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¿El baño, por favor?

Una actitud incívica o la imposibilidad de utilizar el baño de un bar convierten muchas calles y zonas de contenedores en lugares donde aliviar la vejiga

Un reportaje de A. Arteta/I. García. Fotografía Javier Bergasa - Miércoles, 12 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Un muchacho orina en un portal. Debajo, urinarios en la Plaza del Castillo.

Un muchacho orina en un portal. Debajo, urinarios en la Plaza del Castillo. (Javier Bergasa)

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  • Un muchacho orina en un portal. Debajo, urinarios en la Plaza del Castillo.

La imagen de hombres y mujeres orinando en la calle, unas veces de forma discreta pero las más sin ningún tipo de recato, no solo multiplica el problema de la suciedad que sufre en estas jornadas festivas Pamplona sino que expone también la necesidad de incrementar los servicios públicos. Las multas disuaden, pero cuando alguien sufre un apretón y no puede utilizar los servicios de un bar, busca la solución más a mano.

El abanico de opciones a la hora de “evacuar” está en los baños de los bares -en todos los abarrotados locales siempre está ‘al fondo...’-, o en los baños públicos -no están presentes en todas partes, ni son demasiado higiénicos e incluso aparecen con el cartel de “averiado”- y por último, la opción de hacerlo en plena calle. A determinadas horas, en determinados lugares, no hace falta decir que la opción más fácil es también la menos cívica y la que más riesgos conlleva.

Esto es algo que preocupa en Pamplona. El Ayuntamiento no sólo dota las calles del Casco Viejo de baños públicos portátiles -hasta 38, entre baños conectados a la red de saneamiento y químicos-, sino que el año pasado también se aplicó en las fachadas de varios edificios un producto que repele la orina, provocando en quienes llevan a cabo ese incívico acto la mancha de la vergüenza en pantalones y calzado. No sólo eso, si la vergüenza no es suficiente, el orinar en la calle puede conllevar una multa de hasta 300 euros -150 si se paga de manera adelantada-.

Sin embargo, esto no hizo que el año pasado se dejara de orinar en la calle, ni tiene ninguna pinta de que vaya a cambiar estos Sanfermines. El Casco viejo de Pamplona sigue oliendo a orina, los contenedores tienen más compañía de lo normal, los coches siguen siendo el escondite perfecto para evacuar, las colas de los baños siguen siendo eternas y es difícil ver una calle en la que no haya orinando más de una persona, generalmente hombres porque, aunque las mujeres también tienen los mismos problemas a la hora de encontrar un sitio para hacer sus necesidades, lo tienen más complicado y generalmente se buscan más la vida para no hacerlo en plena calle, aunque de todo hay.

Los jóvenes consultados coinciden en la mayoría de los casos en que es más cómodo hacerlo en la calle que entrar en un bar que está hasta arriba de gente para ir al baño después de esperar largo tiempo en la cola. “Sólo hay que estar un poco atento”, asegura uno de ellos, “porque la multa de 300 euros no es ninguna tontería y no es una buena época para que te caiga una multa”. Aún así, también hay personas que prefieren esperar colas un buen rato que arriesgarse a una multa. “Prefiero ir a un baño antes que hacerlo en plena calle, no me gusta que me vean y hay que buscar un sitio adecuado, en cambio, en un baño, entras, esperas y ya está”, declara una joven. Pese a ello, orinar en los baños de un bar tampoco puede resultar un camino de rosas. “Fui a un baño de la Plaza del Castillo, había muchísima cola, pero había dos baños por lo menos. De repente, uno se atascó y sólo quedó uno, así que hice mis necesidades en la calle”, cuenta un joven.

Por muchas medidas disuasorias que se pongan, hay veces que no queda otro remedio y mucha gente opta por la opción fácil, ante las colas que se forman en los bares. Sólo queda preguntar, ¿qué se puede hacer para evitar todo esto? ¿Más baños portátiles? ¿Mayores multas? ¿Regularlo de alguna manera?

Esperemos que no haya que llegar al extremo de tomar ejemplo de la ciudad peruana de Cuzco, que puso vigilantes en varias de sus calles, vestidos con trajes típicos de la zona y equipados con látigos, que se ocupaban de evitar que la gente hiciera sus necesidades en la calle. Eso sí, la escena sería, cuando menos, curiosa.

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