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Más que tierra mojada

Cándido Martínez trabaja como alfarero en un local en el Casco Viejo de Tudela
La alfarería Chapetán, construida por él mismo, recibió el Premio Mejor Rehabilitación 2017 del Ayuntamiento

Iñaki Parra / Nieves Arigita - Lunes, 10 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El alfarero Cándido Martínez trabaja en su local, que obtuvo el Premio Mejor Rehabilitación 2017 del Ayuntamiento, en la calle Roso de Tudela.

El alfarero Cándido Martínez trabaja en su local, que obtuvo el Premio Mejor Rehabilitación 2017 del Ayuntamiento, en la calle Roso de Tudela.

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  • El alfarero Cándido Martínez trabaja en su local, que obtuvo el Premio Mejor Rehabilitación 2017 del Ayuntamiento, en la calle Roso de Tudela.

“En todos estos años igual he enseñado a 150.000 niños”

tudela- Cándido Martínez Santiago sabe que el barro es algo más que tierra mojada. Con este material se han podido realizar instrumentos realmente útiles a lo largo de la historia e incluso se han contado grandes aventuras con él. Parcialmente escondido en el Casco Viejo de Tudela, Martínez Santiago da vida, con grandes dosis de barro y arcilla, al tradicional oficio de la alfarería. “La historia del barro es como la del fuego. El ser humano primitivo se dio cuenta que podía modelar la arcilla porque era muy dura”, explica el alfarero mientras destacaba la ventaja de que “no se utiliza ningún proceso químico, por lo que nunca se contamina la tierra”.

Cuatro décadas de trabajo continuo fueron reconocidas recientemente con el Premio Mejor Rehabilitación que entrega, desde hace once años, el Consistorio de la capital ribera en las Jornadas de Rehabilitación y que recibió “muy orgulloso ya que es un premio importante que valora el trabajo realizado”, aclaró Cándido. De hecho, el jurado del galardón, compuesto por siete miembros de la comisión de Urbanismo del Ayuntamiento, reconoció que la alfarería Chapetán, construida sobre una idea del arquitecto Alfredo García Murillo, se trataba de “una buena resolución arquitectónica, con recuperación de una bodega medieval, en plena zona monumental e integrada en la idiosincrasia del Casco Antiguo”. El presupuesto protegible de la obra estaba tasado en unos 9.382 euros y finalmente recibió unas humildes ayudas municipales de 957 euros.

Su taller, reformado al completo por él mismo, recoge el trabajo y aprendizaje de un hombre que empezó en la década de los 80 en la escuela de Artes de Corella. “Comencé sin saber muy bien qué era, por hacer algo. Fue después cuando me gustó el oficio... Y hasta hoy”, recuerda Martínez Santiago. Desde entonces, ha compaginado el trabajo de alfarero con la realización de numerosos cursos donde cualquiera puede ir a aprender, especialmente en las ferias de artesanía o medievales que se realizan anualmente por la comarca. “Sobretodo vienen los más pequeños y al final se van todos encantados”, indicó Cándido a la vez que destacaba que “en todos estos años igual he enseñado a 150.000 niños”.

Desde hace dos años, el alfarero trabaja en la calle Roso número 1, en un local que está abierto prácticamente todo el día. Allí combina la realización de obras tradicionales de Navarra con la elaboración de piezas más modernas con un uso decorativo. El proceso, que para Martínez Santiago es “muy relajante, creativo y algo repetitivo”, tiene la característica de que “jamás salen dos iguales, cada pieza es única”. También, indicó que a la hora de ponerse delante de un torno, en ocasiones lo hace mediante un boceto previo, pero otras veces se guía por la intuición. “Una vez que dominas la técnica tienes una gran libertad para hacer lo que quieras”, apuntó.

En cuanto al futuro de la alfarería, Cándido reconoce que “es muy complicado porque el plástico ha sustituido al barro”, pero que “espero jubilarme aquí”. Por ello, anima a todo aquel que quiera a pasarse por el taller y a conocer un oficio que “sale de la tierra”. En Navarra, los focos alfareros más importantes han sido Estella, Lumbier y Marallón y los instrumentos históricos que se han conservado de estos lugares, que Martínez Santiago calca continuamente, hoy están tasados en cientos de euros.

La venta de diversos utensilios como vasijas o tazas, sumado a la actividad divulgativa, es uno de los principales valores de la alfarería Chapetán, un lugar donde cualquiera se puede animar a ver cómo de la tierra se pueden crear auténticas maravillas e incluso puede atreverse a realizarlas por sí mismo en los cursos que ofrece Cándido.

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