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Unos vienen... otros se van

Con la llegada del fin de semana, miles de personas procedentes de diferentes puntos del planeta se unen a los pamploneses convirtiendo la ciudad en una marea rojiblanca

Domingo, 9 de Julio de 2017 - Actualizado a las 10:34h

Las calles de Pamplona se llenaron de gente por la mañana a la hora del vermú.

Las calles de Pamplona se llenaron de gente por la mañana a la hora del vermú.

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Tras dos días intensos, el reloj particular de San Fermín 2017 no se para, ni mucho menos. Miles de pamploneses y de turistas se fundieron ayer en el Casco Viejo de Iruña, convirtiendo las calles en una marea rojiblanca. El clima desafió al sábado, pero terminó respetando, y fueron muchos los que se animaron a echar el vermut en Estafeta o San Nicolás, algunos vigilando el cielo, por si acaso.

Otros, con menos energía, trataban de descansar allá donde podían, colchón en mano si era necesario. Fueron muchos los que aprovecharon el césped de la Vuelta del Castillo para echar una cabezada, una imagen que viene siendo habitual ya durante Sanfermines: las fiestas son un ir y venir de ánimo, emociones, y también de viajeros.

Durante la mañana de ayer, la Estación de Autobuses de Pamplona despidió a numerosos visitantes que, tras dos días de fiesta ininterrumpida, abandonaban la ciudad tras ceder el testigo a aquellos que, al contrario, llegaban. Nadie quiere perderse la fiesta y ayer aterrizaban en Iruña viajeros llegados desde Australia, EEUU, México... y, por supuesto, también desde diferentes ciudades estatales.

Desde Filipinas llegó Dayse Lan, acompañada de varios amigos, para pasar dos noches en la capital navarra y conocer San Fermín. "Es nuestro primer año y tenemos muchas ganas", comentó Lan, para poner rumbo al hotel que habían conseguido reservar, ya que "el viaje estaba planificado desde hacía mucho tiempo". La ocupación hotelera cuelga el cartel de completo durante este fin de semana.

Desde una ciudad vecina, Vitoria, se acercaron a Pamplona las jóvenes Estitxu Martin y Sandra Aran, de 28 y 27 años, que entre risas reconocían que aunque no es el primer año que vienen, sí es la primera vez que vienen "de día". La primera tarea en tierras navarras iba a ser comprar un pañuelo rojo, y después ir al Casco Viejo para "comer pintxos y bailar con las txarangas", aseguró Estitxu.

La alegría y ánimo de los recién llegados chocaba contra el cansancio de aquellos que debían marchar. Los asientos de la estación se convirtieron en improvisadas camas para muchos, mientras otros aguardaban, con resignación y paciencia, a que llegase su autobús.

Entre ellos se encontraban Jake y Dave, dos jóvenes australianos que descansaban sobre sus mochilas tras cuatro días en la capital foral. Un camping ha sido su hogar navarro, en su debut en las fiestas. "Es nuestro primer año y ha sido increíble, más que lo que parece en las noticias", afirmó Jake. Ambos, además de dedicarse a la fiesta callejera, decidieron despedir su estancia en Pamplona corriendo el encierro. "Hemos pasado un poco de miedo, los toros estaban muy cerca", afirmó Dave. La pareja australiana ponía rumbo ayer a San Sebastián, un destino frecuente entre los viajeros extranjeros, que aprovechan su visita a Pamplona para conocer la zona norte.

En avión, pero desde un lugar más cercano, de Menorca, llegaron hace tres días Paola Guerrero y Rosser Taberner, en "un viaje organizado de última hora, a la locura". Las jóvenes encontraron alojamiento a través de Airbnb web de alquiler temporal de viviendas privadas en Zizur Mayor, ya que en Pamplona "estaba todo agotado". Han sido dos días intensos, pero "volveremos seguro, aún nos queda mucho por conocer", afirmó Paola. La pareja menorquina sí que pudo ver el encierro en la Plaza de Toros, aunque "en televisión los toros parecen más grandes", bromeó Guerrero.

Desde la Estación de Autobús apuntaron que este año la afluencia de turistas ha descendido un poco, y el servicio de Información no ha sido tan visitado como en años anteriores. En un principio, mañana se podrá conocer la cifra de viajeros que se unieron a este inicio de las fiestas.

A Iruña en tren La estación ferroviaria ha sido durante estos tres días un ir y venir de gente constante. Turistas de diferentes puntos del Estado y de Europa llegaban a la estación entre risas, caras de felicidad y unas ganas inmensas de disfrutar de una de las fiestas más grandes del mundo. El trayecto más realizado ha sido el de Barcelona-Pamplona, una de las líneas en las que más trenes han tenido que doblar. En una de ellas llegaron ayer Miguel, Marc, Alberto y Rubén, un grupo de amigos vecinos de Badalona, que vienen a pasar la noche del fin de semana. "Hace dos años unos conocidos vinieron y nos dijeron que, por lo menos, una vez en la vida teníamos que venir a San Fermín", comentó Miguel. Los cuatro catalanes se marchan hoy por la tarde y no tienen ninguna intención de dormir, ya que pretendían estar de fiesta "hasta que el cuerpo aguante".

Justo al lado de estos jóvenes, Sergio y David se acababan de reencontrar. Sergio es de Barbastro y David venía de Madrid aunque es valenciano de nacimiento. Ambos han terminado este año la carrera de Periodismo que han estudiado en Pamplona. Tras cuatro años viviendo en la capital foral, nunca habían estado en San Fermín y este último curso no podía pasar sin que viesen su "segunda casa" vestida de blanco y rojo. "Venimos a casa de un amigo nuestro a dormir, no nos hemos tenido que preocupar por el alojamiento", explicó David, a lo que su amigo Sergio añadió que sienten los Sanfermines como si fueran "unos pamplonicas más".

Otra forma de viajar Las oleadas de gente no han cesado desde el jueves y en las calles de la ciudad el fin de semana se ha hecho notar. El Casco Antiguo ha estado desbordado mañana, tarde y noche, y los alrededores de Pamplona se han convertido en hoteles al aire libre donde cada uno recupera las energías a su manera. Tiendas de campaña, colchones en jardines, bancos que hacen las veces de cama e incluso algún árbol, ayuda a los foráneos a echar una cabezada.

Sin embargo, las calles y los hoteles y hostales, no son la única forma de venir a pasar unos días a San Fermín. Durante las fiestas, se han habilitado tres aparcamiento para caravanas y autocaravanas en la comarca de Pamplona. Uno en Berriozar, otro en el parque de Trinitarios y el tercero en el patio del instituto María Ana Sanz. Por 35 euros al día en jornada laborable y 40 en festivos, los visitantes pueden aparcar sus vehículos que estarán vigilados por el servicio de seguridad las 24 horas.

Hasta el área de autocaravanas de Berriozar, han viajado Pierre, Lucas, Marie y Sofia, provenientes de la ciudad francesa de Toulouse. Vinieron el día 5 y ayer estaban preparando las cosas para voler a sus casas. "Nunca me lo había pasado tan bien como aquí pero tengo ganas de volver para poder dormir en mi cama", aseguró Lucas. Pierre ya había estado en San Fermín el año pasado y convenció a sus amigos para volver una vez más. En cuanto al viaje en autocaravana, Marie explicó que sale más rentable que desplazarse en otro medio de transporte y alojarte en un hotel. "Es un poco más incomodo pero le tengo más cariño que a mi casa", manifestó.

Al fin y al cabo, ya sea compartiendo un vermú familiar, acompañando a los gigantes o reponiendo energía, el día de ayer dio para mucho. A punto de cerrar el temido fin de semana por las masivas visitas que ello implica, la fiesta no da tregua: el tic tac de San Fermín suena, y lo hace con fuerza.

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