Conducir por puro. Placer

Cuando el automóvil se convierte en algo más que un mero medio de transporte privado, cuando conducir es más que desplazarse de un lugar a otro, es entonces cuando coches como el Mercedes GLC adquieren sentido.

Un reportaje de Tomás Pastor

Sábado, 8 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Hace apenas cuatro horas que he devuelto el flamante Mercedes-Benz GLC 250 d 4Matic que he probado esta mañana de finales del mes de junio a su concesionario y acabo de terminar de leerme el extenso, detallado y exquisito catálogo del modelo en cuestión, y mis sensaciones se alejan de lo que la firma alemana publica en su precisa y completa presentación para el potencial destinatario de este modelo.

Les doy la razón en todo lo que dicen, entre otros motivos porque nadie mejor que ellos conoce el vehículo que han puesto a la venta y, además, son una marca que siempre se caracteriza por ajustarse a la realidad. Sin embargo, mis sensaciones -y en coches que cuestan 54.000 euros (52.900 el gasolina más asequible, este con 211 CV frente a los 204 CV del diésel protagonista de esta página) las sensaciones son primordiales- me llevan por otros derroteros.

Es cierto que el GLC es un ejemplo de “SUV vanguardista, eficiente y funcional”, que destaca por su “agilidad, expresivo frontal, musculoso perfil, líneas de carácter y diseño deportivo, moderno e intemporal”;pero este coche, al menos para mí, es sobre todo una invitación, en toda la extensión de la palabra, a conducir por puro y mero placer, a ponerse al volante y no parar de recorrer kilómetros, ya sea en ciudad como especialmente por autopistas y carreteras de todo tipo y condición.

Parece evidente que con lo de SUV medio, calificativo empleado por Mercedes, se han quedado cortos (4,656 metros de largura, 1,890 de anchura, 1,630 de altura, 2,873 de distancia entre ejes y un maletero de 550 litros) porque se antoja como mínimo de tamaño apreciable, aunque sin perder la agilidad y maniobrabilidad deseables para que moverse con rapidez y alegría por ciudad y carretera y con todo el aplomo de un automóvil que se siente aferrado al asfalto. Pero, además de soberbio en su diseño estético, seduce por su imponente presencia, el equilibrio armónico de todos sus trazos y volúmenes y por esa sensación de elegancia deportiva, de carácter contenido a la vez que incuestionable. El término intemporal le hace tanta justicia como el de brillante y distinguido.

Por dentro, el espacioso habitáculo, más luminoso si cabe con el techo panorámico practicable, el gusto por el detalle, el acabado con materiales de primera y un montaje cuidado se alían con una suavidad de funcionamiento que es otra seña de identidad, quizá la más acusada y omnipresente en todos los apartados a considerar. Así, la finura de sus mandos, un confort de marcha sencillamente fabuloso, el tacto delicado o la ejemplar precisión en el manejo se trasladan desde el interior al regular y armónico trabajo de un motor diésel de cuatro cilindros y 2.143 cc que entrega 204 CV y 500 Nm;es decir, un rendimiento tan contundente y progresivo como cabe esperar de un gran Mercedes. Los 7,6 segundos en el paso de 0 a 100 km/h, sus 222 km/h de velocidad punta, la tracción total 4Matic, su admirable cambio automático 9G-Tronic de nueve marchas, los diferentes modos de conducción disponibles o sus contenidos consumos (homologa cifras entre 4,7 y 6,3 litros) son el reflejo de una máquina sencillamente arrebatadora.

Y de la seguridad, conectividad, opciones de confort, diseño, personalización, accesorios, etcétera, solo cabe apuntar que están al sibarita y ejemplar nivel del resto del GLC, un automóvil creado para disfrutar de la conducción, para volver a sentir la carretera.

las claves

MERCEDES-BENZ GLC 250 D 4MATIC

Con 4,66 metros de largura, 204 CV, 222 km/h, cambio automático 9G-Tronic y tracción total 4Matic, el GLC es una máquina muy seria

Diseño, confort, espacio, prestaciones, eficiencia, seguridad, conectividad y dinamismo brillan especialmente en el Mercedes-Benz GLC

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