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su final fue también de película

El último viaje de Argal a su hospital de Nemba

Las cenizas del que fuera fundador de Medicus Mundi descansan ya en Ruanda, la cuna de la cooperación navarra

Un reportaje de Txus Iribarren - Miércoles, 5 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Miguel Ángel Argal, durante una de sus últimas visitas a Ruanda.

Miguel Ángel Argal, durante una de sus últimas visitas a Ruanda. (Medicus Mundi)

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  • Miguel Ángel Argal, durante una de sus últimas visitas a Ruanda.
  • Natalia Herce junto a Mariano Pérez Arroyo, en el jardín de la casa.
  • Imagen de la caja con la cenizas de Argal y uno de sus libros preferidos.

Miguel Ángel no tenía una granja en África como el personaje caracterizado por Meryl Streep en la famosa película con Robert Reford. Lo que tenía el recientemente fallecido fundador de Medicus Mundi era un proyecto en el Hospital de Nemba que fue la cuna de la cooperación navarra. El jardín de este centro hospitalario acoge desde este mes una parte de las cenizas de este pionero que murió recientemente en Pamplona. Su final fue también en cierta manera de película, aunque con un guion y un reparto menos conocido. Este sacerdote navarro falleció el pasado mes de abril a los 82 años tras sentirse mal en su “penúltimo” viaje al país africano al que dedicó casi toda su vida. Un malestar general se convirtió tras diversas pruebas en una enfermedad que puso fin a una larga historia personal, pero no a la senda colectiva de la cooperación que dejó abierta. La África que dio sentido a su vida puso la fecha de su muerte.

Pero quedaba una asignatura pendiente para cerrar un círculo que se inició en 1971 con su primera visita a Nemba, localidad que luego sufriría en sus carnes una atroz guerra civil con el famosos genocidio: un grupo de compañeros de la ONG y voluntarios llevaron al país africano una parte de sus cenizas. No lo dejó escrito, pero hubo quien supo leer entre las líneas de sus últimas horas. Su compañero en la dirección de Medicus Mundi en gran parte de su trayectoria, Alfredo Amibilia, tomó una decisión que fue puesta en marcha por otras tres personas muy vinculadas a Miguel Ángel y a Ruanda: Natalia Herce, Mariano Pérez Arroyo y Consuelo López-Zuriaga. Juntos enterraron -entre palabras- una caja con el libro El Corazón de las Tinieblas, de Joseph Conrad, uno de los favoritos de Argal quien siempre dijo que era preferible mantener “la candela” de la cooperación que tirar la toalla en un continente a veces muy oscuro.

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