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Escenarios | Teatro Gayarre Cristina Medina maestra de ceremonias en ‘the hole’

“En el escenario estoy como en el sofá de mi casa”

La televisiva actriz sevillana encarna a una maestra de ceremonias “anárquica” en la nueva entrega de este cabaret que aún estará hoy y mañana en el Gayarre

Ana Oliveira Lizarribar Unai Beroiz - Sábado, 8 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Cristina Medina, en el salón de su mansión en ‘The Hole’.

Cristina Medina, en el salón de su mansión en ‘The Hole’.

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Cristina Medina, en el salón de su mansión en ‘The Hole’.

Pamplona- Para la gran mayoría es Nines, el personaje de la serie La que se avecina. Sin embargo, Cristina Medina (Sevilla, 1971) lleva acumulados 25 años de experiencia, muchos de ellos sobre las tablas en compañías teatrales como el Centro Andaluz de Teatro, TNT o Atalaya, con las cuales ha representado muchas obras, así como en proyectos propios. Ahora está inmersa en The Hole, una propuesta explosiva en la que dice sentirse arropada y en la que encarna a una anfitriona de genio fácil. No la enfaden. O sí...

¿Cómo es la maestra de ceremonias de Cristina Medina?

-Mi maestra de ceremonias tiene el humor que a mí me gusta, el que llevo currando veinticinco años ya con la tontería. Me cuesta definirlo, prefiero que lo definan los demás, porque, claro, yo lo vivo de una manera y los demás ven otras cosas. Mi personaje es bastante anárquico y se mosquea rápido. Es un poquito borde, pero le coges cariño porque no se sabe si está bien de la cabeza o no. Está una mijita pa’allá, pero con dignidad.

¿Pero el público no le tiene que tener miedo, no?

-El público se va a romper el pecho, ya te lo digo yo, y si no, le doy mil duros de mi bolsillo al que sea. Hay un guión que cada maestro de ceremonias vamos adaptando a nuestro gusto, pero a mí me gusta subirme al escenario y vivir el directo, es decir, que si me tengo que inventar un trozo, me lo invento y me da igual. Depende del feelingque tenga con el espectador, me encanta el directo y yo lo que quiero es hacer pandilla con todo el teatro. Esto es como cuando sales un sábado por ahí y estás tan sembrada que ya da igual lo que digas porque se ha creado la dinámica del cachondeo. Me gusta crear ese ambiente en el patio de butacas.

Cuando se llega a un espectáculo que tiene semejantes cifras de funciones y de espectadores detrás, ¿se siente vértigo o es como un trampolín para coger impulso?

-Para mí es un placer. Es un espectáculo que está hecho por compañeros que llevan años trabajando sus números, y no solo en The Hole, sino mucho más allá. Porque estos artistas no son acróbatas de hoy para mañana, llevan toda su vida en esto. Para mí es como una liberación.

¿A qué se refiere?

-Pues a que casi siempre me ha tocado estar muy sola en el escenario porque he hecho muchos monólogos. Y en este caso me siento muy arropada y se me hace muy fácil. Salgo a meter energía y cachondeo a punta pala, sabiendo que la otra parte del espectáculo le toca a otro, no a mí. Estoy disfrutando mucho. Ahora estamos de gira y tengo la sensación más de estar de vacaciones que trabajando.

¿Con ‘The Hole’ el público español se ha quitado muchos complejos y muchos pudores?

-Yo supongo que sí. Este espectáculo tiene muchas rutinas teatrales, hay circo, striptease, humor, acrobacias... Es muy entretenido, te tiras dos horas y media aquí dentro y no te has enterado. La temática es el sexo, por ejemplo, porque esto es un cabaret con mezcla de revista, y esto, envuelto en todo lo demás, ayuda a quitarse pudores, sí. Todo esto, eso sí, se trata con cierta elegancia, no es ‘me quito las bragas y ya está’. Todo este espectáculo está hecho con gusto.

También se habla de amor;por ejemplo, de ese romance que la maestra de ceremonias tiene con Cristóbal, ese personaje tan peculiar.

-Sí, hablamos de sexo, de amor, de abrir mentes, de sentir en vez de pensar...

Parece que hay que estar muy en forma para hacer ‘The Hole’.

-Y tanto, ya ves el cacherío que hay aquí (ríe). Algunos hacen cosas que tienen que doler (ríe). Yo no estoy tan cachas, lo mío es genético y estoy en forma porque siempre me ha gustado moverme.

Aguantar las dos horas y media no tiene que ser fácil.

-No, pero también te digo que yo me acuesto doce horas. Hombre, más me vale. La maestra de ceremonias sobre todo se tiene que cuidar la voz, porque estás todo el rato cantando y hablando, pero salgo del teatro y me acuesto.

¿También lo hará durante las fiestas de San Fermín?

-Por supuesto. Yo paso de hacer otra cosa. ¿Cómo me voy a ir de fiesta y a ponerme de cervezas hasta arriba? ¿Quién hace el espectáculo luego? Yo tengo una edad ya, Amparo (ríe). Si tuviera veinte o treinta años, vale, pero si ahora hago eso, me tiene que venir a recoger una ambulancia.

¿Ha estado alguna vez en las fiestas?

-No, y sí que veré algún encierro, aunque las ocho de la mañana... ¡Pobre animal, a qué hora lo levantáis! ¿No podían ponerse los encierros a las doce? (ríe) Haré el esfuerzo un día y pondré el despertador, pero uno nada más, ¿eh? Estando aquí, cómo no lo voy a ver.

¿Esto del musical es más duro que las jornadas maratonianas de grabación en la tele?

-No. Justo la semana pasada (la del 19 de junio) hemos acabado la grabación de la temporada y hemos tenido jornadas de catorce, doce y diez horas. Y la tele tiene que una cosa es cuando dicen ‘¡acción!’ y otra todo el tiempo que estás esperando a grabar. Es como un coitus interruptus durante muchas horas. Además, mi personaje está muy presente, pero no habla mucho, y ese es otro tipo de cansancio. El otro día nos reíamos ya porque estaba en todas las secuencias del día, así que me recogían a las seis y media de la mañana, pero solo tenía una frase en toda la jornada. Ya era cachondeo (ríe). En este espectáculo, en cambio, no hay esperas;es mucho más energético, tú sales y sabes que vas a muerte hasta el final. Igual también es que me gusta mucho el directo y lo disfruto muchísimo. Yo en el escenario estoy como en el sofá de mi casa.