la carta del día

¿El norte, por favor?

Por Mila Zelaia Etxeberria - Miércoles, 12 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

están circulando recientemente en los medios numerosos comentarios sobre la donación a Sanidad de sofisticados equipos para investigar el cáncer por parte de Amancio Ortega. En estos casos nunca me posiciono, pues mi opinión no tiene ningún efecto sobre el donador ni sobre el que recibe el regalo. Lo que me empieza a inquietar es detectar una incomprensible creciente hostilidad en casi todos los comentarios que me llegan:

-Que si los 320 millones de euros a que asciende el valor de la donación se han utilizado para comprar equipos innecesarios por haber exceso de los mismos en los hospitales.

-Que los derechos de los ciudadanos no pueden estar a expensas del estado de humor de una de las mayores fortunas del mundo. Totalmente de acuerdo.

-Que podría ser que estas donaciones quieran ocultar un origen dudoso de los bienes.

-Que, “si el sistema fiscal es justo y todo el mundo paga los impuestos correctamente, no será necesario esperar la hipotética generosidad de los ricos que imponen el agradecimiento servir de políticos que confunden intencionadamente la justicia con la limosna o la caridad”.

Totalmente de acuerdo. A mí me parece que estas donaciones, al igual de la tan discutida a Caritas del año pasado, que también hubo que oír de todo, le procuran a este señor una desgravación fiscal en los impuestos.

Esto lo veo del todo legítimo pues sin querer comparar mis humildes finanzas con las del señor Ortega, yo, al declarar el IRPF busco también la fórmula que, dentro de la legalidad, me permita pagar un poco menos como puede ser desgravar las aportaciones que hago a ONGs o declarar separadamente de mi marido si esto me sirve para pagar algo menos. ¿Habría sido más efectivo donar el dinero en efectivo tras consultar con los responsables del organismo? Seguramente sí. O tal vez, viendo la disminución de recursos de la Sanidad pública por parte del Estado y como desaparecen fondos millonarios de las instituciones públicas, quizá se juzgó más conveniente actuar de esa manera. No lo sabemos. Lo cierto es que este señor se ha desprendido este año de 320 millones de euros en favor de la Sanidad pública y a mí no me parece una limosna humillante. A este respecto, bien poco dice en favor de los gestores de la Sanidad pública si no van a saber dar utilidad a estos equipos tan caros. Se me ocurre que en lugar de patalear y vocear arguyendo que el señor Ortega se ha inmiscuido en espacios que le son ajenos entregando equipos específicos en lugar de dinero, si no necesitan los equipos, podrían revenderlos a sus fábricas constructoras y recuperar, aunque sea parte del importe y utilizarlo para contratar personal, ambulancias, laboratorios o lo que sea que se necesite y no solamente destruir.

Por otra parte, me parece muy grave la insinuación de que estas donaciones podrían intentar ocultar un origen dudoso de los bienes. No tengo por qué defender al señor Ortega, pues aparte de que me encanta comprar en Zara, él ni me va ni me viene. Este señor ha montado un negocio que está dirigido por gente muy competente y que le produce enormes beneficios. No tenemos por qué creer que no paga sus impuestos. No me parece ese tipo de empresa, pero suponemos que Hacienda tendrá sus medios de controlar. A nosotros no nos corresponde hacerlo. En los papeles de Panamá no parece que se le mencionara. También se oye que explota mano de obra barata en el Tercer Mundo. He trabajado 43 años en una empresa y últimamente han cerrado todas las plantas en Europa con el aumento de paro que eso supone, porque todo el producto que vende lo importa de sus fábricas de extremo Oriente. China, Tailandia, India. A nadie le he visto pestañerar por la suposición de que, si el producto importado es más barato, los sueldos que se pagan en esos países desde luego no serán altos.

Para terminar, me gustaría saber si alguna de las otras grandes fortunas ha dado algo alguna vez. Ya sé, ya sé que Messi (que se librará de la cárcel por evasión de impuestos tras pagar 252.000 €) y su ahora mujer, han donado los sobrantes de la celebración de su reciente boda al Banco de Alimentos de Rosario. Esto, evidentemente, es una gran ayuda social y de ningún modo es limosna humillante.