¿Y el Museo Etnológico?

Por Jesús Mª Jaime Loinaz - Martes, 4 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

“Me he comprometido, por fin, con la Diputación Foral, para instalar unas primeras salas de museo histórico-etnográfico de Navarra, para San Fermín (…). Así, pronto en Pamplona habrá un lote de objetos que he ido reuniendo en la Navarra Atlántica y en la Burunda y a ello seguirá una serie de cosas del centro y de la parte pirenaica (…). Me gustaría hablar largo y tendido con V. y acaso también con sus discípulos actuales (…). Me he encontrado en un desmantelamiento casi total, comparando lo que hay con lo que había hace treinta años …”. Así se dirigía don Julio Caro Baroja a su querido y reconocido maestro don José Miguel de Barandiarán, en carta de 9-1-67.

Han pasado 50 años. Las navarras y los navarros, claro, tenemos un museo etnológico;mejor dicho, no es tan claro lo del museo: parece que tenemos un museo, y de 15.000 piezas;pero también parece que no lo tenemos, pues ¿dónde y cómo? En la necesidad de conocer nuestro pasado para mejor orientarnos ahora y hacia el futuro, la propia trayectoria del museo es significativa.

El compromiso de don Julio correspondía a un encargo cuyo proyecto consideraría sucesivamente sedes en Pamplona, Sangüesa, Irache, Estella. En 1994 se creaba el Museo Etnológico de Navarra, que en II-95 el Gobierno Foral pasaba a llamar Museo Etnológico Julio Caro Baroja “en reconocimiento a los méritos y la labor de investigación desarrollada en el campo de la etnología por esta personalidad navarra”, que en V-95 recibiría el Premio Príncipe de Viana de la Cultura (desde 1984 era Hijo Adoptivo y Medalla de Oro de Navarra).

La muerte le llegó a don Julio el 18 de agosto de 1995.

El Homenaje a Julio Caro Baroja (Príncipe de Viana, sep-dic. 1995) incluía su Proyecto para un Museo Etnográfico del Reino de Navarra, ya de 1966, y concebido de manera flexible: “La meta final es la de constituir un museo etnográfico navarro, en el sentido más lato, pero, hoy por hoy, partiremos de la idea de montar un museo etnográfico y folklórico de la provincia de Navarra”. Y consideraba problema fundamental el presupuesto ordinario para gastos de sostenimiento ¡más que el necesario para instalación!

Pues bien, desde 2007 las piezas están almacenadas en un polígono industrial de Estella. Y el museo no tiene consideración legal de tal, aunque así se llame, por carecer, entre otros requisitos, de exposición permanente (Ley Foral 10/2009). ¿No es hora de instalarlo para siempre? ¿Y presentar ahí nuestro patrimonio (gure ondarea) dignamente para conocimiento, comprensión y amor, nuestros y ajenos?

Qué mejor reconocimiento a las valiosas iniciativas privadas y públicas existentes (Arteta, Sangüesa, Elizondo, Zubieta, Burgui, etcétera) en esta temática, a cuyo fomento contribuiría. Buena ubicación sería el antiguo instituto provincial (de 1857, en la calle Navarrería y en la plaza de San José de Pamplona), actual sede del Departamento de Cultura. Y el Ayuntamiento de Pamplona bien podría empeñarse por esta dotación cultural para su Casco Viejo.

También podemos dejar morir este museo, el reconocimiento al magisterio de don Julio (con algo del prestigio de los propios premios), y una parte sustancial de nuestras raíces y memoria.

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