Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Una carrera cada vez más internacional

Menos encierro, más ‘running of the bulls’

Una carrera cada vez más internacional, que estos últimos años ha visto descender su número de participantes, reúne cada día entre 1.500 y 2.700 corredores, de los cuales solo el 14% son pamploneses

Un reportaje de Mikel Erbiti - Martes, 11 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

El exfutbolista César Cruchaga, pegado a las astas del toro en el centro de la imagen.

El exfutbolista César Cruchaga, pegado a las astas del toro en el centro de la imagen. (Emilio Zazu)

Galería Noticia

  • El exfutbolista César Cruchaga, pegado a las astas del toro en el centro de la imagen.
  • Jokin Zuasti, habitual corredor, con cinturón negro, junto a dos corredores valencianos.

el encierro sigue siendo el icono de los Sanfermines, el acto que ha hecho de las nuestras unas fiestas conocidas en todo el mundo. La carrera entre los corralillos de Santo Domingo y la plaza de toros reúne cada día entre 1.500 y 2.700 corredores, una cifra que ha ido descendiendo moderadamente en los últimos años. Según los datos facilitados por el Ayuntamiento de Pamplona, solo el 14 por ciento de los participantes son pamploneses, muchos de ellos veteranos que echan de menos el relevo generacional. Rito iniciático para la juventud pamplonesa hasta hace unos años, actualmente no parece que sea una de las mayores aficiones de los jóvenes de nuestra ciudad.

Tito Murillo, conocido corredor que se inició en 1961 y estuvo en activo treinta años, fue testigo de la evolución del encierro, antaño una tradición para los pamploneses, hacia un espectáculo mediático. “Yo me movía en el mundo de la natación y muchos de los nadadores de aquella época empezamos a correr el encierro. Era un rito iniciático, una forma de demostrar que uno era mayor. Aquello a algunos nos enganchó y seguimos muchos años, siendo testigos del cambio que se iba produciendo. Ya a finales de los ochenta fue evidente la influencia de la televisión. El encierro se masificó y los escasos extranjeros que corrían en los años setenta se multiplicaron, ya que se hacía más fácil viajar y la gente de fuera tenía mayores posibilidades de venir. Hoy en día los chavales tienen otras aficiones y aquel rito iniciático ha perdido su sentido. Era otra sociedad, otra forma de vivir la fiesta”.

Eneko Aranguren se inició en el encierro a comienzos de los ochenta, “una época en la que todavía se veían huecos y era posible hacer buenas carreras”. Coincidió con muchos jóvenes de su edad, cuadrillas de chavales que a los 16 o 18 años decidía un día ir a la Estafeta a vivir los tres minutos más emocionantes del año. “Entonces los encierros eran más lentos que ahora por dos motivos: los toros no venían entrenados y, además, muchos se caían en la curva de la Estafeta, donde no se vertía el producto antideslizante. Por tanto, era muy normal que la manada se disgregara y llegara a la Estafeta partida, por lo que las posibilidades de ponerse cerca del toro también eran mayores. Ahora los encierros son más rápidos y casi siempre viene la manada junta, lo que dificulta la carrera y, en cierta manera, le resta emoción”.

Actualmente, el porcentaje de pamploneses que corren el encierro es el más bajo de la historia. Junto a los extranjeros, americanos sobre todo, pelean todos los días por ponerse delante de los toros muchos madrileños y valencianos, con larga experiencia en carreras en sus respectivas comunidades. Especialmente el tramo que va desde la curva de la Estafeta hasta la plaza de toros es un terreno donde los pamploneses son minoría. No obstante, hay algunos jóvenes como Luis Munárriz, de 24 años, que siguen manteniendo la tradición.

“Mi padre corría en esa zona y para mí es especial. Además de ser una zona bonita para correr, es cierto que el resto del recorrido está muy masificado”, comenta el navarro. El joven corredor es consciente de que las nuevas generaciones cada vez cuentan con menos corredores. “En mi grupo de amigos solo somos dos los que venimos. En general, en el círculo donde me muevo, hay muy pocos que tienen costumbre de correr el encierro”, explica Munárriz.

Santo Domingo ha sido tradicionalmente un tramo donde los extranjeros han sido excepción. Una cuesta tradicionalmente elegida por los carniceros del mercado, que apuraban los metros delante de los toros con su mandarra como indumentaria. Aquello pasó a la historia, aunque algunos jóvenes pamploneses se siguen decantando por el tramo más rápido y peligroso.

Iñaki Lafón, de 21 años, corrió su primer encierro con tan solo 15 años. El joven pamplonés se decidió por el tramo de Santo Domingo y Ayuntamiento. “Elegí esta zona porque mi abuela vivía ahí y se asomaba al balcón para ver el encierro. Además, es un tramo que me gusta mucho”, afirma el joven corredor. Aunque de su grupo de amigos él es el único corredor, Lafón explica que conoce a muchos corredores de su edad que viven el encierro en diferentes zonas del recorrido, aunque la cuesta de Santo Domingo “siempre es especial”. “La esencia de este tramo se concreta en el cántico al Santo donde se reúne un gran número de gente de aquí. En un encierro que se ha convertido en internacional, la cuesta mantiene su carácter”, explica el pamplonés.

Según los datos facilitados por el Ayuntamiento, la tan repetida masificación se ha frenado, descendiendo moderadamente el número de quienes mañana tras mañana desafían a morlacos de 600 kilos por las estrechas calles de Pamplona. Sin embargo, no hay duda de que sigue siendo el acto más emblemático de las fiestas, la imagen de estas 204 horas de blanco y rojo. Dos minutos de emoción que siguen enganchando a miles de corredores de todos los lugares del mundo.

Herramientas de Contenido