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Lo que no nos cuentan

Por Ilia Galán Díez - Lunes, 3 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

Hermoso es ver cómo gentes de todo tipo, cristianos, judíos, hindúes, escépticos o ateos han apoyado a los musulmanes que fueron atacados por un salvaje hace unos días en Finbury Park, en Londres. Ante el crimen, cientos de personas fueron a las puertas de la mezquita para ofrecer rosas de colores a los fieles, símbolo de la sociedad plural en la que estamos. Nos guste o no. La multiculturalidad es muy bonita si no hay extremistas y el diálogo es posible, enriquecedor. Pero hemos tenido profetas vacuos para hacer que Occidente fuera todo menos cristiano y grecolatino, especialmente entre los partidos de izquierda. En París o Berlín también hay enormes comunidades musulmanas y empiezan a ser más que notables en Madrid y en otros lugares de España, poco a poco. Más de cuatro de cada cien ingleses siguen a Mahoma, superando al resto de los no cristianos, y casi en su mitad ya nacieron en las tierras anglosajonas. En Londres, uno de cada diez son musulmanes. Muchos. Los choques son cada vez más frecuentes, ataques de los fanáticos islamistas o de quienes les rechazan. Tristes actitudes. Es comprensible que dicha religión no resulte simpática cuando cada poco tiempo sus más acérrimos defensores nos atacan y matan, indiscriminadamente. En los últimos años hemos sufrido más de seis mil ataques terroristas en Europa, con víctimas mortales, sin contar los intentos abortados. Recuerdo a un profesor progresista defendiendo que nada tenían que ver con la religión. Mentira. Se hacen por motivos religiosos, aunque errados. Cierto es que no es la mejor versión del islam y la mayoría de los creyentes son personas honradas y pacíficas. Sufrimos una guerra de religión, nos guste o no. Pero hay que evitar que la guerra sea más sucia todavía y que no paguen justos por pecadores. Hasta ahora se ha callado cómo en el Reino Unido aumentaban los ataques, insultos y desprecios a los musulmanes. Nada ayuda a la paz que una mujer con velo sea atacada con una bolsa llena de vómitos o que los creyentes salgan de la mezquita y encuentren rodajas de jamón en sus automóviles, que sean escupidos o insultados. Eso sólo anima a engendrar extremismo. Cerrar los ojos o acallar ciertas noticias tampoco ayuda. La gran tarea de los musulmanes hoy, para hacer su religión aceptable, es erradicar el fanatismo, su mayor enemigo. El odio engendra más odio. Por eso, cuando veo a una señora cargada de velos, la trato con la máxima cortesía y el cariño que me enseñaron como seguidor del Nazareno. Hay que convivir y el amor comprende;el odio ni sabe ni entiende.

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