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[IMÁGENES] Música a la carta

La txalaparta, la música africana, las batucadas y todo tipo de artistas ofrecen su música de forma espontánea y gratuita, creando un gran ambiente festivo por las calles de Pamplona fuera del programa oficial.

Un reportaje de Clara Ayabar Rivas - Fotografía Iñaki Porto - Martes, 11 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Los hermanos Ugarte llevan 22 años deleitando al público en las calles del Casco Antiguo de Pamplona.

Los hermanos Ugarte llevan 22 años deleitando al público en las calles del Casco Antiguo de Pamplona.

Galería Noticia

  • Los hermanos Ugarte llevan 22 años deleitando al público en las calles del Casco Antiguo de Pamplona.
  • Seiki Taguti toca la batería cerca de la Plaza de Toros.
  • Integrantes del grupo de música africana Kawadeni en la Plaza del Castillo.
  • Green Gos, de Valencia, invitan a bailar por las calles de la ciudad.
  • Unión Latina reúne a centenares de personas cada día en Carlos III.
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durante estos nueve días de fiesta, para muchos músicos la calle es su lugar. Sin horario fijo y con entrada libre, de forma espontánea, en cualquier momento cualquier rincón de la ciudad se convierte en escenario improvisado gracias a la interpretación de variados ritmos musicales.

La música es el alma de las fiestas de San Fermín. Las calles de Pamplona se llenan de melodías y canciones. Una gran diversidad de estilos para todos los gustos que encandilan a transeúntes de todas las edades y nacionalidades, teniendo la suerte de juntarse con ellos y disfrutar de su música. Son innumerables las actuaciones musicales que se adueñan de la calle durante las 24 horas del día.

En Carlos III, a la altura del Monumento al Encierro, centenares de personas abarrotan el espacio peatonal formando un bullicio que difícilmente deja oír a lo lejos una guitarra solitaria entonando el Bohemian Rapsodyde Queen, que queda opacada por el sonido repentino de un conjunto de tambores. El grupo de batucada Green Gos, de Valencia, comienza su jornada en la esquina del Teatro Gayarre. Decenas de personas acompañan a los músicos, que viajan a Pamplona desde hace más de cinco años. “Es de los pocos lugares donde podemos tocar todos los días libremente, es mucho más fácil actuar en el norte”, asegura Sergio, uno de los diez jóvenes que buscan “animar Pamplona” todos los días que dura la fiesta. Después de cuatro canciones, el grupo recorre las calles del Casco Antiguo en busca de más público.

La música no para, y ahora por unos altavoces se escucha a todo volumen el tema del verano, tan querido y odiado a partes iguales, Despacito, de Luis Fonsi. Colombia, Venezuela, Argentina, República Dominicana, Ecuador y Perú. Estos nueve jóvenes han viajado por primera vez a San Fermín como el grupo Unión Latina. “Estuvimos en Got Talent el año pasado como Madrid Crew, quizá a algunos les sonamos. Venimos a disfrutar, pero para nosotros esto es un trabajo, un arte”, explica uno de los integrantes del grupo. Más de un centenar de personas bailan y forman un gran círculo que rodea el espectáculo de danza callejera donde los integrantes de Unión Latina realizan saltos, acrobacias y animan al público a que aplauda su intervención.

distintos estilos

Años de experiencia

Lejos de las decenas de charangas que copan las distintas calles del Casco Antiguo durante todo el día, los hermanos txalapartaris Ugarte, de Hernani, hacen las delicias de todos aquellos que pasean por la calle Mercaderes y aprovechan para vender los discos que tienen en el mercado.

Los hermanos Ugarte llevan 22 veranos viajando cada año, desde 1996, a Pamplona con su txalaparta. “Este año hemos venido el 7, 8 y 9, por ahora. Tenemos que mirar qué días podemos venir el resto de semana”, cuenta Felipe, el mayor de ellos, que toca con un amigo con el que actúa cuando su hermano no puede.

Golpe a golpe llaman a los asistentes a las fiestas a descansar de su paseo para disfrutar de ese sonido ancestral que resulta tan familiar para unos, y extraño y llamativo para otros.

“Llevamos mucho tiempo viniendo, estamos agradecidos por el recibimiento que tenemos siempre”, asegura Ugarte, para el que “siempre hay gente nueva, es un público mundial que cambia cada año. Aunque hay gente que ya nos reconoce, muchas veces parece que fuera la primera vez que venimos. El público es muy agradecido, le gusta la txalaparta”.

Un público amable del que también habla Lurgi, del grupo Kawadeni. “El tipo de gente cambia a lo largo de la jornada. Es mucho más agradecida de día, se da un ambiente mucho más familiar;por la noche la gente ha bebido más”, asegura.

Estos senegaleses afincados en Gipuzkoa cautivan a todos aquellos que cruzan delante de uno de los bancos de la Plaza del Castillo en el que hacen sonar sus tambores y timbales africanos. Kawadeni trae a Pamplona una parte de la cultura del noroeste de África, la música de la etnia malinke, una mezcla de sonidos de Guinea y Senegal.

Como muchos de los músicos que actúan en las calles de la ciudad, ellos pasan el sombrero para ganar algunas monedas, “aunque se gana, no es como antes, hace años juntabas mucho más dinero”, cuenta Lurgi, que asegura que lo ven como una forma de encontrarse con las personas, de informar la cultura africana y acercarla a la gente, además de promocionarse como grupo de música. “Es como un escaparate para darnos a conocer”, asegura.

sin horario fijo

Buscando al público

La música en la calle no tiene hora ni lugar exactos, aunque es común que entre ellos se respeten los espacios día a día para que la gente sepa dónde encontrarlos, o que comiencen a tocar a la misma hora aproximadamente. La libertad de que ningún programa les imponga horarios es una de las mayores ventajas de estos músicos.

El grupo Green Gos empieza pronto por la mañana, igual que Kawadeni, que a las 11.00 horas se deja ver en la Plaza del Castillo.

Una opción de horarios que no comparte Seiki Taguti, un percusionista brasileño residente en Pamplona, que prefiere cambiar de lugar cada día que sale a tocar en busca del público. “No tengo sitio fijo, busco siempre un lugar donde haya ambiente. Hoy, por ejemplo, he visto que muchas personas salían de la Plaza de Toros y me he puesto aquí. Mañana a lo mejor estoy en otro lugar, no lo sé ni yo”, asegura.

Seiki lleva dos Sanfermines tocando por toda la ciudad, sin un horario fijo. “Normalmente suelo estar dos horas a la mañana y otras dos a la tarde. Depende de cómo esté de energía, salgo o no”, cuenta el brasileño, que explica que entre el público pamplonés “hay de todo, depende de las personas que me encuentre ese día. Me han aplaudido o incluso me han tirado agua de un balcón para que pare de tocar”, cuenta entre risas.

La música en la calle anima, alegra a todos aquellos que disfrutan de la fiesta, incluso también puede molestar a otros en algún momento, pero lo que está claro es que estos artistas espontáneos son parte esencial de la fiesta sanferminera.

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