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Feria del Toro | Apunte crítico

Los de Guadalix, de más a poco

Jueves, 13 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Ginés Marín celebra la caída de ‘Gaditano’, segundo de su lote y que cerraba plaza. Las dos orejas de su enemigo se las llevó para Olivenza.

Ginés Marín celebra la caída de ‘Gaditano’, segundo de su lote y que cerraba plaza. Las dos orejas de su enemigo se las llevó para Olivenza. (Foto: Iñaki Porto)

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Ginés Marín celebra la caída de ‘Gaditano’, segundo de su lote y que cerraba plaza. Las dos orejas de su enemigo se las llevó para Olivenza.

M e decía el ganadero, Victoriano, a mediodía que como siempre la suerte está echada y que su apuesta de aquel invierno del 2009, de venir para quedarse llevaba su camino. Poco antes, su hijo menor, Pablo, había deleitado a todos los asistentes que se acercaron a verle recoger el premio de esta casa al triunfador del pasado ciclo. Una única pregunta de las muchas, le hizo nuestro director adjunto. Qué le parece la crítica local. Se estiraba el letrado ganadero reconociendo que duelen las malas, pero que un menda y el de la página anterior le habíamos abierto los ojos cuando no iban del todo bien las cosas porque sabía de nuestra honrada humildad. Vamos, ha tocado en vena. Y es cierto. A veces las cosas van de dulce. Y otros años hay de todo, como en botica. Este es de los segundos. Claro está que apostar por cinqueños para una feria como la grande, la de final de Champions, como la que se supone que es la del Toro pamplonesa da garantías y seguridad. Al menos va a haber fuerza en algunos de los toros. Pero el toro tiene que tener algo más para la estúpida Tauromaquia 2.0 que plantean tarde sí, y tarde también esa gran generación de toreros postmodernos que torean como jamás en la historia humano alguno pudo hacer. El toro de hoy en día, con una impecable crianza y alimentación, con el mayor control sanitario normativo venido desde Bruselas es una atleta en toda regla. Y si no miren los cronómetros de la mañana, más atentos a la velocidad de la manada que al encuentro de los mozos entre las astas. “¡A ver si batimos el record!” es la frase de cada día. Los de hoy, ya venían con el record del tauródromo de la casa madrileña, que corre todos los toros para todas las plazas desde hace años. Y para qué. Para qué tanto aguante. Para dar mil aburridos y deslabazados muletazos, sin pasar de verdad por el caballo no merece la pena tanta dedicación y esfuerzo.

Cabrea al más pintado aficionado al toro, que no a los verdaderos sabedores de tener la franela en la mano, ver como hermosos y apuestos animales, toros de raza de lidia, descendientes de aquel primitivo animal conocido como uro, son denostados en baratas y burdas series que aburren a las vacas. No obstante, entre tanto desierto de arena siempre hay un oasis. Y casi siempre, en la feria del Toro viene dado por el nuevo. El que más hambre tiene. Fuera de la locura aberrante de las orejas de un público tan entendido, que flamea pañuelos si se mueve un balón o una oveja, el chico criado en Olivenza y apellidado Marín ha dado lo mejor de la tarde, muy por encima de su lote, que no ha sido el más propicio para ser de triunfo. A pesar de la puerta, que se abre demasiadas veces, mañana y tarde sin parar en estas fiestas. Y familia ganadera, centenarios en pasión y crianza, hoy bastante poco, así que a mejorar el año que viene.

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