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Los Munárriz La tradición del encierro sigue pasando de padres a hijos

Jueves, 13 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Juanjo Munárriz y su hijo Luis posan en la entrada al callejón simulando que el padre cede el testigo al hijo.

Juanjo Munárriz y su hijo Luis posan en la entrada al callejón simulando que el padre cede el testigo al hijo.

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Juanjo Munárriz y su hijo Luis posan en la entrada al callejón simulando que el padre cede el testigo al hijo.

Uno puede heredar la casa de sus padres, la ropa del hermano mayor o el viejo coche del abuelo. También se pueden heredar aficiones y, en ocasiones, la pasión que se tiene por ellas.

Es el caso de Luis Munárriz, que corre en los encierros de Pamplona cada año en las fiestas de San Fermín. Pero no es de extrañar que esto sea así dado que su padre, Juan José Munárriz, sintió muy pronto el gusanillo de ponerse delante de los toros. De hecho, con solo 14 años ya estaba en la calle Estafeta a las ocho de la mañana, aunque la normativa prohibiera correr a tan temprana edad.

“Yo empecé a correr en 1977. Recuerdo que me puse en la zona del callejón y, precisamente, aquel día hubo un montón en el que por desgracia murió José Javier Esparza. Tuve la suerte de no quedar atrapado entre toda esa gente y salir ileso”, comenta Juanjo Munárriz, pamplonés de 54 años.

Pero aquella impactante imagen no impidió que el joven Juan José continuara corriendo cada año. “Corría todos los años hasta el año 82 por la zona del final de la calle Estafeta y entrada al callejón. Pero a partir de aquel año se empezó a notar que cada vez había más gente, con todo lo que eso conlleva: codazos, caídas... No era como hoy en día pero ya empezaba a ser difícil correr bien. Por eso, junto a mi grupo de amigos, decidimos pasar a correr en la zona de Mercaderes”, explicaba el ex corredor.

Precisamente fue en la curva de Mercaderes con Estafeta donde el 12 de julio de 1982 un toro aplastó la cabeza de Juanjo con su pezuña, dejándolo inconsciente. “Había llovido el día anterior. La noche anterior había estado en casa, tranquilo. Una vez en el recorrido, cuando venían los toros, calculé mal el paso del manso, por lo que tropecé con él. El toro cayó también y, al levantarse, me dio con la pezuña en la cabeza dejándome en coma”, relataba Munárriz.

El choque contra el toro hizo que el corredor perdiera el conocimiento y pasara el resto de las fiestas ingresado en la UCI. Casualmente, 1982 fue el primer año en el que Televisión Española retransmitió en directo los encierros de Pamplona. Quienes vieron aquel encierro recuerdan todavía la impactante imagen del joven tendido en el suelo en la curva de la Estafeta mientras el toro le pisa en la cabeza.

Diez años después de que su padre se jugase la vida en aquel encierro nació Luis. Su primer recuerdo de los encierros de Pamplona es verlos en la televisión. La familia solía veranear fuera de Navarra pero cada año se levantaba para verlo. Sin embargo, en 2012 decidió saltar el vallado para recoger el testigo de su padre y comenzar a correr los encierros. “Recuerdo que entré al recorrido con otros dos amigos. Tuvimos mucha suerte ya que un primer toro arrastró a la mayoría de corredores y se quedaron espacios libres para correr delante de la manada. Llegamos a correr quince o veinte metros delante de los toros hasta apartarnos”, explica Luis, cuyo recorrido del encierro es el mismo de los últimos años de su padre como corredor en activo: los últimos metros de Mercaderes y el inicio de Estafeta.

Padre e hijo coinciden en que quienes realmente sufren en el encierro son los familiares de corredores que lo ven desde un balcón o por televisión. Juanjo reconoce que cuando él comenzó a correr las costumbres eran muy diferentes. “Con doce años yo iba a la plaza a ver las corridas en sol. Con catorce ya corría el encierro. Ahora todo se ha retrasado un poco. En el caso de Luis, creo que hace las cosas como deben hacerse. Físicamente está bien, va a los encierros habiendo descansado... su madre es quien lo sufre más”, indica.

Luis lo tuvo claro y le comentó a su padre que iba a correr. “A mi padre le pareció bien. En cambio, mi madre lo pasa peor. Muchas veces no se entera de que he corrido hasta después del encierro. Prefiero que lo sepa cuando ya no hay peligro”, explica el joven pamplonés.

Cada vez menos navarros

Las estadísticas son claras. Cada año hay menos corredores navarros en los encierros de San Fermín. Sin duda, atrás quedaron aquellos años en los que las calles de Pamplona se llenaban casi exclusivamente de corredores de Pamplona y otras localidades navarras. Los mozos, vestidos de blanco impoluto, ofrecían bonitas carreras delante de los toros y disponían de espacio suficiente para lucirse.

Poco queda ya de aquellos encierros poblados de cuadrillas enteras de chavales casi adolescentes. Aquel rito iniciático para la juventud de esta ciudad ha perdido fuerza ante el empuje de otras aficiones. “En mi grupo de amigos y, en general, en el círculo en el que yo me muevo, somos pocos los que corremos”, explica Luis Munárriz.

La indumentaria de los corredores es otro de los puntos que más ha variado. Cada vez son más comunes los corredores con camisetas llamativas que intentan resaltar sobre el resto. “Me parece que lo lógico sería que los corredores tuvieran que vestirse de blanco. Ahora cada uno lleva la de un equipo de fútbol otro la de su comunidad...”, señala Juanjo.

Juanjo Munárriz seguirá este año los encierros por televisión. Recordando aquellos encierros en blanco y negro de finales de los años setenta, cuando su publicidad se realizaba únicamente a través de las fotografías de los diarios o las imágenes que exponían en sus escaparates Zubieta y Retegui, Mena o Prince. Y lo hará, por supuesto, especialmente atento a los movimientos de su hijo Luis, un joven pamplonés que decidió coger el relevo de su padre en el acto más famoso de nuestros sanfermines.

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