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Eraúl

Juan Manuel Campo Vidondo - Lunes, 10 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Hermoso pueblico del Valle de Yerri. Paraíso donde mi hermana y yo fuimos felices gracias a nuestro abuelo;donde toda su gente tan noble nos acogió con cariño.

Gracias a su dicha y a alguna más, mis hijos ya no se sienten huérfanos. Saben que su tía y yo nacimos, crecimos y vivimos en el orfanato de Navarra. Hoy, las lágrimas brotan de la alegría o de la rabia contenida. Nuestro mejor legado es el cariño, el respeto. Nunca el odio.

Que sepas, mi querido Eraúl, que sepan toda tu buena gente que el descanso de mi hermana ha sido profanado y ultrajado por alguien que ahora vive en el pueblo.

Quiero que nos responda ese presunto delincuente: Sí, ¡yo! Hubiera hecho lo mismo con lo suyo y su familia. ¿Qué harías?

Hemos pasado muchos avatares y tratos indignantes por lo que has hecho...

Yo estoy vivo. Ella no. La has profanado, ultrajado.

Mi perdón ya lo tienes pero pídemelo, pídenoslo. Repara lo material de mis hijos. El dolor, tú no lo conoces. Te dejo el número de mi teléfono: 630 482655. Llámame. Que sepas que tenemos la piedra con tus huellas, fotos de todo y las huellas que dejaste en todo lo que machacaste. Ya ves que no quiero odiar pero solo pedimos justicia. Si no, a ella recurriremos.

Yo no sé quién eres. Tú sí...

Nosotros siempre querremos a Eraúl. ¡Siempre!

No vales una lágrima de mis hijos.

Marisol ahora descansa en paz, lejos de gente como tú. Y nosotros seguimos llorándola en paz.

PD: Hoy hasta el cielo llora con nosotros en su memoria.

Ya sé que suena a repetitivo, reiterativo y hasta canso, pero esta vez va de verdad, de la buena. El médico se ha puesto serio y me ha dicho que los bronquios están como están, o sea, nada bien, que yo veré, que al fin y al cabo, son míos, pero que sirven para respirar, para que entre el aire y que, si no, puedo tener un disgusto. En resumen, que me ha recomendado encarecidamente que deje de fumar.

Así que, después de pensarlo detenidamente, he decidido que le voy a hacer caso y me lo he planteado como una estrategia de guerra, de acoso y derribo, de hostigamiento sin cuartel, a mala cara, con todos los recursos que tenga a mano.

Empezaré anotando la hora del último y espaciando el tiempo progresivamente. Después del primer paquete, compraré otro con menos nicotina y, cuando lo termine, otro con menos todavía, o sea, como fumarse una nube. El objetivo es ir disminuyendo la dosis y la adicción.

A lo anterior, añadiré paseos continuados en cuanto me entren ganas, dejaré dinero en el cenicero, autorizaré a mi mujer a que me lo recuerde cuando le venga en gana y, en caso extremo, pediré a los amigos hasta que se cansen y dejen de serlo. También he pensado reconvertirme al cristianismo y encomendarme a Santa Rita y a San Cucufato. No descarto atarme un cordón de liza a la entrepierna para estirar de él en caso de suma aflicción.

Me comprometo a releer el libro de Schopenhauer que hablaba sobre la voluntad en la naturaleza, que siempre viene bien tomarse las cosas con filosofía. Y también algo, no mucho, de Séneca y su estoicismo. Me han recomendado un poco de filosofía oriental y sesión diaria de yoga, que dicen es mano de santo. De mi cuenta añadiré, mejor dicho, suprimiré el café y el alcohol, que llaman mucho, y en su lugar tomaré alguna infusión de estramonio y hierbabuena que, por lo visto, funciona. De los parches de nicotina, unos me han hablado bien y otros los han puesto a parir, así que ya me lo pensaré sobre la marcha.

Sea como sea, algo hay que hacer. Los bronquios están para lo que están. Y la voluntad, también.

Los que me lean me podrán echar en cara, caso de que vuelva al hábito, que lo había prometido en público y contribuirá a que se me caiga, al menos un poco, la cara de vergüenza.

PD: si no lo consigo ahora, lo volveré a intentar en octubre cuando financien los medicamentos que han prometido.

Por éstas.

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