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Un gallico con mucho arte

El escultor navarro Carlos Ciriza recibe la distinción de Napardi en una ceremonia en la que se homenajeó también a Embutidos Goikoa y a las Bodegas Inurrieta y Ochoa

Un reportaje de Amaia Marcos. Fotografía Iban Aguinaga - Miércoles, 12 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

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Dicen que el Gallico de Oro de Napardi es el Oscar navarro, y ayer quedó claro el cariño que se le tiene a este premio en Pamplona. Carlos Ciriza, escultor navarro, es el galardonado este año y comenzó celebrando su día con el encierro, rodeado de su familia. Tras la carrera, pasó por la churrería La Mañueta para disfrutar de los churros del desayuno. “Es un día intenso, emocionante”, afirmó Ciriza.

El escultor es el 32º premiado de la Sociedad Napardi con el Gallico de Oro pero el homenaje de ayer no fue solo suyo. Miguel Redín, presidente de Napardi, al empezar el acto y tras la actuación del coro con Agur Jaunak, mencionó que “algunos años aprovechando el evento, la sociedad homenajea a personas o empresas que colaboran con Napardi en diferentes galas”. Este año quisieron honrar a Embutidos Goikoa -que no llegaron a tiempo al acto-, Bodegas Inurrieta y a Javier Ochoa, de las bodegas con su mismo nombre, que llegó hacia el final del acto.

Tras la concesión del plato conmemorativo, el protagonismo pasó de nuevo a Ciriza. Redín leyó el pergamino en el que la junta directiva de Napardi afirma que el premio se otorga al escultor. Antonio Aramendia, miembro de la sociedad, le entregó a Ciriza la mandarra de Napardi, el símbolo de la sociedad, en la cual estaban bordados el nombre del escultor, el escudo de Napardi y la palabra Gallico. A continuación, se le entregó el premio al escultor. “Este pequeño gallico representa el cariño que todos te tenemos”, afirmó Redín al entregarle la figura.

Uxue Barkos, presidente del Gobierno de Navarra, declaró que la obra de Ciriza tiene mucho valor para “un pueblo necesitado de arte”. Afirmó también que el premio a Ciriza fue “una satisfacción para todos los que estamos aquí”.

Joseba Asiron, alcalde de Pamplona, estaba contento por estar en Napardi, en la entrega del Gallico de Oro, por tercer año. Se alegró también porque este año el premio se ha acercado a “su ámbito, al mundo del arte”. Habló de la obra de Ciriza, que denota “la nostalgia por el mundo rural” del que el escultor procede y de su “amor por la madera y el hierro”. Asiron concluyó declarando que “es un placer que Carlos lleve el nombre de Navarra por todo el mundo”, refiriéndose a los proyectos que este tiene en Estados Unidos, México o Alemania a partir de octubre de este año.

Tras la intervención del alcalde, Redín pidió disculpas a Carlos por robarle el protagonismo de nuevo, ya que Javier Ochoa acababa de llegar. Después de entregarle el plato conmemorativo, Ochoa afirmó que hace muchos años que colabora con Napardi y que ha seguido porque “hay buenos amigos, buen ambiente y buen vino”.

Cuando se apagaron las risas, tocó que Ciriza diera las gracias por el Gallico de Oro. “Es un premio muy especial, muy querido en Pamplona y en Navarra en general. Este premio trasciende a la ciudad, la gente lo vive”.

El coro de Napardi volvió a entonar una canción -el himno de la sociedad-, esta vez en castellano, y consiguiendo la participación de los asistentes con las palmadas durante el estribillo. El verso final resonó en los oídos de los presentes, dejando claro que lo que busca Napardi es “vivir felices y vivir mejor”.