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Deutschland Über Alles

Por Miguel Izu - Sábado, 8 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Feliciano Iturgain se ahuecó el cuello de su camisa azul, que llevaba el yugo y las flechas bordados en rojo sobre el pecho. Hacía calor en la plaza de toros aquella tarde del siete de julio. Gracias a su cargo había conseguido en el Gobierno Civil que le colocaran junto a los alemanes, los invitados de honor de aquella corrida. Era un grupo de militares de la triunfante Wehrmacht que había acudido desde Hendaya, donde estaban acuartelados desde que en el mes de junio habían derrotado a Francia y, tras el armisticio, ocupado buena parte de su territorio. Por la mañana habían presenciado la procesión de San Fermín y, luego, los oficiales habían sido convidados a un vino de honor en la Casa Consistorial. Por la tarde, sus marciales uniformes verdegris componían un curioso contraste con el atuendo de fiesta del resto de los espectadores congregados en los tendidos.

Mientras las cuadrillas iniciaban el paseíllo, La Pamplonesa atacó los compases de Deutschland über alles, el himno nacional alemán, que los germanos cantaron bizarramente y algunos españoles se atrevieron a tararear, mientras casi todos los espectadores saludaban brazo en alto. Seguidamente sonaron las notas del himno nacional español, a cuya conclusión el público aplaudió calurosamente. Al empezar la lidia del primer toro, a Feliciano Iturgain le sorprendió que el oficial alemán que se sentaba a su derecha se dirigiera a él, en un correcto castellano, mientras le ofrecía su mano que estrechó calurosamente.

- Hola, soy el Oberstleutnant Rudolf Frank.

- Encantado, soy Feliciano Iturgain, responsable de propaganda en la Jefatura Provincial de Falange. Habla usted muy bien el español.

- Gracias. ¿Sabe? Lo aprendí aquí, en Pamplona.

- ¿En Pamplona? -se sorprendió Iturgain.

- Sí, viví una temporada en Pamplona. Entre 1916 y 1919 -precisó el alemán, era obvio que tenía ganas de compartir sus recuerdos.

- ¡Ah! Usted es uno de los alemanes del Camerún, como se decía aquí -Feliciano era un niño en aquella época, pero había oído hablar de ellos a sus padres.

- Eso es. En la Gran Guerra me presenté voluntario para el Schutztruppe, las tropas que protegían nuestras colonias africanas, y me destinaron a Camerún. Nos tuvimos que refugiar en la Guinea Española ante el avance de los franceses e ingleses.

- Y luego fue trasladado a Pamplona.

- Sí, en Guinea no sabían qué hacer con tantos refugiados, no cabíamos en los campos de concentración, los africanos quedaron allí pero a los alemanes nos trajeron a la Península. Unos a Madrid, otros a Zaragoza;a mí me tocó en Pamplona.

- ¿Sabe que todavía se llama paseo de los Alemanes a la zona del río Arga donde iban a nadar?

- ¿En serio? -la anécdota hizo reír ruidosamente a Frank.

- ¿Y qué tal le tratamos aquí? -Feliciano estaba encantado de hacer amistad con uno de aquellos admirados conquistadores de Europa.

- ¡Estupendamente! Guardo muy buenos recuerdos de aquella época. Y de los sanfermines, claro. Sabe, pasamos aquí tres sanfermines, y hasta corrí en el encierro con otros camaradas.

- ¡No me diga! -exclamó Feliciano admirado. Él nunca se había atrevido.

- Sí, cuando lo cuento en Alemania no acaban de creerme… ¡Mire! El torero está brindando el toro al Oberst -exclamó el alemán. El matador madrileño Curro Caro dirigía unas palabras al coronel que mandaba el destacamento alemán, sentado en la barrera, y seguidamente le arrojó la montera entre los enfervorecidos aplausos del público.

- Así que ha vuelto usted después de tantos años… -quiso continuar la conversación Iturgain cuando los aplausos cesaron.

- Sí, he tenido mucha suerte. Cuando se rumoreó en Hendaya que el Ayuntamiento de Pamplona nos invitaba oficialmente a las fiestas no quise perdérmelo e hice todo lo posible por unirme a la expedición.

- Y, además, a diferencia de entonces, ahora vienen ustedes después de ganar la guerra… -trató de congraciarse Iturgain con el militar alemán.

- No del todo, los ingleses todavía resisten. Pero los derrotaremos pronto -dijo con determinación Frank-. El Reich ahora es invencible gracias al Führer.

- ¿Y cómo ha encontrado Pamplona a su regreso?

- ¡Ah, estupenda! Veo que ha crecido mucho. Entonces todavía estaba cerrada por las murallas. Y esta nueva plaza de toros es magnífica. Pero mire -el alemán señaló hacia el tendido de sol-, me llama mucho la atención cómo van vestidos ahora los mozos de las cuadrillas. Todos de blanco.

- ¡Ah, sí! Una estúpida moda de hace pocos años. No creo que dure -respondió Feliciano.

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