El príncipe de Dinamarca, otro año sin Sanfermines

Javier Quintano Ibarrondo - Viernes, 7 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Y además, ¿quién soy yo? -cuestionó Hamlet en plenos Sanfermines en la barra de un bar de la calle Estafeta-. ¿Soy o no soy un paladar brindado y satisfecho que se adentra por la empalizada a este poblado laberinto puesto en marcha a las ocho de la mañana? ¿Soy o no soy quien sortea al penúltimo fantasma de rutilante negro que se pierde en las astas? ¿Soy o no soy quien otea Telefónica con la prima de riesgo a sus espaldas? Ser o no ser, verte como recién nacido a riberas del Arga tras la embestida de un torazo en el encierro. Ser o no ser la línea curva de celebrados puntos en el costado del vientre. Casi nada. A San Fermín le pido -cantó Hamlet aupando su rosado- por ser santo patrón, me guíe un largo encierro si vuelvo a Dinamarca. Mientras tanto, si vuelvo a ver a esa hermosa navarra que me encanta, la del pañuelo rojo al cuello con la foto del papa… voy a dejar a Shakespeare, por creído y miedica, convertido en un escriba de series en horario de gran audiencia con trasfondo de poder y corrupción y repuntes eróticos, hados de seducción, vislumbres de tragedia;sembrado de viñedos regados de cuernos y de herencias. Con el entramado de un Estado rocambolesco en cuyo Parlamento se reprueba al propio ministro de Justicia. En el que su poder Judicial sigue alcanzando las más altas calificaciones para liderar el pelotón de los solistas torpes en este Himno a la Libertad que se pretende Europa. Y en el que, en lo que afecta más de cerca, deja abatido a un pueblo, alimenta su indefinida sensación de repulsa, consigue de manera un tanto torticera fortalecer el clima que se pretende condenar, atajar, con la ejemplarizante petición de condenas. Si vale el símil, como modistos para el vestido de novia de la alarma social. O como creadores de tendencia en la alta cocina desde un formato de sándwich relleno de brócoli, salmón ahumado, huevo duro y chorizo pamplonica. Usando la no-verdad en su más profundo significado y haciendo lo que para mí, con mi sapiencia de príncipe, supone un brindis a la no-inteligencia.