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A paso de banderillas

Escala de grises para una tarde

Por Lázaro Echegaray - Domingo, 9 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

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fue una tarde gris, a pesar de la oreja que cortó Pepe Moral al segundo de su lote, sin duda alguna el mejor toro de la tarde. Fue una tarde cenicienta en lo climático, que terminó echando agua que calló como perdigones sobre los cuerpos que poblaban los tendidos. La lluvia consiguió, aunque solo fuera por un momento, lo que todos los toreros desean: callar a las peñas. Las peñas habían callado también al inicio del festejo, recordando aquellos hechos del 78 cuando también callaron pero no por cuestión de una faena, ni por los goterones en forma de perdigón, sino porque los grises de la dictadura entraron a bocajarro en la plaza de toros, llegando a acribillar a balazos a un mozo.

Grises también los toros de Escolar, algunos daban más miedo que aquella policía del régimen. Dos de ellos le cayeron en suerte a Eugenio de Mora que venía a estrenarse con dos toros de este hierro y terminó matando tres. El de Toledo se las vio con un Escolar complicado, el que abría plaza, y con otro, el que cerraba, que mostraba intenciones aviesas. Con ambos tuvo que usar los pies De Mora. Más en el sexto en el que por momento se le vio como torero antiguo. Lo que le cayó en suerte era más para lidiar que para torear.

Al sevillano Pepe Moral le tocó en suerte otro Sevillano, el quinto de la tarde. Fue un toro con calidad aunque no tuvo siempre el mismo comportamiento. Moral pudo cuajarle unos naturales a media altura cuando le dio la tela con suavidad, enganchando adelante y trayéndoselo sin obligarle, ya al final de la faena. Pero no hubo más. Fue una faena falta de continuidad y de ritmo, que tuvo destellos igual que momentos grisáceos como por ejemplo el mete y saca que ejecutó antes de dejar la estocada definitiva.

Al entrar a matar al tercero de la tarde, Gonzalo Caballero sintió sus pitones primero en el abdomen, donde no llegaron a incursionar, luego en el glúteo izquierdo en donde sí encontraron carne. Pasó a la enfermería y ya no volvió a pisar el ruedo.

Toros cárdenos, cielo ceniciento, agua como plomo de balín, recuerdos de un pasado gris, el de los grises que cuando cambiaron de color pasaron a marrón, cornadas que dejan en el rostro el tono cobalto del susto. Una tarde aciaga de color perla gastada.