Recuerdos de ikurriñas

Por Pedro Esarte Muniain - Lunes, 10 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El Baztandarren del año 1976, muerto ya el dictador pero en vigencia de sus leyes, me trae recuerdos de lo ocurrido dicho año. Mi labor era simplemente de ayudante de cocina en la preparación de la comida que se preparaba para la celebración de la fiesta, cuando a punto de salir las carrozas, vino un guarda municipal a pedirnos que fuéramos como representantes de la fiesta al ayuntamiento por llamada del alcalde.

Dejando los trabajos que llevaba en manos de mis compañeros de la organización, acudí al ayuntamiento donde me encontré a la corporación y al capitán de la Guardia Civil. Tomó la palabra el alcalde exponiendo que se había colocado una ikurriña de tamaño que cubría todo el kiosco (puesta por EKA), y que como todavía no estaba permitida su uso, la quitáramos para que pudieran salir las autoridades al balcón, a presidir el desfile, sin que hubiera una ilegalidad enfrente, y que a la tarde los asistentes a la fiesta podrían exhibir toda clase de banderas sin inconvenientes.

El concejal Landa (vecino de Arizkun y teniente de alcalde), tomó la palabra para decirme que nos pusiéramos brazaletes dos miembros de la organización y la quitáramos. Yo le ofrecí que podíamos ir él y yo, ante lo que dio un paso atrás. Salí pues dándole vueltas a cómo habría que resolver el tema, cuando ya la plaza se hallaba llena de gente y había que cruzarla para llegar al kiosco.

Así que llegué a la cocina y valorando la oferta municipal con la presencia del capitán, cogí un cuchillo de tamaño importante, crucé la plaza y corté las amarras de la bandera. Sin que nadie reaccionara a pesar de la sorpresa que mostraban y con mi cuchillo en una mano y la bandera debajo del brazo, salí de la plaza y llevé la bandera al bar de la ikastola, y la dejé allí diciéndoles que la dieran a quien la reclamara como suya.

Tras los recientes hechos en que se pasa de la acusación del delito de odio a la de terrorismo, aprecio que ni la legislación de Franco en el año 1976 llegaba a tanto. Aunque la promesa del alcalde, tropezó con su ausencia absoluta por la tarde, mientras hubo palos dados con fuerza y rabia por números del cuerpo, que bien podrían haberse calificado como de odio, si hubiera estado en vigor dicha ley del presente, dados en desarbolar una fiesta permitida expresamente.

El año 1977, fui elegido en Batzarre jurado del lugar de Elizondo y el día de mi nombramiento (6 de enero), me tocó pedir expresamente la libertad de Mirentxu Purroy y adherirme a los alcaldes de Bergara, en la demanda de todos los derechos forales. Ambas propuestas se acordaron por unanimidad con la sala del Batzarre llena de vecinos.

Unos meses más tarde, cerca de 500 firmas recogidas por miembros del Baztandarren pidieron al ayuntamiento la legalización de la ikurriña, lo que se realizó por la corporación en un pleno (corporación todavía del sistema franquista), con un solo voto en contra. La paz social sobre el tema no se interrumpió hasta que el Gobierno de Navarra, en manos de navarreros del régimen post-franquista, optó la decisión de prohibirla el año 2003 (si no recuerdo mal el año).

El tema no es que la ley aplique la democracia como actúan los actuales gobernantes de Madrid, sino que las leyes se hagan en democracia. No tiene cabida pues que se aplique la ley al adversario (como justicia al enemigo), ni que se legisle desde el Estado exclusivamente para naciones de dentro del mismo, cuando la representación del gobierno del Estado en ellas, es minoritario.

Y así en el gobierno del Estado se está haciendo norma legislar sobre encuestas, cuando se prohíben las consultas. Me voy a permitir hacer unas simples conjeturas;en vez de elegir representantes para Madrid, por qué no hacerlo para aceptar o rechazar las leyes hechas para todo el Estado, cuando además afectan a cuestiones de las naciones que lo componen, a las que se obliga a obedecerlas, aún siendo aquellos partidos minoritarios en ellas.

No voy a ir tan lejos en el ejemplo. Me basta decir que los navarros podíamos votar si queríamos usar las banderas de Navarra, de España (monárquica o republicana), o la ikurriña solas y/o acompañadas. Apuesto personalmente porque la de menos votos sería la de la monarquía española sola. Y, sin embargo, es desde esta opción, desde la que se legisla y aplica la jurisdicción territorial total.

Solo son ejemplos simples que muestran la contradicción entre legislar para gobernar sometiendo a la obediencia como fin o hacerlo para administrar ciudadanía con respecto a razones sociales, culturales, políticas y económicas, allí donde las demandas sobre estos temas son diferentes.

A los sometidos a la ley del corrompido imperio post-franquista, que ya es un muerto (o por lo menos así hemos de darlo por tal) para acabar con el mismo. Besarjada bat ta aintzinean.