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ingresado tras la apuesta de azpeitia

“Noto que me voy a morir, que se acaba”

Alex Txikon, tras dos días ingresado en el hospital después de la apuesta de azpeitia, hace autocrítica y carga contra la “falta de deportividad”

I.G. Vico - Viernes, 7 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Txikon, al ser retirado de la apuesta.

Txikon, al ser retirado de la apuesta. (Foto: Iker Azurmendi)

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  • Txikon, al ser retirado de la apuesta.

donostia- Después de la “odisea” del pasado sábado sufrida por Alex Txikon y Mikel Larrañaga en la apuesta disputada en la plaza de toros de Azpeitia, que acabó con imágenes dramáticas y el alpinista lemoarra siendo trasladado al hospital de Mendaro, el pasado lunes el vizcaino volvió a ser ingresado en un centro médico en Bizkaia. El montañero fue dado de alta ayer mismo sin problemas en los órganos vitales. De cualquier modo, el himalayista aprovechó para hacer balance y escribió en una carta toda la experiencia vivida en la preparación de la cita, siendo bastante crítico consigo mismo, al reconocer que afrontó la apuesta con “dos fisuras en fase de consolidación” en las costillas, y con varios factores externos, entre ellos, el doctor Arratibel y la Federación de Gipuzkoa de herri kirolak. Además, relata su experiencia personal, en la que se vio muy cerca de la muerte.

El lemoarra se sometió a un proceso de entrenamiento duro “por la pasión” y porque tras tres “largos e intensos inviernos” le hacía “muchísima ilusión”. “Pongo todo mi empeño en cada entrenamiento. Entrenamos seis días por semana, descansamos uno”, destaca Txikon, quien cuenta que el sábado, en la última alzada de calentamiento, “Mikel Larrañaga trata de buscarme con la mirada para asustarme, pero no lo consigue. Es más, me avergüenzo del teatrillo”.

Aun así, el alpinista califica de error el haber llegado a la cita con “dos fisuras en base de consolidación”, diagnosticadas “seis días antes”. “Se lo comuniqué a Mikel para que avisara a la Federación, porque no tenía claro si podría salir a la plaza tras estar toda la semana entre médicos”, recita en su misiva el montañero, quien tomó la decisión de competir por “no cancelar la prueba y decepcionar a la afición al posponer la apuesta”. “En estos momentos, lo mío es el monte, no los herri kirolak. El 1 de julio no debí salir a la plaza con dos costillas fisuradas. La presión me pudo”, desgrana.

A la novena alzada de la piedra iba “muerto”. “No me entra aire”, dice, pero terminó bien esa fase. “Noto al juez a mi lado y sé que no me van a pasar ni una”, revela. Al acabar de cortar Larrañaga le saca “cinco vueltas” y comete el segundo error: “la falta de hidratación”. “Hasta que no me derrumbé en la vuelta 58, no bebí nada”, remacha.

En el vestuario, “no podía respirar”. “No siento ni los pies y apenas las manos y pido que me lleven al hospital”, agrega. Y empezó la “odisea”. Llegó a la ambulancia con “veinte pulsaciones por minuto” y una saturación de oxígeno en sangre del “68%”. “Mientras el señor Arratibel se ha dedicado a pregonar su diagnóstico de una hipoglucemia, los allí presentes veían claramente una deshidratación severa que había derivado en un grave cuadro de insuficiencia respiratoria”, escribe Txikon, quien critica que “siendo obligatorio un médico, en la ambulancia solo había conductores, no sanitarios”. “Noto que me voy a morir, siento que esto se acaba. Algo no va bien. Cuando más se necesita al médico, el señor Arratibel se esfumó, quizás algún día fue una buena persona y un buen médico”, argumenta el lemoarra, quien incide en que “la máscara de oxígeno no estaba conectada” y no se encendieron las luces de “dentro”.

“Siento que esto se termina: el pulso no mejora ni la saturación. Van a buscar al médico, que no aparece nunca”, desbroza y manifiesta que “mi cuerpo empieza a convulsionar. Sé que si pierdo la consciencia voy a morir”. “Peleo, peleo, lucho por no morirme”, recuerda Txikon, que sostiene que le era imposible tomar líquidos y que, debido a que la sangre era “demasiado espesa”, le preparan el “desfibrilador”. Cuando consiguen conectarle al suero, en “diez minutos”, ingiere litro y medio.

“Provocación constante”“No debí salir a la plaza en ese estado. Me siento contento de seguir vivo, con mucho miedo”, sostiene el himalayista. Asimismo, considera que “he de sincerarme y recriminar la actitud de la Federación de Gipuzkoa de herri kirolak, ya que, cuando sabían que estaba como el astado recién recibido el espadazo a punto de morir, prohibieron terminantemente darme agua desde fuera durante toda la prueba con la amenaza de descalificación”. También evoca que a Larrañaga le permitieron “cortar el primer tronco sin camiseta” y recibió “ayuda externa al agarrarse”. “Me trae sin cuidado el final de semejante ridículo, pero la Federación de Gipuzkoa debería de hacérselo mirar, ya que parece que tiene intereses propios”, señala Txikon y apostilla que anima a los aizkolaris a “no participar en pruebas como estas si no se normalizan o se actúa, al menos, con deportividad”.

Finaliza el montañero que “desde el momento en que se llevaron las maderas a la plaza ha habido una falta de deportividad tremenda y una provocación constante. Las apuestas son para ganarlas en la plaza. En la mesa deberían de cerrarse con oportunidad para ambas partes”.

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