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Los chóferes de la MCP piden mayor presencia policial para prevenir las agresiones

Ayesa anuncia el acompañamiento puntual de patrullas policiales en las fiestas de la Cuenca
En septiembre se endurecerán las sanciones leves y graves hasta 750 y 1.500 €

Sara Huarte / Unai Beroiz - Martes, 4 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

Jesús Carlos Villaín, el último conductor agredido, atendiendo a los medios de comunicación durante la concentración.

Jesús Carlos Villaín, el último conductor agredido, atendiendo a los medios de comunicación durante la concentración. (Unai Beroiz)

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  • Jesús Carlos Villaín, el último conductor agredido, atendiendo a los medios de comunicación durante la concentración.

pamplona- El pasado domingo, el conductor de villavesas Jesús Carlos Villaín recibió un botellazo en la cabeza por negarse a abrir las puertas de la línea 7 en medio de la Avenida Pamplona. El autor de la agresión fue un joven de unos 20 años y que se había montado en el autocar urbano con síntomas de embriaguez Ayer, acompañado por numerosos compañeros de profesión, acudió frente a la sede de la Mancomunidad para reivindicar más medidas de seguridad. “Fue justo delante de las antiguas Urgencias, al poco de pasar la parada. No tocó el timbre ni nada y quería que le abriera las puertas de la villavesa en medio de la Avenida de Pamplona, incumpliendo la normativa”, recuerda este veterano conductor con 11 años de experiencia a sus espaldas.

Ahora, tras haber presentado una denuncia para “que no se vaya de rositas”, Villaín se enfrenta a las consecuencias de la agresión y reclama más medidas de seguridad para los conductores, como respaldo policial o tiempos “prudenciales” de expedición entre un destino y otro. “Yo noté que estaba ebrio, pero no tengo potestad para echarle o impedirle que suba. Si paga, tiene el mismo derecho que los demás”, explica Villaín, poniendo de manifiesto la indefensión a la que se enfrentan los conductores. Una inseguridad que desde la Mancomunidad y TCC, la empresa adjudicataria del servicio, han intentado paliar con cámaras de seguridad, que en agosto estarán presentes en casi la totalidad de la flota, y semimamparas de protección en la cabina del conductor.

“Yo creo que con medidas más sencillas como, por ejemplo, tiempos prudenciales de expedición para llegar de un destino a otro que nos permitan relacionarnos un poco más con los pasajeros o más apoyo, un refuerzo, podrían solucionarse parte de los problemas, pero nadie quiere poner medidas de ese tipo”, lamenta Villaín, sin intención de desmerecer las mamparas. “A mí me hubiese salvado del golpe”, asegura. No obstante, para este veterano conductor, el apoyo policial podría actuar como medida disuasoria y “evitar el 80%” de los problemas a los que se enfrenta este colectivo. “En los servicios nocturnos, que son menos, sí que se podrían implantar otro tipo de medidas como, por ejemplo, llevar una patrulla de Policía delante o que se pasen de vez en cuando para ver si está todo correcto”, expone Villaín.

Y es que, pese a que dentro del autobús el conductor es la máxima autoridad, estos trabajadores no tienen potestad en otros aspectos. “Nosotros no tenemos derecho a decidir quien puede subir o no, o a echar a alguien que no se esté comportando bien, para eso tiene que venir la Policía”, señala Villaín, detallando el protocolo a seguir en caso de que se produzca alguna incidencia relacionada con los usuarios: “Llamar por la emisora y si el problema es inminente, pulsamos el botón del pánico”.

Sin embargo, y a pesar del protocolo y la actuación de las fuerzas policiales, en ocasiones las agresiones se producen y, tal y como ejemplifica el último agredido de este 2017, en la denuncia se persona el conductor como parte acusadora. “La empresa nunca se ha presentado como parte de esa acusación. Para ellos estas agresiones también son un problema;y parece que no lo quieren ver. Solo queremos que se posicionen, somos trabajadores suyos y en mi caso, por ejemplo, no me han llamado ni para interesarse por como estoy”, denuncia Jesús Carlos Villaín.

TCCY es que, tal y como señala el presidente de la MCP, Aritz Ayesa, que también estuvo presente en la concentración de ayer, en este caso “hay una concesión de un servicio que le atañe a la empresa TCC”. “Por el momento, él es la única parte que, por lo menos nos escucha”, apuntaron los trabajadores de TCC, en referencia a Ayesa y agradecidos por contar con su presencia en la reivindicación de ayer. Así, durante la concentración, el presidente de la MCP repasó las medidas de seguridad con las que actualmente cuentan los conductores;cámaras de seguridad en prácticamente el 50% de la flota, en 115 de las 140 para agosto, y mamparas en la cabina del conductor en seis de los nuevos vehículos articulados. Además de una ordenanza que actualmente se está modificando para especificar y endurecer las normas relativas a la seguridad de los chóferes y que, si no hay alegaciones, entrará en vigor en septiembre.

“Ellos tienen que tener herramientas para aplicar la normativa. Subir con una lata de cerveza en la mano está prohibido a las 18 horas y a las dos de la madrugada”, sentencia Ayesa, anunciando a su vez el endurecimiento de las multas por infringir la normativa del servicio del TUC;hasta 750 las leves, y de 750 a 1.500 euros en el caso de las graves, y la colaboración con los alcaldes de la Comarca para que una patrulla policial acompañe al servicio de villavesas en algunos momentos puntuales como, por ejemplo, las fiestas de las diferentes localidades.

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