la carta del día

¡Fiesta!

Por Ramón Doria Bajo - Viernes, 7 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

cuando se pierde el concepto de estatus, cuando todos están con todos sin barreras sociales: ricos con pobres, listos con no tanto, jóvenes con viejos, mujeres con mujeres, hombres con hombres, mujeres con hombres;cuando se escuchan lenguas diversas en desinhibidos tonos;cuando las actitudes son libres, sin la pátina de la apariencia, ocultismo e hipocresía que otorga el previo conocimiento de la categoría económica, mental o social del contertulio;cuando dominan la libertad sin complejos, la realidad sin apariencias, la sinceridad de emociones, la ausencia de ánimus injuriandi, la camaradería y comprensión hacia el pasado de vueltas, hacia el borrachín, hacia el confesante, hacia el ligón, hacia el soso e incluso hacia el pesado;cuando todo esto ocurre al alcance de cualquiera que pase, entonces y sólo entonces estás sumergido en una fiesta.

En las relaciones festivas prevalece el tacto, los besos, los abrazos frente a las reverencias y los respetos cotidianos. Como animalillos que somos, saciados de las necesidades básicas de la comida y la bebida, afloran las necesidades anímicas de conexión con el otro, de expresión de igualdad en las diferencias. La confraternización y la ausencia de negatividad reinan en la fiesta frente a la contrariedad cotidiana del día a día. Todos son camaradas, todos son parte de ese macro organismo llamado fiesta.

Pareciera que Nietzsche hablara de la fiesta cuando le hacía decir a su Zaratustra: “¡Cuántas cosas son aún posibles! ¡Aprended, pues, a reíros de vosotros! ¡Elevad vuestros corazones, buenos danzarines! ¡Arriba!, más arriba! ¡Y tampoco me olvidéis el buen reír! Esta corona del que ríe, esta corona de rosas: ¡a vosotros, amigos míos, la arrojo! Yo he santificado el reír;hombres superiores, aprendedme ¡a reír!”.

También Rousseau en su Emilio pareciera que amonestara a aquellos hombres que se sienten superiores sin serlo, cuando les decía: “Los placeres exclusivos son la muerte del placer. Las verdaderas diversiones son aquellas que se comparten con el pueblo;cuantos desean tenerlas para sí solos, no las tiene jamás”.

Ya Séneca en sus Diálogos señalaba: “¡cuánto placer entraña la sencillez sincera y carente de adornos! ¡Hay que incitar la mente a los esparcimientos, Sócrates no se ruborizaba por jugar con niños, Catón relajaba con el vino su espíritu cansado de la gestión pública y Escipión movía su cuerpo cadenciosamente cual solían danzar los hombres viriles sin sufrir deshonra aunque fueran contemplados por sus enemigos! Hay que ser indulgente con el espíritu y concederle de cuando en cuando un ocio que haga las veces del alimento y las energías”.

Es el pueblo quien promueve las fiestas y son los poderosos quienes promueven las guerras. Feliz es el pueblo que se esparce en una fiesta de unión y relajo sabiendo que tras ella sigue la lucha por la vida y por la recuperación de los derechos esquilmados por los cuatro poderosos.

¡Viva San Fermín, Gora San Fermín!

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