la carta del día

Queremos ser camino y no frontera

Por Itziar Elejalde Etxeberria - Miércoles, 5 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

escucho pasar los aviones preñados de bombas… y me molestan. Ya solo me molestan. Antes, yo era joven, creía que era imposible vivir en un sitio donde los ejércitos se entrenaban para matar, para matar mejor. Ahora ese ruido que hace vibrar las ventanas de mi casa, solo me molesta. -Ama, ¿qué es ese ruido?-, me dice mi hija. Y yo la miro en silencio, no quiero decirle que es solo un ruido molesto;tampoco quiero asustarla. Durante el recreo los niños y niñas de mi clase miran los aviones pasar. Solo los más pequeños se asustan, los mayores ya se han acostumbrado, ya saben que son solo aviones entrenándose para matar.

Ahora sé también que este ruido no suena igual en todas partes. En Siria o en Afganistán, cuando una madre o una profesora escucha este ruido, cuando una niña pregunta -¿qué es ese ruido, ama?- hay una madre que corre, una profesora que les ayuda a esconderse. A ellas, a estas madres y profesoras, este ruido no les resulta molesto: les aterroriza.

Me pregunto si para los pilotos de estos aviones (¿por qué nunca nos imaginamos a mujeres pilotando bombarderos?) sonarán igual sus bombas en las Bardenas o en Siria. Lo pregunto en serio: ¿Qué se siente al apretar el botón? ¿Tendrán madres, hijas, profesoras esos (o esas) pilotos que solo cumplen con su deber? ¿Llevarán sus fotografías en las cabinas de vuelo?

No hay que preocuparse, nadie es responsable. Nadie tiene la culpa de que nuestras tierras se alquilen para aprender a matar. Dos mil años de filosofía, humanismo, arte, religión, ciencia política, derecho… no han evitado que cientos de madres, profesoras y niñas huyan de sus casas para esconderse de las bombas que a nosotras nos molestan. Cuando pedimos el desmantelamiento del polígono de tiro de Bardenas los políticos nos hablan de dinero o nos animan a mantener las protestas dentro de sus cauces… otros 50 años más. Nadie tiene la culpa. No es culpable el militar que cumple con su deber, ni el político que defiende su patria, ni el bienintencionado que protesta sin molestar, ni el ingeniero que diseña las concertinas, ni la obrera que mira para otro lado… Quizás las únicas culpables sean las madres y profesoras que se empeñan en huir de las bombas, para morir ahogadas en el Mediterráneo.

Tendrán razón;solo es un ruido molesto. Siempre hay alguien que se empeña en morir en algún sitio remoto. Tendrán razón, pero yo quiero ser una de esas madres o profesoras que evitan… ustedes ya me entienden.

-Hija, ese ruido tan molesto yo lo quiero parar-. Cientos de hombres y mujeres van camino de Melilla para abrir las puertas a quienes huyen de la muerte. Yo quiero ayudarlos;quiero ayudar a los refugiados y a quienes ayudan a los refugiados;quiero que mis brazos sean parte de los brazos que les protejan. Vas a tener que compartir tu escuela, tu habitación y hasta mis abrazos con quienes huyen, porque yo les quiero proteger. Quiero ser camino y no frontera;quiero cambiar las bombas por abrazos. Quiero que mi cuerpo sea uno de los cuerpos que protegen a los y las que protegen. Porque no es cierto, mi niña, que todos escuchemos el estruendo de la muerte como si fuera solo un ruido molesto. Vamos, hija, a las Bardenas, si no podemos parar los bombardeos, acojamos a quien huye de ellos.

En representación de Bardenas Libres 2018

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