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Los rostros de los dirigentes del encierro

Diez pastores componen el grupo que conduce a los morlacos durante los encierros. Corren mediante relevos de unos cien metros y hablan de su trabajo desde la humildad y el compañerismo

Un reportaje de Cristina Jiménez - Fotografía Dani Olóriz - Lunes, 10 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Antes de distribuirse por el recorrido, el grupo acude a la Plaza de Toros para alimentar a las reses que permanecen en los corrales.

Antes de distribuirse por el recorrido, el grupo acude a la Plaza de Toros para alimentar a las reses que permanecen en los corrales. (Dani Olóriz)

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  • Antes de distribuirse por el recorrido, el grupo acude a la Plaza de Toros para alimentar a las reses que permanecen en los corrales.

De media, el 52% de las personas que corren un encierro lo hacen por primera vez. “La masificación es uno de los cambios que ha sufrido el encierro en los últimos años”, afirma Alberto Pérez mientras da los últimos bocados a su almuerzo. Es uno de los diez pastores que guían cada día a los astados en el recorrido del encierro. Son las diez de la mañana y tras una carrera limpia, reponen fuerzas para afrontar el resto del día: apartado, corrida, encierrillo y a dormir temprano porque a las 6.30 comienza de nuevo su jornada. “Nos levantamos y vamos a dar de comer a primera hora a las reses que están en la plaza”, explica Fran Itarte, otro de los guardianes del encierro. Lleva 33 años formando parte de los pastores y asegura que la principal cualidad que debe tener una persona para dedicarse a eso es la serenidad, aunque confiesa que siempre hay algo de miedo: “Lo importante es vencerlo”, añade Pérez. En la misma mesa, reposa Víctor Navas, que a pesar de contar ya con 12 años guiando a la manada, es el menos veterano del grupo. “Todos trabajamos directa o indirectamente en el mundo del toro y estamos preparados físicamente, aunque de cara a San Fermín hacemos una rutina de ejercicio”, concreta Navas, que considera fundamental para un pastor el ser trabajador, buen compañero y saber a lo que se enfrenta: no sólo el toro, sino también las masas y las circunstancias. Además, señala que a lo largo de su trayectoria como pastor ha notado un gran cambio en los bureles: “Ahora vienen preparados como un deportista de élite. En las ganaderías corren hasta 8 kilómetros y aquí tienen un recorrido de 850 metros”.

Rastrojo, Curro, Daniel, Jesús, Alberto, Miguel, Víctor, Humberto, Fran y Chichipán son los diez hombres que se aseguran, vara en mano, de que los toros alcancen la plaza con el menor peligro posible. Se colocan a lo largo del recorrido en puntos estratégicos y corren en relevos de aproximadamente cien metros, bajo la supervisión del responsable de controlar la situación desde la plaza: Jesús Merino. Una de las cosas más importantes en su trabajo, sostienen, es el buen ambiente entre ellos. “Somos una piña y se nota mucho a la hora de actuar: nos comunicamos entre nosotros”, especifica Fran Itarte. La buena relación se palpa en el ambiente y el almuerzo transcurre entre risas y anécdotas. Alberto Pérez resta importancia a su papel ante una pregunta sobre su relevancia en la fiesta: “Nosotros solo somos un eslabón más de la cadena, una pieza del engranaje compuesto por carpinteros, policías, barrenderos y todas las personas que trabajan en San Fermín”, argumenta.

retiradaLa jubilación de un pastor es una cuestión algo compleja. “Ojalá no tuviésemos que jubilarnos nunca, esto es lo más grande”, asegura Víctor Navas. Aunque en la práctica, el momento de pasar a ver los toros desde la barrera llega tarde o temprano y este año es el turno de Rastrojo y Chichipán, dos de los más veteranos del grupo de pastores. Miguel Ángel Araiz, Rastrojo, lleva 45 años acompañando a la manada en los encierros y estos Sanfermines se despide guardando la parte positiva de su trayectoria. “Todo lo negativo es mejor borrarlo para no dejarse llevar por el miedo”, detalla. Para él, un pastor del encierro debe marcharse cuando vea que no puede ejercer su labor, no a una edad concreta y recalca que se retira pero no desaparece: “Si sirvo para ayudar y apoyar a mis compañeros estaré encantado de hacerlo”.

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