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El Chupinazo | Otros escenarios

Plaza del Castillo: un corazón en blanco y rojo

Un público joven y adolescente celebró el inicio de los Sanfermines

Ainhoa Bravo | Oskar Montero - Viernes, 7 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Cientos de personas festejan en la Plaza del Castillo de Pamplona, con sus pañuelos rojos alzados, el inicio de las fiestas de San FermínVER VÍDEOReproducir img

Cientos de personas festejan en la Plaza del Castillo de Pamplona, con sus pañuelos rojos alzados, el inicio de las fiestas de San Fermín.

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  • Los pañuelicos tiñen de rojo la plaza del Castillo.

Pamplona- Ayer no fue un día normal. La impaciencia, los nervios, la alegría y las ganas de dar comienzo a las esperadas fiestas de San Fermín se podían palpar en el ambiente de la plaza del Castillo donde cientos de personas de todas las edades, aunque mayoritariamente jóvenes, eligieron este lugar para ver el Chupinazo.

Tras reponer fuerzas y empezar la mañana del día 6 con el tradicional almuerzo que reúne a familias, cuadrillas y peñas, la gente comenzaba a ocupar la mitad de la plaza a más de una hora de dar comienzo a 9 intensos días de fiesta. Aunque la previsión del tiempo anunciaba algo de lluvia a media mañana, no fue así y la sensación de bochorno marcó la jornada. Los 27 grados que marcaba el termómetro a escasos minutos del Chupinazo contribuyeron a que empezase a llover las primeras gotas de vino, sangría, agua o champán además de mostaza, harina o huevos, una actividad que ya se ha convertido en todo un clásico de los Sanfermines. También lo es la suciedad y el mal olor que deja esta práctica en la ciudad de Pamplona incluso antes de lanzar el cohete. En las entradas a la plaza del Castillo agentes de la policía registraron, como años anteriores, bolsos y mochilas, para controlar el acceso de vidrio, que está prohibido;o la introducción de distintos objetos que se pudiesen lanzar y causar algún daño.

Prácticamente casi todas las familias que eligieron la plaza del Castillo para presenciar el Chupinazo se ubicaban en los distintos laterales de la plaza. Entre ellos se encontraba Javier Berraondo con sus dos hijos, Sebastián y Mateo, de año y medio de edad, comentó Javier. “Vivo en Palma de Marllorca pero nací en Pamplona e intento venir siempre que puedo y, ahora que tengo hijos, me gustaría que ellos lo viviesen de la misma forma que yo”, afirmó Javier. Jaime San Miguel y su mujer María, vienen a Pamplona por primera vez desde Estados Unidos acompañados por dos amigos. Comentaron que escogieron la plaza del Castillo porque antes habían pasado por la plaza del Ayuntamiento y les “agobiaba tanta gente”. Por ello, se quedaron cerca de una de las entradas a la plaza observando el ambiente que ya desde primera hora se podía contemplar. Aseguraron que no dudan en “volver otro año”, porque sin duda hay “muchas cosas que hacer” durante los nueve días de fiesta. “Planificamos el viaje en febrero pero calculamos mal las fechas;por eso, el año que viene volveremos sobre todo para ver los encierros, que es algo que nos llama mucho la atención y tienen mucha fama”, destacó Jaime. El francés Jacques Carly se encontraba en uno de los porches de la plaza con varios amigos disfrutando de un almuerzo minutos antes del Chupinazo. Siempre “nos pilla el toro”, afirmó. Jacques lleva viniendo a los Sanfermines desde el año 1984 y tiene un buen motivo. La primera vez que vino a Pamplona en estas fechas conoció a su actual mujer, con la que lleva 32 años casado y, desde entonces, “no se pierde ningún año”. Jaques comentó que le gusta la plaza del Castillo para ver el Chupinazo porque es un “sitio tranquilo” en el que se puede ver sin “ningún problema”. Los más jóvenes fueron los que se atrevieron a entrar dentro del alboroto de gente, como Kiril Chocarro e Irune Lasheras, quienes cada año, “junto a sus amigos”, disfrutan del Chupinazo en la plaza.

A medida que iba avanzando la mañana y se acerban las 12.00 horas los huecos entre la gente se reducían y las ganas aumentaban. Desde la plaza y los balcones la gente esperaba con emoción a que llegase el momento del estallido del cohete a través de una pantalla colocada en el escenario que transmitía en directo el estallido del cohete. Se acercaba el momento y el griterío de la gente se iba incrementando, segundos antes comenzaron a levantar los pañuelos y, cuando las voluntarias de la DYA prendieron la mecha y sonó el cohete, cientos de personas se abrocharon el “pañuelico” al cuello y entre besos y abrazos celebraron el comienzo de los Sanfermines 2017.

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