Opinión

Hierba

Por Josemari Sexmilo - Jueves, 6 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

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Ivan Lendl, el gran jugador checo de los años 80, no pudo ganar nunca Wimbledon. Mientras ganaba Roland Garros (tres años), US Open (otros tres), Australia (dos) y el Masters (en cinco ocasiones), se le atragantaba la hierba de Londres y, aunque llegó a dos finales y a cinco semifinales, nunca pudo levantar el trofeo de campeón en la pista más mítica del planeta. “La hierba es para las vacas”, declaró cuando veía que finalizaba su recorrido profesional y no había forma de hincar el diente en donde todos los grandes han triunfado.

Rafa Nadal puede ganar Wimbledon. ¿Por qué no? La hierba de Wimbledon no es la que era. Está claro que algo ha cambiado y que ese algo tiene que ver, en parte, con las televisiones y la publicidad. Los sponsors, los entrenadores, los organizadores, el público, casi todos estaban un poco hartos de la corta duración de los puntos, del escaso sabor táctico del tenis en esa superficie y de asistir a partidos que no te mostraban más que saque y volea. En su día cambiaron el tipo de hierba y, muy importante, el corte. Se habló a principio de este siglo de que se pasó de 6 milímetros de altura a 8 y que el corte se empezó a hacer desde los fondos hacia la red, buscando que esa inclinación de la hierba frenara la endiablada velocidad.

En Wimbledon hay una foto que llama la atención: la del último día. Si nos fijamos, la pista está pelada, sin hierba, en los fondos. Sólo en los fondos. Si buscamos documentos gráficos de hace tan sólo 20 años, veremos que la hierba no sólo falta en los fondos, sino también cerca de la red, en donde se volea, aquella zona a la que van los que atacan con su saque o su juego de media pista y se asoman a la red para rematar.

Las pistas de Londres se han vuelto más lentas. En los últimos 15 años han ganado jugadores que no se asocian con el juego de saque-volea. Hewitt, Federer, Nadal, Murray y Djokovic han vencido jugando a su manera, jugando de fondo a fondo y esperando la oportunidad de ir a la red, pero sabiendo que su valor más seguro es el fondo de la pista.

Es una pena que el gran Lendl no pudiera disfrutar de una hierba lenta (dos términos antagónicos en sus tiempos), porque habría sido un espectáculo verle vencer en la Catedral. El checo era un jugador que destrozaba a sus contrarios con sus golpes de fondo, pero entonces, en Londres, no había que dejar botar la pelota porque corría demasiado y a Lendl no le iba eso. Y como no era precisamente un hombre simpático ni buen comunicador, en sus arrebatos antihierba acabó por perder el norte y no encontró más recurso que hablar de vacas, cuando lo suyo era el tenis.

El autor es Entrenador Nacional de Tenis