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Un estallido de júbilo

Gran ambiente en un cohete sin altercados
La ikurriña, la estelada y la bandera de Navarra se mezclan en la plaza con pancartas que reclaman el fin de la dispersión o la libertad para los acusados de Altsasu

Mikel Bernués Javier Bergasa/Unai Beroiz/Iñaki Porto - Viernes, 7 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Un mozo feliz vuela aupado por la masa y en mitad del jolgorio después del Chupinazo.

Un mozo feliz vuela aupado por la masa y en mitad del jolgorio después del Chupinazo.

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Un mozo feliz vuela aupado por la masa y en mitad del jolgorio después del Chupinazo.Pelotas publicitarias, banderas y pancartas reivindicativas poco antes del cohete.Las expresiones de euforia fueron protagonistas en la mañana de ayer.Los pañuelos en alto, esperando el momento exacto del cohete para anudarse al cuello de sus portadores.
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pamplona- Es un ecosistema único en el mundo, aunque también se reproduce a pequeña escala en distintos puntos de la ciudad, bares y hogares. A la plaza del Ayuntamiento, tal día como ayer, la lógica se la trae al pario. Del cielo llueve sangría y los cuerpos en su apretura en vez de pisar el suelo flotan sobre el adoquín. La norma que dice que el ser humano es un 70% agua aquí es mentira. Nadie lleva agua por dentro un 6 de julio y el líquido elemento deja paso a elementos llenos de otros líquidos.

Los guiris son siempre de color rosa, van ciegos a la sangría y ciegos terminan. Miles de cabezas, aturdidas desde bien temprano, se balancean de un lado a otro como un mar picado, revuelto, que amenaza con una resaca agresiva. La plaza, por si quedaba alguna duda, ya avisaba de sus intenciones una hora antes del cohete con el original “hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual”. Vaya noticia.

medidas de seguridadAntes de que comenzara el alboroto, a eso de las 10.00 horas, las fuerzas de seguridad desalojaron al personal de la plaza y establecieron controles en todo el perímetro para que no se colara ningún elemento indeseado. Los bajos fondos de la ciudad se habían supervisado y las alcantarillas estaban selladas a cal y canto. En la superficie 200 agentes de paisano se mezclaron con el ambiente festivo para evitar problemas. Más allá de alguna trifulca puntual, muy visible eso sí porque se hacía corro alrededor, no hubo altercados.

Cuando todavía quedaban muchos huecos cerca del Consistorio (en las primeras filas) una marabunta rosa ya abarrotaba la mitad de la plaza, botaba, lanzaba al cielo sus botellas vacías y gritaba “lo, lo, lo” y “la, la, la”. En las paredes de los edificios se mezclaban ikurriñas, esteladas, mensajes contra las agresiones sexistas o un ongi etorri a los refugiados. También abundaba la publicidad porque el interés mediático de la cita anima al empresario sagaz a colar su mensaje como sea. Aquí ganó el dueño de una conocida marca de ron que vistió los cogotes de un montón de parroquianos con sombreros piratas de tres puntas. Fue el complemento estrella de la jornada porque San Fermín se presta al blanco y a la gansada.

la reivindicación políticaEn la locura festiva también queda tiempo para las reivindicaciones políticas. Todo un clásico. Un momentico más de los Sanfermines. ¿Aparecerá la ikurriña? se preguntaban algunos. Pues sí. Media hora antes del cohete un grupo de mozos (les delataba su blanco impoluto) accedió al centro de la plaza y desplegó, a partes iguales, pequeñas banderas de Navarra e ikurriñas. Antes de exhibir todo su arsenal entonaron el “hator, hator”, “independentzia” o el “euskal presoak, euskal herrira”. Y después sacaron a relucir sus pancartas. Bien grandes, una tras otra y así hasta seis, para formar una lona multicolor en el cogollo del jolgorio.

Primero una pancarta contra la dispersión de los presos: Maite Zaituztegu, dispertsiorik ez;Poco después otra que pedía la libertad de los cuatro detenidos tras los altercados en el Casco Viejo el pasado mes de marzo (Oreretako 4ak askatu), más tarde una ikurriña gigante y una estelada de tamaño similar que se unió a la fiesta. Para completar el mosaico, faltaban la bandera de Navarra, igual de grande y con unas letras pintadas de blanco que pedían independentzia, y una pancarta que solicitaba free Altsasu aske tras la petición de la Fiscalía de 50 años de cárcel para siete de los ocho jóvenes acusados de agredir a dos guardias civiles y sus parejas en un bar de la localidad. Ahora sí, el pack reivindicativo ya estaba completo (cayó más tarde una nueva pancarta, esta en apoyo al gaztetxe de la Rochapea).

Quedaba, eso sí, un mástil vacío en el balcón de la Casa Consistorial. Pero 20 minutos antes del cohete dos empleados municipales sacaron una ikurriña para que hiciera compañía a las banderas de Europa, España, Navarra y Pamplona. La plaza recibió la tela con más vítores que pitos (también es verdad que muchos foráneos quizá no sabían qué aplaudían o pitaban), y la ikurriña ahí se quedó, dando por finalizada la crónica política de un evento en el que manda la fiesta y la política es lo de menos.

Apenas faltaba un cuarto de hora para el Chupinazo y los nervios iban cuajando en el ambiente. Por primera vez el personal se acordó de “¡San Fermín, San Fermín!” y comenzó a sonar a todo volumen el “uno de enero, dos de febrero, tres de marzo, cuatro de abril”. El momento más esperado estaba al caer.

el subidón totalCinco minutos antes del mediodía, timbaleros y clarineros se asomaron al balcón de la primera planta de la Casa Consistorial y encendieron a los presentes. Ya casi era la hora. “¡San Fermín, San Fermín”, rugía de nuevo la plaza, expectante y con demasiadas ganas ya de que 25 gramos de pólvora subieran al cielo e hicieran pum.

Y, por fin, la voluntaria de la DYA Paula Remírez apareció en escena y vio miles de pañuelos rojos en alto, esperando su señal. Eran las 12. La hora de San Fermín. Y efectivamente el cohete hizo pum. Abajo la locura fue total, regada por más vino, champán y confetis. Los mozos se anudaron el pañuelo al cuello, dispuestos para la batalla, y aún hubo tiempo para cánticos del deporte local. A Juan Martínez de Irujo, invitado estelar en el ayuntamiento, le llovieron los piropos, y la parroquia también recordó que Osasuna volverá a Primera y que por mucho que pasen los años “no podrán parar a Patxi Puñal”.

La fiesta había empezado a lo bruto un año más. A partir de aquí, ya se verá.