De blanco y rojo

Joseja Zamarbide Sierra - Jueves, 6 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Pretender trasmitir el sentir de los Sanfermines no es tarea fácil, es intentar hablar en plural de algo que vivimos individualmente. Debo reconocer que me considero amante de la improvisación, pero admitiré que el 6 de julio tengo mi propio ritual. Acostumbro a “subir a Pamplona” solo, con el tiempo justo para llegar a esos momentos previos al Chupinazo. En ambos lados de la calle se divisan hileras de gente con prisa, algunos tirando de los niños para evitar los retrasos, todos de un blanco inmaculado, se respira igualdad y unidad, momento en el que no parece haber discrepancias en ideales, ni clases sociales;en los que todos nos encaminamos a un mismo lugar, con un mismo objetivo, la alegría. ¡Eso me gusta! En esos momentos entra la nostalgia de aquellos tiempos en blanco y negro, de otros recuerdos vividos, inevitable por mi parte es sentir el vacío de quienes no pueden formar parte de esa peregrinación, recordando a quienes trabajan, a los ausentes, a los que ya partieron, viniéndome a la mente hechos anecdóticos, como el caso de Tony, un inglés cuyo último deseo fue que sus cenizas se arrojasen en la plaza del Castillo justo en el momento del Chupinazo, historias emotivas de una fiesta en la que me encantaría que ese espíritu festivo prevaleciera durante todo el año. Este último deseo me lleva a mostrar un lado poético y recitar aquello de “Un día de invierno y de un resbalón, en la acera mis huesos dieron, fueron lágrimas congeladas, que subiendo el 6 de julio, de mis ojos cayeron”. Segundo año que la alcaldía delega en la ciudadanía el inicio de la fiesta a personajes populares que viven y transmiten la emoción de sus vivencias, o bien otros colectivos o instituciones propuestas que trabajan por y para la fiesta. Este año la consulta popular ha elegido a DYA, una organización que ha realizado con esmero innumerables intervenciones, atenciones y cuidados en sus 40 años de historia, y que de la mano de Paula Ramírez y María Calado no solo serán capaces de contagiarnos su felicidad con los mejores deseos para estas fiestas, sino también de transmitirnos sus mejores consejos por una fiesta mejor. Allí estaremos todos, con el pañuelo extendido al viento, en pleno corazón de la fiesta, o bien en cualquier otro punto de la ciudad de los muchos que somos capaces de convertir en neurálgicos, expectantes de ese momento tan especial, como es el de correr la cortina y exaltar la efervescencia festiva para dar comienzo a la trasformación de nuestra gloriosa ciudad, y pasando de la emoción a la alegría con los deseos en que estos Sanfermines de 2017 nos hagan acumular los momentos más inolvidables. Viva San Fermín. Gora San Fermin.