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Un ‘paseíllo’ entre júbilo y ovaciones

En su tercera procesión de San Fermín, Joseba Asiron recorrió las calles de Pamplona en un ambiente de festividad

Unai Yoldi Hualde | Oskar Montero - Sábado, 8 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

El alcalde de Pamplona, Joseba Asirón, y los ediles, Aritz Romeo y Joxe Abaurrea, saludan a los balcones durante el recorrido de la procesión.

El alcalde de Pamplona, Joseba Asirón, y los ediles, Aritz Romeo y Joxe Abaurrea, saludan a los balcones durante el recorrido de la procesión. (OSKAR MONTERO)

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  • El alcalde de Pamplona, Joseba Asirón, y los ediles, Aritz Romeo y Joxe Abaurrea, saludan a los balcones durante el recorrido de la procesión.
  • El exalcalde de Pamplona, Enrique Maya, sonríe a los allegados, seguido de los ediles de EH Bildu.

pamplona- La procesión de San Fermín, además de un espacio de devoción hacia el santo morenico, se convierte en uno de los actos reivindicativos de estas fiestas. Aprovechando que la corporación municipal se pasea por las calles del Casco Viejo, la ciudadanía muestra su descontento o su agradecimiento a sus miembros y aprovecha para comentar algún asunto personal con los ediles y con el alcalde.

La procesión de ayer siguió la misma tónica que las últimas dos en las que ya no gobernaba UPN en el Ayuntamiento de Pamplona. Los aplausos y los vítores fueron la tónica dominante durante todo el recorrido. Con la llegada de las fuerzas del cambio y de Joseba Asiron a la alcaldía, los últimos desfiles han sido más tranquilos y ha predominado el ambiente festivo. No obstante, los halagos y recriminaciones también estuvieron presentes durante el pasacalles. Cuando la comitiva municipal llegó, junto al cabildo, a la Iglesia de San Lorenzo a recoger el paso de San Fermín, el gentío congregado a las puertas de la capilla comenzó a aplaudir y a silbar de manera paralela, hasta que rápidamente los aplausos acabaron tapando los silbidos, que se diluyeron.

Tras sacar la imagen del santo para pasearlo por la ciudad, la procesión se dirigió hacia la calle San Antón, donde entre vítores y ‘vivas’ a San Fermín, también se pudo escuchar un “Viva España” proclamado por una mujer, y que tuvo una muy tímida réplica de una decena de personas que la rodeaban.

insultos y ánimosTras el paseo por las calles, el séquito oficial devolvió el paso del santo morenico a su capilla para oficiar la misa a San Fermín. A la puertas de la iglesia, los ciudadanos junto a La Pamplonesa y los dantzaris esperaban impacientes la salida de los ediles y del cabildo. “¡Asiron fuera, vete ya!”, fueron las palabras que escuchó el alcalde al tomar la calle hasta que se silenciaron por la música de la banda municipal. La comitiva avanzó por la calle Mayor entre aplausos y expresiones de ánimo, como la de una mujer que gritó al primer edil que era “el mejor”. A la llegada al Ayuntamiento las recriminaciones cruzaron la línea del insulto y se pudo escuchar cómo dos jóvenes faltaban al respeto al alcalde llamándole “Asiron cabezón”.

Al ritmo de la música, el séquito siguió avanzando hacia la Catedral en una marea de aplausos que no cesó en todo el recorrido y que los tímidos pitos que algunos lanzaban quedaron, simplemente, en anecdóticos. Cuando la marcha paró a la altura del Palacio del Condestable, tanto sacerdotes como concejales e integrantes de La Pamplonesa aprovecharon para refrigerarse y comer algún tentempié de los que les servían. En ese momento, algunos aprovecharon para charlar con la corporación y Joseba Asiron no fue el único al que se dirigían los congregados.

dimisión de mayaEnrique Maya, que estaba intercambiando algunas palabras con conocidos, fue interrumpido por un muchacho que, profundamente indignado, recordó al edil de UPN el desfalco de la CAN. “Enrique, coger dinero de la Caja y luego devolverlo es robar”, recriminó el joven, quien además manifestó a Maya que tuviese “dignidad” y dimitiese.

El punto álgido del recorrido fue cuando la procesión, encabezada por la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, entró en Navarrería, donde los policías municipales tuvieron que esforzarse en abrir paso entre los cientos de personas agolpadas. Cuando la corporación entró en la calle Curia, la multitud ovacionó al unísono al alcalde al grito de “¡Asiron, Asiron!”, quien, agradecido, saludó a la gente levantando el sombrero.

Finalmente, los gigantes y cabezudos, el cabildo, los representantes municipales, La Pamplonesa y el resto de la comitiva, acompañados por cientos de personas, llegaron a la Catedral, donde se despidieron hasta el año que viene tras un camino que, en líneas generales, recorrieron entre aplausos y buen ambiente.

Con normalidad. En la procesión de ayer, UPN quiso buscar polémica donde no la había. Los regionalistas plantearon que los ediles del Ayuntamiento no podían almorzar con los atuendos oficiales, sino que tenían que hacerlo con una vestimenta de calle. Pese al intento de polemizar el almuerzo de la procesión, la corporación municipal actuó con total normalidad y comieron y se refrescaron con los trajes propios de la procesión. En referencia a este debate, el alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, declaró, durante la misa que tenía lugar en la Iglesia de San Lorenzo, sobre la iniciativa aprobada con el objeto de evitar que el alcalde y los concejales se vayan a almorzar con la vestimenta de gala, que él no fue a almorzar porque no tenía hambre. El alcalde quiso restar importancia a la polémica señalando que “hay concejales tomando un refrigerio ahí dentro (en la iglesia de San Lorenzo) y a la mañana han desayunado en el Ayuntamiento”, y remarcó que “son cosas naturales y normales”. “Diría que si esto tiene que ser motivo de polémica debe ser que no hay motivos más importantes”, razonó Asiron.

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