Exportar pateras aéreas

Por Ilia Galán - Jueves, 6 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

nosotros también enviamos fuera pateras, no sólo las recibimos, como imaginan algunos. Cambia el estilo. Los pobres desgraciados que atraviesan el estrecho de Gibraltar y se ahogan están movidos por extrema miseria y sólo tienen esperanza en nosotros. Pide ayuda Italia para recibir a tanta gente. La única solución es, además de arreglar sus países de origen o reintegrarlos en los imperios coloniales en los que estarían, sin duda, mucho mejor que solos, remolcar cada barcaza que llega al lugar del que partió, para que el ejemplo evite este mar de intentos donde tantos pierden la vida y tan gran caos produce luego en países que, además, están casi hundiéndose, como el nuestro: más de cien mil españoles han ido a habitar al Reino Unido, aunque se esté desgajando de Europa. Nuestras pateras: líneas aéreas de bajo coste. Jóvenes con títulos universitarios que sirven en cafeterías o limpian establecimientos, lo que haga falta... Dejamos ir a nuestras mejores cabezas y recibimos a los pobres que del África llegan sin gran idea de qué es Occidente, más allá de riqueza o bienestar social, con el Corán bajo el brazo o con sus costumbres y creencias, que tal vez nada tienen ver con las nuestras. Gran confusión y locura. No es extraño que las encuestas muestren el enorme abismo que hay entre las antiguas generaciones y las nuevas, que ya nacieron en nuestra supuesta democracia (oligarquía y sólo democracia para elegir un minuto de los miles que hay cada cuatro años, y lo que nos ofrezca el sistema;no hay más opciones). Tienen razón los jóvenes al mostrar su insatisfacción con nuestra democracia o al considerar que nuestra situación política es muy mala, que la riqueza está mal distribuida, que la Constitución española necesita hondas reformas... La mayoría prefiere el multipartidismo y no este juego macabro que hemos sufrido entre los dos grandes partidos, grandes corruptos, y, sobre todo, en los últimos tiempos, grandes ineptos. Saben los jóvenes que les toca vivir en la precariedad, sin poder acceder a una vivienda digna, retrocediendo, pues el progreso parece un mito encallado en el pasado. No es extraño que sean partidarios de la eutanasia, primero de la propia, veremos lo que pasa cuando tengan que cargar con sus padres y abuelos, si también deciden aplicarla a los ajenos. Casi la mitad se consideran incrédulos y no visitan nuestros templos. Sin esperanza, sin fe y sin respeto por nuestras tradiciones y artes, el futuro se ensombrece. La Iglesia está perdiendo la juventud, como perdió a la clase obrera antes, y todo el patrimonio tiembla. Algo mal hemos hecho, habrá que poner remedio.

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