mikel;Echeverria, Pilar, Santiago y Teresa;Escudero, Artemio;García Bada, Julia y Lorenza;García Calleja;Julio y Victoria;García Serna, Antonia;Lategui, Arrozana;López, Juan;Martínez Mula, Gabriel;Martínez Rebollar, Tomasa;Merino, Leonor y Luis Antonio;Olmo, Gerardo y Teodoro;y Zubillaga.

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